{"id":10382,"date":"2018-09-22T11:42:21","date_gmt":"2018-09-22T09:42:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.galde.eu\/?p=10382"},"modified":"2018-10-07T20:24:13","modified_gmt":"2018-10-07T18:24:13","slug":"hijos-agreden-progenitores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/hijos-agreden-progenitores\/","title":{"rendered":"Cuando los hijos agreden a sus progenitores"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/ViolenFilioParental.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-10423 colorbox-10382\" src=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/ViolenFilioParental.jpg\" alt=\"\" width=\"575\" height=\"323\" data-id=\"10423\" srcset=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/ViolenFilioParental.jpg 575w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/ViolenFilioParental-300x169.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 575px) 100vw, 575px\" \/><\/a><\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 19\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>(Galde 22, oto\u00f1o\/2018\/udazkena).\u00a0Fernando \u00c1lvarez Ramos.<br \/>\nCuando hablamos de violencia filio-parental o ascendente hacemos referencia a las conductas reiteradas de violencia tanto f\u00edsica como psicol\u00f3gica que los hijos dirigen hacia sus progenitores o hacia aquellas personas que ocupan su lugar. El fen\u00f3meno no es nuevo, aunque hasta no hace mucho rara vez trascend\u00eda del \u00e1mbito estrictamente familiar o se supon\u00eda asociado a trastornos psicopatol\u00f3gicos en el agresor. Harbin y Madden describieron en 1979 el maltrato a los padres como un nuevo tipo de violencia familiar. Los progenitores cada vez solicitan m\u00e1s ayuda tanto a los servicios sociales como a la justicia, exteriorizando el problema. Por todo ello, el fen\u00f3meno ha sido objeto de estudios e intervenciones desde \u00e1mbitos socio-sanitarios, educativos o judiciales. Actualmente se considera un importante problema social y de salud que afecta a las familias y a las relaciones que padres y madres establecen con sus hijos e hijas as\u00ed como al desarrollo futuro de los menores.<\/p>\n<\/div>\n<p>En contexto judicial, al igual que otras manifestaciones de violencia intrafamiliar como la violencia de g\u00e9nero o el maltrato infantil, est\u00e1 recibiendo gran atenci\u00f3n. Es objeto de medidas educativas y sancionadoras dirigidas a los menores que cometen este tipo de acciones. Tambi\u00e9n entre el p\u00fablico general recibe gran inter\u00e9s, puesto que se trata de manifestaciones contra los valores sociales y culturales y las normas de convivencia que vamos construyendo. El problema emerge en familias de todo tipo de niveles socio-econ\u00f3micos. Los hijos buscan poder y control sobre los progenitores para conseguir lo que en ese momento desean. Es decir, se trata de un maltrato consciente, normalmente reiterado y con intenci\u00f3n de causar da\u00f1o. Con frecuencia genera un ciclo de violencia filio-parental y parento-filial de escalada progresiva y repetitiva cuyo pron\u00f3stico, si no se detiene a tiempo, resulta complicado.<\/p>\n<p>Predominan los maltratadores de sexo masculino cuya violencia va dirigida preferentemente hacia las madres o cuidadoras. No obstante, aparecen m\u00e1s chicas autoras que en otros tipos de violencia. Entre las caracter\u00edsticas individuales del adolescente maltratador asociadas a estas conductas destacan la baja empat\u00eda, la elevada impulsividad y la escasa tolerancia a la frustraci\u00f3n. Adem\u00e1s, con frecuencia disponen de baja autoestima, baja satisfacci\u00f3n con la vida, malestar psicol\u00f3gico y dificultades para expresar emociones o para interactuar emocionalmente de forma eficaz y tranquila. Hablamos, por tanto, de adolescentes irritables e impulsivos, con dificultades para controlar su ira, con baja capacidad de introspecci\u00f3n y, en ocasiones, con sentimientos depresivos y de soledad y dificultades para hacerse cargo del dolor que causan en los dem\u00e1s sus conductas. En cierta medida, son tambi\u00e9n ellos v\u00edctimas. El consumo de sustancias est\u00e1 relacionado en muchas ocasiones con la eclosi\u00f3n de los episodios de violencia al actuar como desinhibidor de la conducta ante el desencadenante de la ira. En otras ocasiones trastornos psicopatol\u00f3gicos del estado de \u00e1nimo, de ansiedad, de d\u00e9ficit de atenci\u00f3n, hiperactividad o trastornos del aprendizaje se sit\u00faan en el origen o conviven con este tipo de maltrato.<\/p>\n<p>Cuanto m\u00e1s extrema y violenta sea la conducta del hijo o de la hija, m\u00e1s predispuestos estar\u00e1n los progenitores a obtener su calma mediante concesiones, lo cual transmite al menor mensajes de debilidad parental y favorece que consiga lo que desea mediante la fuerza. Este aprendizaje les acompa\u00f1ar\u00e1 en su trayectoria, y requiere intervenci\u00f3n especializada. Tambi\u00e9n genera en los progenitores v\u00edctimas una actitud de sometimiento a la fuerza hasta que de nuevo las peticiones del menor sean insostenibles, generando un c\u00edrculo o espiral de la violencia. De los insultos y amenazas se pasa a la agresi\u00f3n f\u00edsica cuando las formas m\u00e1s leves no consiguen el objetivo de sometimiento. Por otra parte, los progenitores tambi\u00e9n pueden actuar de una forma m\u00e1s contundente y hostil hacia su hijo, adoptando una actitud defensiva y pudiendo llegar a utilizar los mismos tipos de violencia a que han sido sometidos por sus hijos (violencia bidireccional). Lo m\u00e1s caracter\u00edstico es que se presente como una violencia instrumental o proactiva, dirigida hacia la obtenci\u00f3n de alg\u00fan beneficio secundario y acompa\u00f1ada de falta de empat\u00eda. En el inicio pudo ser una violencia reactiva, actuando como desencadenante la separaci\u00f3n de los padres u otro tipo de vivencia traum\u00e1tica.<\/p>\n<p>Aunque la mayor\u00eda de estos adolescentes son violentos exclusivamente en el hogar familiar, la violencia filio-parental se relaciona con la dificultad de adaptaci\u00f3n escolar y el comportamiento tambi\u00e9n agresivo en contexto escolar u otros escenarios de su vida cotidiana. En ocasiones la permisividad social incrementa el poder del hedonismo y se convierten en semillas de violencia intrafamiliar asoci\u00e1ndose con dificultades de padres y educadores para mantener su autoridad. Asimismo, con la adopci\u00f3n de estereotipos de g\u00e9nero de \u00edndole machista que defienden la superioridad del rol masculino frente a la debilidad del rol femenino.<\/p>\n<p>Resultar\u00eda reduccionista concluir que son los hijos los \u00fanicos responsables o culpables de la situaci\u00f3n o considerar al menor como \u00fanico verdugo y a los progenitores como sus irremediables v\u00edctimas. En muchas ocasiones el eje problema radica en unas relaciones familiares b\u00e1sicamente patologizadas en que tambi\u00e9n los hijos son v\u00edctimas de alg\u00fan tipo de violencia intrafamiliar. El estilo educativo autoritario, negligente y sobre todo el permisivo generan din\u00e1micas en el sistema familiar que favorecen o se asocian a la violencia filio-parental. Se trata principalmente de familias con ausencia de normas, donde los padres no asumen su rol como educadores. Padres sobreprotectores, que no establecen l\u00edmites claros.<\/p>\n<p>Investigadores y profesionales venimos observando que determinado tipo de conflictos familiares anteriores resultan generadores de estas din\u00e1micas violentas dirigidas posteriormente hacia quienes en otros momentos actuaron con sobreprotecci\u00f3n o negligencia. La instrumentalizaci\u00f3n de los hijos por parte de los progenitores en los procesos de separaci\u00f3n o divorcio puede resultar muy asociada a la violencia filio-parental posterior. En ocasiones los ni\u00f1os ponen sus s\u00edntomas y malestar emocional a disposici\u00f3n de uno de los c\u00f3nyuges para que ataque al otro y la desobediencia, los suspensos, los d\u00e9ficits en el comportamiento que el menor desarrolla, llegan a constituir un arma arrojadiza para justificar la inaptitud del otro y perpetuar as\u00ed el conflicto. En ocasiones se genera un procedimiento de importantes consecuencias negativas en el desarrollo infantil, como el llamado <em>doble v\u00ednculo<\/em> o situaci\u00f3n de indefensi\u00f3n que se genera en el hijo cuando el mensaje verbal \u201ctienes que ver a pap\u00e1 (o a mam\u00e1)\u201d se contradice con otros mensajes, verbales o no, que indican \u201cno lo veas\u201d.<\/p>\n<p>Esa triangulaci\u00f3n supone un gran desgaste para el hijo, pues facilita favores de uno de los progenitores a costa del distanciamiento con respecto al otro. La situaci\u00f3n es de dif\u00edcil mantenimiento para el hijo, que acaba pidiendo al progenitor aliado que se defina y lo hace mediante la generaci\u00f3n de una relaci\u00f3n fusional. La fusi\u00f3n emocional entre hijo agresor y progenitor agredido resulta un paso previo a la aparici\u00f3n de la conducta violenta, incluso produci\u00e9ndose una relaci\u00f3n pseudoincestuosa donde ambos intercambian confidencias e intimidades, buscan el apoyo mutuo, salen juntos, comparten habitaci\u00f3n, etc. El posterior intento de evasi\u00f3n de este v\u00ednculo tan cerrado puede ser la raz\u00f3n del desencadenante violento. Esta excesiva proximidad impide que se cree una jerarqu\u00eda y las relaciones parento-filiales se convierten en horizontales, sin delimitaci\u00f3n de roles, con hijos parentalizados, donde el hijo ocupa el lugar del c\u00f3nyuge alejado y presta apoyo emocional al progenitor aliado, reforzando as\u00ed la ausencia de autoridad y control que inhiban las primeras actitudes asociadas a la conducta violenta.<\/p>\n<p>Denominamos <em>parentalizaci\u00f3n <\/em>a este mecanismo mediante el cual el hijo se convierte en confidente y apoyo emocional de uno de los progenitores, por lo que da cuidados en vez de recibirlos, creando una confusi\u00f3n generacional donde los l\u00edmites se difuminan y los roles se intercambian, en la que los ni\u00f1os pueden acabar desempe\u00f1ando roles de adulto y tareas para las que no est\u00e1n preparados y por las que pueden ser castigados si no las realizan adecuadamente. Se necesita que sean mayores antes de tiempo por un lado, siendo en ocasiones estos hijos los que se ven obligados a tomar las riendas de la casa, al ver a los padres con malestar emocional, tristes o angustiados, o porque se desahogan con ellos como si fueran adultos.<\/p>\n<p>Esta dificultad para la separaci\u00f3n y autonom\u00eda del hijo en conflicto en esta relaci\u00f3n fusional dificulta la evoluci\u00f3n personal en un hijo adolescente o preadolescente, que concede mucho sentido e importancia evolutiva a su identidad personal y a la b\u00fasqueda de su autonom\u00eda. Observa los problemas familiares de forma diferente, d\u00e1ndose cuenta de situaciones que anteriormente no llegaba a percibir y demandando espacio y autonom\u00eda que la relaci\u00f3n sobreprotectora le niega. Entonces aparece la violencia ejercida por el hijo como soluci\u00f3n desesperada de alejamiento, de distanciamiento con respecto al progenitor fusionado, un intento primitivo de separarse para buscar su propia autonom\u00eda y de imponer sus deseos. Iniciada la violencia, ante el efecto positivo de consecuci\u00f3n del objetivo de separaci\u00f3n del progenitor que le proporciona el ejercicio del poder y ante la falta de l\u00edmites y control que la frenen, se reproduce y mantiene esta din\u00e1mica violenta, se van cerrando las relaciones paterno-filiales, se van cerrando los canales de comunicaci\u00f3n y los miembros de la familia se van distanciando.<\/p>\n<p>El tratamiento de esta problem\u00e1tica, en fin, resulta complejo y ha de pasar por una intervenci\u00f3n terap\u00e9utica que incluya a la familia entera y que contenga espacios individuales as\u00ed como grupales dirigidos a los diferentes subsistemas familiares (fraterno, progenitores, etc., dependiendo de la estructura familiar). Se puede combinar con medidas de separaci\u00f3n temporal del grupo familiar. Solo de este modo se podr\u00e1 reestructurar la base de un funcionamiento familiar que a todas luces resultaba disfuncional desde mucho tiempo atr\u00e1s.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Galde 22, oto\u00f1o\/2018\/udazkena).\u00a0Fernando \u00c1lvarez Ramos. Harbin y Madden describieron en 1979 el maltrato a los padres como un nuevo tipo de violencia familiar. 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