{"id":11751,"date":"2019-09-27T09:48:21","date_gmt":"2019-09-27T07:48:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.galde.eu\/?p=11751"},"modified":"2019-09-30T19:56:16","modified_gmt":"2019-09-30T17:56:16","slug":"una-quimera-autoctona-el-fascismo-en-euskadi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/una-quimera-autoctona-el-fascismo-en-euskadi\/","title":{"rendered":"Una quimera auto\u0301ctona: el fascismo en Euskadi"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 16\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p><a href=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/FascismoActoFalange.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-11755 aligncenter colorbox-11751\" src=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/FascismoActoFalange.jpg\" alt=\"\" width=\"580\" height=\"382\" data-id=\"11755\" srcset=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/FascismoActoFalange.jpg 580w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/FascismoActoFalange-300x198.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px\" \/><\/a><\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 16\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>Galde 26. 2019\/oto\u00f1o. I\u00f1aki Fern\u00e1ndez Redondo.-<\/p>\n<p>No me arriesgo mucho se\u00f1alando que la inclusi\u00f3n de los pasados fascistas ha sido uno de los elementos de m\u00e1s dif\u00edcil encaje en la articulaci\u00f3n de las narrativas p\u00fablicas nacionales. Podr\u00eda arg\u00fcir ejemplos, algunos incluso con nombre propio, como la <em>Historikerstreit<\/em> o el s\u00edndrome de Vichy<sup><a id=\"post-11751-endnote-ref-2\" href=\"#post-11751-endnote-2\">[1]<\/a><\/sup>, pero la actualidad del asunto en la agenda p\u00fablica espa\u00f1ola, con pol\u00e9micas recientes en torno a cuestiones como la definici\u00f3n del franquismo, los hacen innecesarios. El del Pa\u00eds Vasco tampoco es un caso excepcional. Si nos atenemos a las representaciones socialmente predominantes sobre la Guerra Civil y el r\u00e9gimen franquista el fascismo vasco se ve reducido a la categor\u00eda de criatura mitol\u00f3gica en cuanto que nunca existi\u00f3. Sin embargo, la disciplina hist\u00f3rica nos dice otra cosa: el fascismo en el Pa\u00eds Vasco no solo existi\u00f3 sino que se constituy\u00f3 en una pieza fundamental del desarrollo del conjunto del fascismo espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>Al calor de las hondas transformaciones sociales que se estaban experimentando desde finales del siglo XIX se produjo en Europa una actualizaci\u00f3n progresiva de los principios ideol\u00f3gicos de la derecha que algunos autores han bautizado como la revoluci\u00f3n conservadora. Siguiendo esta corriente renovadora determinados c\u00edrculos intelectuales y art\u00edsticos bilba\u00ednos fueron abrazando nuevos principios, como el vitalismo, la irracionalidad o el organicismo de la naci\u00f3n que, ya a partir de la d\u00e9cada de 1920, posibilitaron su tr\u00e1nsito al fascismo. Eran escritores y periodistas como Ram\u00f3n de Basterra, Rafael S\u00e1nchez Mazas o Pedro Mourlane Michelena, que agrupados en torno a la tertulia del caf\u00e9 Lyon d\u2019Or y a la difusa Escuela Romana del Pirineo, configuraron un estilo y unos preceptos que acabar\u00edan formando parte imprescindible del n\u00facleo articulador de la ideolog\u00eda y el estilo de Falange Espa\u00f1ola, que si bien no fue la primera s\u00ed que fue la m\u00e1s exitosa manifestaci\u00f3n org\u00e1nica del fascismo espa\u00f1ol. Es dif\u00edcil sobreestimar sus contribuciones. Su influencia se puede rastrear tanto en el <em>corpus<\/em> doctrinal de Falange como en sus s\u00edmbolos y su ret\u00f3rica, tan caros a los movimientos fascistas, grandes cultivadores de la <em>estetizaci\u00f3n<\/em> de la pol\u00edtica (composici\u00f3n del <em>Cara al sol<\/em>, con m\u00fasica del guipuzcoano Juan Teller\u00eda; el canon de la ret\u00f3rica arcaizante y clasicista de las publicaciones falangistas se deb\u00eda en buena medida a S\u00e1nchez Mazas; se pueden rastrear los ecos de Basterra en la f\u00f3rmula nacionalista del <em>destino com\u00fan en lo universal<\/em>).<\/p>\n<p>Pero la relaci\u00f3n del fascismo con el Pa\u00eds Vasco no se agot\u00f3 con estos c\u00edrculos intelectuales. Diferentes organizaciones fascistas y fascistizadas se implantaron en el solar vasco. Entre las \u00faltimas destac\u00f3 el caso del Partido Nacionalista Espa\u00f1ol de Jos\u00e9 Mar\u00eda Albi\u00f1ana, verdadero vivero de los fascistas vitorianos hasta que dieron el salto a Falange. Entre las opciones netamente fascistas el primer ejemplo que encontramos es el de las JONS, cuya rama local se fund\u00f3 en Bilbao en octubre de 1933. Falange Espa\u00f1ola, por su parte, fue el \u00fanico partido fascista que consigui\u00f3 asentarse en las tres provincias vascas a partir de 1934. A pesar de ello, su implantaci\u00f3n y desarrollo fue desigual entre los territorios, con dos modelos bien diferenciados: el de las provincias costeras, con un n\u00famero de afiliados muy superior (150-200), despliegue de ramas sectoriales (Sindicato Espa\u00f1ol Universitario, Secci\u00f3n Femenina\u2026) y asentamientos en localidades m\u00e1s all\u00e1 de las capitales (Baracaldo, Portugalete, Guecho, Ir\u00fan, Eibar, Tolosa\u2026); y el \u00c1lava, con una militancia mucho m\u00e1s limitada (40) y circunscrita casi en exclusiva a la ciudad de Vitoria.<\/p>\n<p>El peso relativo del fascismo vasco queda de manifiesto al comparar las cifras de afiliados con otras provincias espa\u00f1olas. Es cierto que la comparaci\u00f3n con aquellas provincias que alcanzaron mayor n\u00famero de falangistas como Santander, Sevilla o Valladolid, que superaron el millar de afiliados, no es muy favorable. Pero no es menos cierto que estos ejemplos fueron las excepciones y que no fueron pocas las provincias donde Falange ni siquiera lleg\u00f3 a fundarse o llev\u00f3 una vida extremadamente precaria con un pu\u00f1ado de militantes, como Ciudad Real o C\u00f3rdoba. En este sentido, los niveles de afiliaci\u00f3n de las provincias costeras vascas se encontraban en \u201cla zona media de la tabla\u201d a la altura de Asturias, las provincias gallegas o las catalanas. A este respecto hay que tener en cuenta un \u00faltimo factor que guard\u00f3 una estrecha relaci\u00f3n con la capacidad de expansi\u00f3n del fascismo en el Pa\u00eds Vasco, la existencia de otro movimiento antisistema derechista s\u00f3lidamente arraigado en el territorio vasco y profundamente imbricado en las representaciones locales: el tradicionalismo. La presencia tradicionalista y su impugnaci\u00f3n de los valores liberales actu\u00f3 como un cortafuegos cerrando el paso a los espacios que pudiese ocupar el fascismo en tanto que expresi\u00f3n de la insatisfacci\u00f3n con el <em>status quo<\/em> republicano. Esto lo podemos rastrear en diferentes aspectos. El fascismo en el Pa\u00eds Vasco encontr\u00f3 asiento en las \u00e1reas urbanas y apenas fue capaz de penetrar en el mundo rural donde el tradicionalismo era hegem\u00f3nico entre la derecha espa\u00f1olista. De hecho, entre las tres provincias vascas se produjo una gradaci\u00f3n de la militancia fascista inversamente proporcional al peso e influencia que ten\u00eda el tradicionalismo en cada una de ellas: as\u00ed, \u00c1lava era el territorio con menor presencia de falangistas y Vizcaya el de mayor n\u00famero de afiliados. Por otra parte, tambi\u00e9n sabemos que aquellos individuos que se integraron en el fascismo proven\u00edan en su inmensa mayor\u00eda de una tradici\u00f3n pol\u00edtica liberal, siendo los procedentes del tradicionalismo una excepci\u00f3n casi anecd\u00f3tica.<\/p>\n<p>En base a todo ello restar\u00eda plantearse un interrogante: por qu\u00e9 ha desaparecido de la memoria y representaciones colectivas del Pa\u00eds Vasco la experiencia fascista si fue una de las cualitativamente m\u00e1s destacadas de toda Espa\u00f1a. Dejando a un lado las cuestiones compartidas con otros casos europeos, como la incomodidad ante un pasado que por s\u00ed solo pone en entredicho las reconfortantes narrativas que establecen una evoluci\u00f3n lineal hacia la culminaci\u00f3n de los principios de la tradici\u00f3n intelectual occidental, vamos a centrarnos en lo que hay de espec\u00edfico en el caso vasco. El escaso n\u00famero de los falangistas y la apropiaci\u00f3n por el franquismo del aparato simb\u00f3lico y doctrinal de Falange contribuy\u00f3 a que se confundiesen ambos actores, diluyendo la personalidad propia de los primeros en el segundo. No se olvide que en 1937 Franco unific\u00f3 a Falange y al tradicionalismo en Falange Espa\u00f1ola Tradicionalista y de las JONS. La adhesi\u00f3n mayoritaria del falangismo junto con la larga duraci\u00f3n de la dictadura provoc\u00f3 que al final de la misma esta percepci\u00f3n estuviese firmemente arraigada. En estos a\u00f1os finales el avance de la oposici\u00f3n fue extendiendo progresivamente un manto de desprestigio sobre las orientaciones franquistas. Adem\u00e1s, el R\u00e9gimen contest\u00f3 con medidas represivas indiscriminadas a la actividad de ETA cayendo en la estrategia etarra de acci\u00f3n-represi\u00f3n-acci\u00f3n, contribuyendo a la extensi\u00f3n del desprestigio y haciendo adem\u00e1s veros\u00edmil a ojos de buena parte de la poblaci\u00f3n el relato nacionalista que consideraba la dictadura como el resultado de una guerra de ocupaci\u00f3n espa\u00f1ola. De esta manera se cerraba el c\u00edrculo y, ya fuese porque quedaban asimilados a franquistas a secas o porque se transmutaban en invasores for\u00e1neos, los falangistas vascos desaparecieron de los relatos de la oposici\u00f3n. Por otra parte, tampoco la memoria de los sectores m\u00e1s o menos vinculados al R\u00e9gimen garantiz\u00f3 la supervivencia de la de los falangistas vascos. La r\u00e1pida descomposici\u00f3n franquista y la implantaci\u00f3n de un r\u00e9gimen democr\u00e1tico con su propia agenda memorial\u00edstica limitaron su espacio de reproducci\u00f3n a \u00e1mbitos sociales muy concretos. Estos \u00e1mbitos ir\u00edan desapareciendo progresivamente ante el propio avanzar del tiempo, el aislamiento fruto del desprestigio del Franquismo y las campa\u00f1as que ETA llev\u00f3 a cabo contra cargos franquistas en los \u00faltimos a\u00f1os de la dictadura y contra la derecha vasca en los primeros a\u00f1os de Democracia. De esta manera, con la conjunci\u00f3n de m\u00faltiples factores desaparecieron los marcos sociales de la memoria de los falangistas vascos y se quebraron sus canales de transmisi\u00f3n posibilitando su virtual desaparici\u00f3n de las representaciones sobre la Guerra Civil y el franquismo.<\/p>\n<p>&#8212;<\/p>\n<p>Notas:<\/p>\n<ol>\n<li id=\"post-11751-endnote-2\"><em>Historikerstreit<\/em> o \u201ccontroversia de los historiadores\u201d hace referencia al debate mantenido por la historiograf\u00eda alemana en la segunda mitad de la d\u00e9cada de los 80 sobre el lugar que hab\u00eda de ocupar el nazismo en la historia alemana. El origen de la pol\u00e9mica se situ\u00f3 en las interpretaciones de algunos historiadores conservadores que entend\u00edan que el nacionalsocialismo no se encontraba entroncado en la tradici\u00f3n intelectual alemana sino que constitu\u00eda un fen\u00f3meno extra\u00f1o, de naturaleza reactiva ante lo que estaba ocurriendo en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. De esta manera se negaba la originalidad de los cr\u00edmenes del nazismo y se manifestaba que Alemania no hab\u00eda de purgar una culpa especial. Con \u201cs\u00edndrome de Vichy\u201d, t\u00edtulo de una obra del historiador Henry Rousso, se alude a las narrativas p\u00fablicas que hac\u00edan hincapi\u00e9 en el fen\u00f3meno de la resistencia al nazismo en Francia, construyendo una \u00e9pica nacional que invisibilizaba el colaboracionismo. <a href=\"#post-11751-endnote-ref-2\">\u2191<\/a><\/li>\n<\/ol>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Galde 26. 2019\/oto\u00f1o.- El fascismo vasco no es una criatura mitol\u00f3gica. 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