{"id":10790,"date":"2018-12-19T11:42:25","date_gmt":"2018-12-19T10:42:25","guid":{"rendered":"https:\/\/www.galde.eu\/?p=10790"},"modified":"2018-12-21T11:51:49","modified_gmt":"2018-12-21T10:51:49","slug":"clase-turista-no-trabajad-nunca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/clase-turista-no-trabajad-nunca\/","title":{"rendered":"Clase turista. \u00abNo trabajad nunca\u00bb"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/ToallaPlaya.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-10793 colorbox-10790\" src=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/ToallaPlaya.jpg\" alt=\"\" width=\"580\" height=\"426\" data-id=\"10793\" srcset=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/ToallaPlaya.jpg 580w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/ToallaPlaya-300x220.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>(Galde 23,\u00a02019\/invierno).\u00a0Bego\u00f1a Pern\u00e1s Ria\u00f1o.-<br \/>\n(Clase Turista<span class=\"s1\"> <a class=\"simple-footnote\" title=\"Clase Turista es el nombre de la exposici\u00f3n que abord\u00f3 el fen\u00f3meno del turismo y que se exhibi\u00f3 en Madrid en la Casa Encendida a finales de 2003 e inicio de 2004. La exposici\u00f3n fue comisariada por Bego\u00f1a Pernas, Marta Rom\u00e1n y Daniel Wagman (Gea21). Este texto procede del cat\u00e1logo de dicha exposici\u00f3n.\" id=\"return-note-10790-1\" href=\"#note-10790-1\"><sup>1<\/sup><\/a><\/span>)<\/p>\n<p>\u201cNo trabajad nunca.\u201d El lema de la Internacional Situacionista (Paris, 1953), menos conocido que aquel otro de Mayo del 68 que promet\u00eda la playa bajo los adoquines, inaugura una nueva era. Conscientes de la proletarizaci\u00f3n del mundo, los que escriben la exhortaci\u00f3n en las paredes recuerdan el car\u00e1cter subversivo de la pereza y del tiempo libre frente a las disciplinas del trabajo. Se oponen as\u00ed a los cientos de discursos moralizantes, presiones y normas que desde el siglo XIX han logrado lo que parec\u00eda inconcebible: que voluntariamente y sin mediar violencia, millones de personas se levanten al mismo tiempo, acudan a f\u00e1bricas y oficinas, realicen un trabajo pesado, rutinario o penoso, y todo por un sueldo que les permite sostener la maquinaria que ellos mismos engrasan diariamente, pero nunca liberarse del trabajo.<\/p>\n<p>Por lo tanto, hacer el vago se percibe como una actividad revolucionaria. Sabi\u00e9ndolo, el negocio, en busca de nuevas vetas, ha ido apropi\u00e1ndose del tiempo libre y transform\u00e1ndolo en una nueva esfera para la disciplina de los cuerpos y las mentes, colonizando las horas y los d\u00edas que quedaban libres. La promesa de una vida liberada del trabajo ha ido modelando poco a poco la nueva \u201ccivilizaci\u00f3n del turismo\u201d que se sustenta en el aumento de la productividad, el alargamiento de la vida y la existencia, en lugares remotos, de nuevas masas obreras dispuestas a entrar en las f\u00e1bricas.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 no suele hablarse de una civilizaci\u00f3n del turismo? Nadie duda, y menos en Espa\u00f1a, de la importancia del turismo como sector econ\u00f3mico. Pero resulta sorprendente, al mismo tiempo, que hasta tiempos recientes haya estado ausente de la curiosidad acad\u00e9mica o art\u00edstica, dejando el turismo en manos de los ayuntamientos, hoteleros y agentes del sector. Al igual que sucede con otros grandes inventos de la modernidad, como la televisi\u00f3n, muchos intelectuales parecen no apreciar el producto mientras que las masas lo consumen con fruici\u00f3n. Diferenciarse del consumidor parece m\u00e1s importante que entenderlo. Y como sucede con la televisi\u00f3n, todos somos expertos: hemos aprendido las formas de viajar y de mirar el mundo, nos hemos situado en el mercado y en el espacio como turistas, buscando nuestro lugar con la naturalidad con la que se aprende en la infancia un nuevo lenguaje.<\/p>\n<p>Esto nos hace pensar que el turismo es algo m\u00e1s que un sector o un conjunto de actividades y que bajo su modesta apariencia se ocultan muchos dilemas contempor\u00e1neos. As\u00ed lo creen ge\u00f3grafos, antrop\u00f3logos, soci\u00f3logos y economistas, que han comenzado recientemente a realizar estudios regionales y a proponer teor\u00edas generales desde sus disciplinas. En nuestro caso, hemos abordado el turismo como se abordan las civilizaciones, intentando comprender las grandes relaciones que lo describen.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 entonces una civilizaci\u00f3n del turismo? Una civilizaci\u00f3n puede caracterizarse por el modo de producci\u00f3n, las relaciones sociales o las creaciones culturales. Desde cualquiera de estos puntos de vista, el turismo se ha convertido en eje de nuestro mundo y en una de sus principales actividades. Aunque merezca una definici\u00f3n concreta, que lo diferencie de otros movimientos demogr\u00e1ficos o pr\u00e1cticas de ocio, se extiende m\u00e1s all\u00e1 del hecho concreto de desplazarse a un lugar diferente con fines de recreo o conocimiento. Como veremos, la pr\u00e1ctica tur\u00edstica ha hecho nacer una nueva manera de imaginar el mundo, de transformar la naturaleza, de relacionarnos con las ciudades, de buscar la compa\u00f1\u00eda de otros o de explotarlos.<\/p>\n<p><strong>El turismo como industria<\/strong><\/p>\n<p>Se estima que el turismo es la primera industria mundial en volumen de negocio y participaci\u00f3n en el producto global. Dado que sus l\u00edmites con el ocio, la informaci\u00f3n, las compras, etc., son cada vez menos claros, resulta muy dif\u00edcil valorar dicha estimaci\u00f3n. Pero no hay duda de su peso e importancia en el empleo, el gasto de las familias y otros indicadores econ\u00f3micos. La visibilidad de la producci\u00f3n de bienes frente a los servicios ha hecho que el periodo de posguerra se asocie m\u00e1s con los medios \u2013el autom\u00f3vil, el avi\u00f3n- que con los servicios aparentemente intangibles que acompa\u00f1an y, sobre todo, explican el uso de dichos medios. Fascinados a\u00fan por la revoluci\u00f3n industrial, nos ha parecido que nuestro mundo se centraba en el trabajo, percibiendo el ocio y su gesti\u00f3n como una compensaci\u00f3n o un exceso. Ha hecho falta que gran parte de la econom\u00eda se desplazara a ese terreno nuevo \u2013el tiempo libre y sus pr\u00e1cticas- para que nos di\u00e9semos cuenta de su importancia.<\/p>\n<p>Si el turismo es, en volumen de negocio, la primera industria mundial, por delante del petr\u00f3leo, por ejemplo, podr\u00edamos hablar de una civilizaci\u00f3n del turismo. Pero, adem\u00e1s, es la actividad que mejor caracteriza el desplazamiento de la producci\u00f3n al consumo, del bien f\u00edsico al intangible, y del espacio del trabajo al del ocio, que son rasgos de nuestras econom\u00edas.<\/p>\n<p>Incluso en las formas del empleo, el sector refleja fielmente la pauta general: empleos muy poco tecnificados, de baja cualificaci\u00f3n y f\u00e1cil entrada, temporales, con grandes exigencias de car\u00e1cter cultural y emocional, por un lado, y por otros empleos de gesti\u00f3n y creativos, bien pagados y exigentes en formaci\u00f3n. Y en paralelo, un gran n\u00famero de empleos aut\u00f3nomos, peque\u00f1os negocios formales e informales, oportunidades de una gran variedad en los sectores m\u00e1s punteros y m\u00e1s tradicionales. Camareros y propietarios de pensiones, taxistas, animadores y cocineras, gu\u00edas licenciados y espont\u00e1neos, carteristas, publicistas, vendedores de baratijas o de productos de lujo, funcionarios, agentes de viajes, directores de hoteles, masajistas, dise\u00f1adores de parques tem\u00e1ticos, inversores, creadores de p\u00e1ginas de internet, propietarios de fincas convertidas al turismo rural, un sinf\u00edn de actores p\u00fablicos y privados pueblan el mundo del turismo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en las relaciones internacionales, el turismo es un sector clave. Abierto aparentemente a los pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo, que incluso parecen particularmente preparados para \u00e9ste, la realidad es que el turismo se parece mucho al resto de la econom\u00eda, incluso en sus rasgos m\u00e1s coloniales. Los centros de poder son a la vez emisores y receptores \u2013Par\u00eds, Londres, Tokio, Nueva York- y las \u00e1reas tur\u00edsticas preferentes son las periferias soleadas de estos centros de emisi\u00f3n: islas del Pac\u00edfico, Caribe y Mediterr\u00e1neo, con Espa\u00f1a como pieza clave.<\/p>\n<p>El turismo exige fuertes inversiones, intensivas en capital, aeropuertos, carreteras, sistemas tecnol\u00f3gicamente complejos. Necesita sobre todo control de los medios de comunicaci\u00f3n y del marketing; es decir, control de los clientes y los flujos. Como sucede en muchos sectores econ\u00f3micos, los pa\u00edses que poseen los bienes primarios -paisajes, ruinas, costumbres ex\u00f3ticas, mano de obra barata y paz social a menudo forzada por reg\u00edmenes autoritarios, etc.- carecen de la informaci\u00f3n y el capital necesarios para negociar el reparto de los beneficios con los grandes empresarios de la industria. En ciertas condiciones, el turismo puede ser el motor de desarrollo de una regi\u00f3n, mientras que en otras las inversiones precisas para crear un producto al gusto del visitante y competir con un centenar de destinos similares, pueden suponer una carga y una dependencia enormes.<\/p>\n<p>Como en otros sectores clave de la econom\u00eda, el car\u00e1cter intangible del turismo no es m\u00e1s que una ilusi\u00f3n. En realidad, el turismo realiza desplazamientos de masas, movimientos demogr\u00e1ficos de una intensidad sin igual, como demuestra cada verano la costa espa\u00f1ola. Precisa medios espec\u00edficos, flotas de aviones y cruceros, hoteles, apartamentos, restaurantes, bares, piscinas, discotecas&#8230; Es un sector que, al igual que otras industrias, cambia los paisajes naturales y urbanos, genera impactos, contamina y transforma. Incluso cuando pretende \u201cconservar\u201d, rasgo del turismo actual, est\u00e1 interviniendo de forma dr\u00e1stica en los paisajes, obligando a una gesti\u00f3n de la naturaleza \u201cpara el disfrute\u201d de los visitantes.<\/p>\n<p><strong>La Clase Turista<\/strong><\/p>\n<p>El turismo, como las vacaciones, se expandi\u00f3 en respuesta a una necesidad social, el descanso de la clase obrera. Los trabajadores hicieron suya una costumbre de las clases medias, dejar la ciudad para tomar las aguas, pero subvirtiendo los valores propios de dicha clase y rompiendo las jerarqu\u00edas que gobernaban el ocio. De forma autogestionada, en masa, eligieron lugares donde reunirse, con diversiones y atracciones de feria, comida y bebida baratas, como Blackpool en la costa inglesa. Reinventaron la playa como un lugar emblem\u00e1tico donde no existen las clases sociales y la fraternidad de los cuerpos sustituye a las marcas de clase de la vida cotidiana. Retomaron la higiene y el bienestar que les eran negados en el trabajo, el sol y el aire ausentes de las ciudades industriales. Llevaron las antiguas fiestas a nuevos lugares construidos para ese fin, y en cierto modo, a\u00fan lo hacen en sitios como Benidorm.<\/p>\n<p>Como tantas veces durante el asombroso siglo XX, lo que era un enfrentamiento entre dos formas de disfrutar y de relacionarse, las diversiones populares y las elitistas, se fundieron para dar lugar a otra cosa, uno de los productos m\u00e1s originales del siglo: el Turista. Figura que a su vez empez\u00f3 a dividirse en sutiles diferencias de clase. El veraneante del Cant\u00e1brico o el que vuelve a su pueblo en vacaciones; el amante de la bulla en el apartamento a pie de playa o el que persigue un viaje literario por regiones poco frecuentadas; el que viaja organizado y con los tiempos medidos y el que se lanza al tren sin conocer el final del recorrido.<\/p>\n<p>Como toda clase social, la Clase Turista est\u00e1 llena de tensiones internas, juegos de prestigio y soterradas luchas. A diferencia de otras clases sociales de la historia, el turista no logra diferenciase y por m\u00e1s que corra, las masas le siguen y acorralan en los lugares m\u00e1s alejados del planeta. A\u00fan puede hablarse de un turismo popular y un turismo de \u00e9lite, de una Clase <em>Business<\/em>, pero su mismo nombre indica que los que as\u00ed viajan no est\u00e1n dedicados a la simple actividad del turismo, sino a prop\u00f3sitos m\u00e1s elevados. Por supuesto, el precio del viaje diferencia enormemente a los que lo emprenden, pero las jerarqu\u00edas de los hoteles, de los transportes y de los destinos no consiguen enga\u00f1ar a nadie: los turistas se acaban pareciendo a los turistas.<\/p>\n<p>Tampoco hay igualdad entre los que proveen los servicios y los que los compran, sobre todo cuando pertenecen a pa\u00edses con rentas desiguales. Esperar del otro, ciudadano de un pa\u00eds m\u00e1s pobre, no s\u00f3lo que haga su trabajo, sino que lo haga con mimo, encanto y recreando un mundo para el turista, es uno de los agravios m\u00e1s continuos. As\u00ed sucede con el turismo sexual, donde la prostituci\u00f3n, un trabajo com\u00fan en todos los pa\u00edses, se convierte en otra cosa al mezclarse con el turismo. Cuando el turista occidental confunde su visa con su alma, se permite despreciar a los que le sirven s\u00f3lo por dinero. Viajar, pagar por lo que se mira y se disfruta, no penetrar en las otras vidas, pretender interferir lo menos posible, regresar luego. Es dif\u00edcil imaginar un contacto m\u00e1s sutil entre pueblos diferentes.<\/p>\n<p>La Clase Turista avanza sin encontrar resistencia, y aunque minoritaria si nos fijamos en la poblaci\u00f3n del planeta, es hegem\u00f3nica en los pa\u00edses desarrollados. Existe incluso cuando no estamos viajando. La forma de caminar por las ciudades, mochila al hombro, de mirar el mundo buscando postales de belleza, de concebir el tiempo y su uso, de tratar a los otros, se ha vuelto tur\u00edstica. Nuestras vidas, hiperorganizadas y fragmentadas, nuestra extra\u00f1eza y pudor ante los dem\u00e1s, la forma breve y pautada de conocer la realidad, superficial y experta a un tiempo, nuestro amor por los simulacros, las diversiones visuales, los fragmentos, todo nos convierte, nos guste o no, en Clase Turista.<\/p>\n<p><strong>Creaciones culturales<\/strong><\/p>\n<p>Lo m\u00e1s caracter\u00edstico de la Clase Turista es que todos la niegan. El choque entre clases sociales que llev\u00f3 a la creaci\u00f3n de este individuo nuevo, el Turista, y barri\u00f3 el mundo antiguo, dej\u00f3 en pie el disgusto ante la igualdad y la aversi\u00f3n por las masas de los intelectuales. De ah\u00ed que se anuncie sin cesar la crisis y desaparici\u00f3n de esta civilizaci\u00f3n. Se supone que los trabajadores europeos se hartar\u00e1n un d\u00eda de tumbarse al sol en ciudades litorales, m\u00e1s ruidosas y contaminadas que sus lugares de origen, antiguas ciudades industriales, limpias y ordenadas hoy en d\u00eda. Ciudades que, por cierto, pretenden, como el resto del mundo, vivir del turismo.<\/p>\n<p>Se espera que los iconos del viaje, los m\u00e1s hermosos lugares de la tierra, cierren por exceso de demanda, o construyan r\u00e9plicas para evitar el deterioro del original. Que Venecia termine de hundirse, que los pasos de los visitantes desgasten Petra, que Bali pierda de una vez una autenticidad cultural cuya destrucci\u00f3n se anuncia desde la colonizaci\u00f3n holandesa. Que ya no valga la pena moverse porque no haya nada que ver.<\/p>\n<p>A lo mejor se logra convencer turistas en ciernes de que no merece la pena visitar Venecia, pero algo nuevo habr\u00e1 que inventar, ya que el viaje ha sido la puerta para que las masas entraran en la modernidad y el <em>tour <\/em>ha servido para expandir el conocimiento. Las personas se sit\u00faan gracias al viaje organizado en una civilizaci\u00f3n nueva, donde se permite que los extranjeros invadan otros pa\u00edses sin considerarlo una agresi\u00f3n; donde pueden aprender los rasgos b\u00e1sicos de las culturas, lo que les permite manejarse con m\u00e1s soltura en el mundo global. Del mismo modo que los campesinos aprendieron a habitar en las ciudades, los turistas aprenden a considerar propio el mundo y moverse como iguales entre personas de distinta procedencia.<\/p>\n<p>Es evidente que el turismo transforma las culturas, pero no m\u00e1s que la urbanizaci\u00f3n o la educaci\u00f3n primaria. Si se le culpa m\u00e1s es simplemente porque en su origen hay una contradicci\u00f3n. Mientras que la urbanizaci\u00f3n o la escuela se proponen expl\u00edcitamente transformar, el turismo quiere ir a ver lo que estaba antes de que llegaran los turistas. De ah\u00ed la insistencia en ir a lugares \u201cno tur\u00edsticos\u201d, como si tal cosa fuera posible. Lo grave no es esa paradoja, sino que, a veces, el poder de la Clase Turista logra efectivamente detener el cambio social. Lo grave no es que la gente venda baratijas, reinvente artesan\u00edas que nunca existieron, pose con disfraces, simule costumbres folcl\u00f3ricas o elimine usos poco adecuados para el paladar del turista; Espa\u00f1a es un caso emblem\u00e1tico de estas simulaciones y cambios, y ha sobrevivido (\u00bfo no?).<\/p>\n<p>Lo que parece m\u00e1s dram\u00e1tico del turismo es que el negocio de convertirlo todo en visitable expulsa otros usos de las ciudades (que ya no parecen dignos), obliga a poblaciones locales a abandonar la explotaci\u00f3n de sus recursos naturales y fomenta las estructuras sociales y pol\u00edticas m\u00e1s conservadoras. La Clase Turista, como toda clase hegem\u00f3nica, busca la estabilidad y la inmovilidad de su mundo. Mientras, su civilizaci\u00f3n, todav\u00eda espl\u00e9ndida, sigue avanzando, socavando al hacerlo las bases mismas de su existencia.<\/p>\n<div class=\"simple-footnotes\"><p class=\"notes\">Notes:<\/p><ol><li id=\"note-10790-1\"><\/span><span class=\"s2\">Clase Turista es el nombre de la exposici\u00f3n que abord\u00f3 el fen\u00f3meno del turismo y que se exhibi\u00f3 en Madrid en la Casa Encendida a finales de 2003 e inicio de 2004. La exposici\u00f3n fue comisariada por Bego\u00f1a Pernas, Marta Rom\u00e1n y Daniel Wagman (Gea21). Este texto procede del cat\u00e1logo de dicha exposici\u00f3n. <a href=\"#return-note-10790-1\">&#8617;<\/a><\/li><\/ol><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Galde 23,\u00a02019\/invierno).\u00a0Bego\u00f1a Pern\u00e1s Ria\u00f1o.- La Clase Turista, como toda clase hegem\u00f3nica, busca la estabilidad y la inmovilidad de su mundo. Lo que parece m\u00e1s dram\u00e1tico del turismo es que el negocio de convertirlo todo en visitable expulsa otros usos de las ciudades, obliga a poblaciones locales a abandonar la explotaci\u00f3n de sus recursos naturales y [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":10794,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2,7,5],"tags":[],"class_list":["post-10790","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-dossier","category-economia","category-politica","revista-galde-n23"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10790","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10790"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10790\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/10794"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10790"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10790"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10790"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}