{"id":20124,"date":"2026-09-25T00:37:22","date_gmt":"2026-09-24T22:37:22","guid":{"rendered":"https:\/\/www.galde.eu\/?page_id=20124"},"modified":"2026-09-25T00:37:22","modified_gmt":"2026-09-24T22:37:22","slug":"sanchez-juega-su-ultima-baza-rodeado-de-riesgos","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/sanchez-juega-su-ultima-baza-rodeado-de-riesgos\/","title":{"rendered":"S\u00e1nchez juega su \u00faltima baza rodeado de riesgos"},"content":{"rendered":"<p>(Alberto Surio)<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Sanche-e1790289406881.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-20027 aligncenter colorbox-20124\" src=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Sanche-e1790289406881-300x244.jpg\" alt=\"\" width=\"623\" height=\"507\" data-id=\"20027\" srcset=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Sanche-e1790289406881-300x244.jpg 300w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Sanche-e1790289406881-1024x833.jpg 1024w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Sanche-e1790289406881-768x625.jpg 768w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Sanche-e1790289406881.jpg 1186w\" sizes=\"auto, (max-width: 623px) 100vw, 623px\" \/><\/a><\/p>\n<p>El presidente afronta el desgaste de su ciclo pol\u00edtico mientras intenta convertirse en el gran referente del centroizquierda europeo frente al avance de la ultraderecha<\/p>\n<p>La crisis de Ceuta ha hecho algo m\u00e1s que poner a prueba la capacidad de respuesta del Gobierno. Ha acelerado una percepci\u00f3n que empieza a extenderse por la pol\u00edtica espa\u00f1ola y que, hasta hace poco, parec\u00eda reservada a sus adversarios: la de que el ciclo de Pedro S\u00e1nchez entra en su recta final. No significa que el Gobierno central vaya a caer ma\u00f1ana ni que las pr\u00f3ximas elecciones est\u00e9n decididas, porque la pol\u00edtica espa\u00f1ola ha demostrado demasiadas veces que los pron\u00f3sticos sobre S\u00e1nchez suelen quedarse cortos. Pero s\u00ed parece evidente que algo ha cambiado. El presidente ya no tiene delante un horizonte de expansi\u00f3n pol\u00edtica, sino una sucesi\u00f3n de obst\u00e1culos que debe superar para mantener con vida una legislatura que comienza a mostrar signos inequ\u00edvocos de agotamiento.<\/p>\n<p>Ceuta ha sido el \u00faltimo episodio, pero el verdadero problema de La Moncloa es la acumulaci\u00f3n. Una crisis territorial de enorme gravedad, contradicciones entre Interior y Defensa, un choque entre poderes del Estado dif\u00edcil de explicar, una oposici\u00f3n que aprovecha cada dificultad del Ejecutivo para acelerar su desgaste y unos socios parlamentarios que ya no parecen compartir una estrategia com\u00fan. A todo ello se a\u00f1ade un frente institucional especialmente delicado: la percepci\u00f3n, cada vez m\u00e1s extendida entre sectores progresistas, de que determinados \u00e1mbitos de la Justicia han quedado demasiado contaminados por la batalla pol\u00edtica. No se trata de cuestionar la independencia judicial, que constituye una garant\u00eda esencial del Estado de derecho, sino de advertir sobre un problema distinto y cada vez m\u00e1s visible: cuando determinadas actuaciones judiciales son interpretadas de inmediato en clave partidista y la propia Justicia termina convertida en uno de los escenarios de confrontaci\u00f3n entre bloques, la confianza ciudadana en las instituciones tambi\u00e9n se resiente.<\/p>\n<p><b>La estrategia de la oposici\u00f3n<\/b>. La derecha ha sabido explotar ese terreno con eficacia. Cada conflicto institucional se presenta como una prueba de la supuesta deriva autoritaria del Gobierno, mientras cualquier cr\u00edtica a determinadas actuaciones judiciales es interpretada como un intento de someter a los jueces. El resultado es un bucle perverso en el que la discusi\u00f3n sobre la independencia judicial queda atrapada en la misma l\u00f3gica partidista que deber\u00eda evitar. Una democracia s\u00f3lida necesita jueces independientes, pero tambi\u00e9n necesita que la ciudadan\u00eda pueda discutir sobre el funcionamiento de las instituciones sin que cualquier discrepancia sea presentada como un ataque al Estado de derecho. S\u00e1nchez ha tenido que gobernar en ese terreno embarrado y no siempre ha sabido, o podido, salir indemne.<\/p>\n<p>A todo ello se suma una Europa que se mueve r\u00e1pidamente hacia la derecha m\u00e1s extrema. Los resultados en el land alem\u00e1n de Sajonia con la ultraderecha al borde de la mayor\u00eda absoluta, son reveladores.Y aqu\u00ed aparece una de las grandes paradojas de la situaci\u00f3n del presidente: cuanto m\u00e1s dif\u00edcil resulta su posici\u00f3n dentro de Espa\u00f1a, mayor puede ser su margen para intentar desempe\u00f1ar un papel relevante fuera de ella. S\u00e1nchez puede reivindicarse como uno de los \u00faltimos grandes adalides del centroizquierda europeo en un momento en el que la socialdemocracia atraviesa una de sus etapas de mayor debilidad. No es una cuesti\u00f3n menor. Mientras otros partidos socialdem\u00f3cratas han perdido gobiernos, se han desplazado hacia posiciones cada vez m\u00e1s centristas o han sido desbordados por nuevas fuerzas progresistas, la derecha europea ha incorporado buena parte de los argumentos de la ultraderecha y ha conseguido situar la inmigraci\u00f3n, la seguridad, la identidad nacional, la soberan\u00eda y el miedo al cambio en el centro de la conversaci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Frente a ese desplazamiento, el centroizquierda europeo sigue buscando una respuesta. Y S\u00e1nchez puede intentar ocupar ese vac\u00edo. Esa posibilidad explica que su futuro pol\u00edtico pueda tener dos lecturas aparentemente contradictorias: en Espa\u00f1a puede estar viviendo el final de su ciclo y, al mismo tiempo, en Europa puede aspirar a representar uno de los pocos espacios pol\u00edticos capaces de disputar a la derecha el relato sobre el futuro del continente. Puede ser, por tanto, un presidente desgastado en casa y, simult\u00e1neamente, uno de los dirigentes socialistas con mayor capacidad para levantar una bandera contra el avance de la ultraderecha.<a href=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Ceuta-Total-1.jpeg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-20065 alignright colorbox-20124\" src=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Ceuta-Total-1-300x169.jpeg\" alt=\"\" width=\"433\" height=\"244\" data-id=\"20065\" srcset=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Ceuta-Total-1-300x169.jpeg 300w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Ceuta-Total-1-768x432.jpeg 768w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Ceuta-Total-1.jpeg 950w\" sizes=\"auto, (max-width: 433px) 100vw, 433px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Pero para que esa estrategia funcione tendr\u00e1 que demostrar que ser el \u00faltimo adalid del centroizquierda europeo no es simplemente una operaci\u00f3n de supervivencia personal. Tendr\u00e1 que ofrecer una respuesta pol\u00edtica. La batalla contra la ultraderecha no puede limitarse a denunciar sus discursos; exige atacar tambi\u00e9n las condiciones sociales que permiten que esos discursos prosperen. Significa hablar de salarios, vivienda, servicios p\u00fablicos, derechos laborales, fiscalidad, protecci\u00f3n social y de una transici\u00f3n ecol\u00f3gica que no deje atr\u00e1s a las clases trabajadoras. Significa tambi\u00e9n ser capaz de hablar de seguridad sin convertir al inmigrante en enemigo y de defender una Europa abierta sin ignorar las preocupaciones reales de quienes sienten que los cambios econ\u00f3micos y sociales se producen siempre a costa de los mismos.<\/p>\n<p>Ah\u00ed S\u00e1nchez todav\u00eda tiene algo que decir, pero antes tendr\u00e1 que sobrevivir a Espa\u00f1a. La batalla inmediata ser\u00e1n los Presupuestos, que han dejado de ser una cuesti\u00f3n meramente contable para convertirse en una prueba de supervivencia pol\u00edtica. Aprobarlos significar\u00eda demostrar que la mayor\u00eda que permiti\u00f3 la investidura todav\u00eda puede funcionar y, sobre todo, comprar tiempo. Quiz\u00e1 hasta marzo; con un enorme esfuerzo parlamentario, incluso hasta julio. Pero el tiempo solo ser\u00e1 \u00fatil si el Gobierno consigue convertirlo en iniciativa pol\u00edtica. Una legislatura puede sobrevivir durante meses a golpe de acuerdos puntuales, pero dif\u00edcilmente puede hacerlo indefinidamente cuando empieza a instalarse la sensaci\u00f3n de que ya no existe un proyecto detr\u00e1s de la resistencia.<\/p>\n<p>Ese es probablemente el principal riesgo para S\u00e1nchez: que el Gobierno deje de ser percibido como una fuerza transformadora y empiece a ser visto simplemente como una estructura dedicada a mantenerse en pie. La dificultad es a\u00fan mayor porque el desgaste no procede \u00fanicamente de la oposici\u00f3n. Tambi\u00e9n existe dentro del propio espacio progresista. Una parte del electorado puede considerar que las reformas impulsadas durante estos a\u00f1os no han sido suficientes o que el Gobierno ha quedado atrapado demasiadas veces en la gesti\u00f3n de sus propias contradicciones. Y esa frustraci\u00f3n no conduce necesariamente a la derecha. Puede conducir a la abstenci\u00f3n, alimentar a otras fuerzas de la izquierda o sencillamente provocar que quienes en anteriores elecciones acudieron a las urnas para impedir un Gobierno conservador ya no encuentren una raz\u00f3n suficiente para hacerlo.<\/p>\n<p>La izquierda deber\u00eda tenerlo presente. El miedo a la derecha puede movilizar una vez, pero la esperanza de un proyecto propio puede movilizar muchas m\u00e1s. S\u00e1nchez no puede pedir eternamente a sus votantes que voten para evitar algo. Necesita ofrecerles una raz\u00f3n para votar a favor de algo. Y esa diferencia ser\u00e1 fundamental cuando llegue el momento de medir si el ciclo pol\u00edtico est\u00e1 realmente agotado o si todav\u00eda existe capacidad para abrir una nueva etapa.<\/p>\n<p>Una de las principales cartas del presidente puede encontrarse, parad\u00f3jicamente, en uno de los problemas que m\u00e1s han dividido a Espa\u00f1a durante la \u00faltima d\u00e9cada: Catalu\u00f1a. El eventual regreso de Carles Puigdemont puede alterar el tablero pol\u00edtico. No resolver\u00e1 el conflicto territorial ni har\u00e1 desaparecer el independentismo, pero s\u00ed podr\u00eda contribuir a cerrar una etapa marcada por la excepcionalidad y permitir que la pol\u00edtica vuelva a ocupar el espacio que durante demasiado tiempo ha ocupado el enfrentamiento. S\u00e1nchez sabe que la cuesti\u00f3n catalana no puede resolverse por decreto, pero tambi\u00e9n sabe que Espa\u00f1a no puede permanecer eternamente atrapada en el mismo bucle.<\/p>\n<p>Por eso una futura mayor\u00eda progresista podr\u00eda intentar avanzar hacia una f\u00f3rmula m\u00e1s abiertamente plurinacional, con una relaci\u00f3n estable con los nacionalistas vascos y catalanes y una negociaci\u00f3n m\u00e1s ambiciosa sobre el modelo territorial. No tendr\u00eda por qu\u00e9 significar una cesi\u00f3n permanente al independentismo; podr\u00eda significar, precisamente, buscar una forma de Estado capaz de integrar su diversidad sin convertirla en una amenaza. Una Espa\u00f1a en la que ser vasco, catal\u00e1n, gallego o espa\u00f1ol no tenga que plantearse como una elecci\u00f3n excluyente y en la que la descentralizaci\u00f3n pueda entenderse como una forma de fortalecer la convivencia y no como una amenaza permanente a la unidad.<\/p>\n<p>Para la izquierda, esa deber\u00eda ser una batalla pol\u00edtica propia y tambi\u00e9n una batalla democr\u00e1tica. El problema es que el debate territorial contin\u00faa siendo utilizado por la derecha como una herramienta de movilizaci\u00f3n electoral. Cualquier acuerdo con Catalu\u00f1a o Euskadi es presentado inmediatamente como una amenaza a la unidad nacional, mientras cualquier intento de normalizaci\u00f3n es interpretado como una concesi\u00f3n. El resultado es un terreno pol\u00edtico en el que la discusi\u00f3n racional sobre el modelo de Estado queda subordinada a la l\u00f3gica del agravio. S\u00e1nchez podr\u00eda intentar romper esa din\u00e1mica, pero tendr\u00eda que asumir el coste pol\u00edtico de hacerlo, incluido el que pueda producir dentro de su propio partido.<\/p>\n<p>Porque el debate territorial atraviesa al PSOE. Una parte de los socialistas entiende que la Espa\u00f1a auton\u00f3mica necesita evolucionar hacia un reconocimiento m\u00e1s claro de su pluralidad, mientras otra teme que cualquier movimiento en esa direcci\u00f3n sea interpretado como una cesi\u00f3n ante el independentismo. La cuesti\u00f3n, por tanto, no ser\u00e1 simplemente negociar con los nacionalistas para conservar una mayor\u00eda parlamentaria, sino construir una propuesta capaz de explicar al conjunto de Espa\u00f1a por qu\u00e9 una nueva relaci\u00f3n territorial puede ser beneficiosa para todos. Negociar puede permitir a S\u00e1nchez conservar el poder; solo una propuesta pol\u00edtica m\u00e1s amplia puede permitirle conservar una mayor\u00eda.<\/p>\n<p>Y aqu\u00ed es donde Europa vuelve a aparecer como la gran baza del presidente. El 4 de mayo, con la segunda vuelta de las presidenciales francesas, puede convertirse en un momento especialmente significativo para un continente que se encuentra ante una disyuntiva cada vez m\u00e1s evidente: aceptar el desplazamiento de la pol\u00edtica hacia posiciones cada vez m\u00e1s pr\u00f3ximas a la ultraderecha o reconstruir un espacio progresista capaz de disputar el futuro desde la democracia, la redistribuci\u00f3n y los derechos.<\/p>\n<p>S\u00e1nchez puede intentar presentar las pr\u00f3ximas elecciones espa\u00f1olas no \u00fanicamente como una disputa entre partidos nacionales, sino como parte de esa batalla europea. Puede reivindicar que Espa\u00f1a representa una excepci\u00f3n en un continente donde la derecha avanza y donde la socialdemocracia ha perdido buena parte de su antigua hegemon\u00eda. Puede intentar aparecer como uno de los \u00faltimos dirigentes europeos dispuestos a plantar cara a una derecha que ha asumido cada vez m\u00e1s argumentos de la ultraderecha y a defender que la respuesta a la inseguridad, la desigualdad y la incertidumbre no puede ser simplemente m\u00e1s nacionalismo, m\u00e1s exclusi\u00f3n y m\u00e1s miedo.<\/p>\n<p>Pero convertir Europa en la gran carta electoral tambi\u00e9n entra\u00f1a riesgos. Ning\u00fan marco europeo puede sustituir indefinidamente una gesti\u00f3n convincente de los problemas nacionales. La ciudadan\u00eda puede comprender que existe una batalla continental contra la extrema derecha y, al mismo tiempo, seguir preocupada por el precio de la vivienda, los salarios, los servicios p\u00fablicos, la seguridad o la calidad de las instituciones. Ninguna bandera europea puede ocultar indefinidamente esas preocupaciones.<\/p>\n<p>Por eso la estrategia de S\u00e1nchez solo funcionar\u00e1 si consigue unir ambas dimensiones: la defensa de un proyecto progresista dentro de Espa\u00f1a y la reivindicaci\u00f3n de un centroizquierda europeo que parece haber perdido buena parte de sus referentes. Su desaf\u00edo consiste en demostrar que ambas cosas forman parte de la misma batalla. Que defender los servicios p\u00fablicos es tambi\u00e9n combatir a la ultraderecha. Que garantizar derechos laborales es tambi\u00e9n combatir a la ultraderecha. Que ofrecer vivienda y seguridad econ\u00f3mica es tambi\u00e9n combatir a la ultraderecha. Que construir una Europa social es, en definitiva, una de las mejores maneras de impedir que el miedo se convierta en la principal fuerza pol\u00edtica del continente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Alberto Surio) El presidente afronta el desgaste de su ciclo pol\u00edtico mientras intenta convertirse en el gran referente del centroizquierda europeo frente al avance de la ultraderecha La crisis de Ceuta ha hecho algo m\u00e1s que poner a prueba la capacidad de respuesta del Gobierno. Ha acelerado una percepci\u00f3n que empieza a extenderse por la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"parent":0,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-20124","page","type-page","status-publish","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/20124","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=20124"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/20124\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":20125,"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/20124\/revisions\/20125"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=20124"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}