Una negociación con la puertas cerradas

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Simon McKeagney. (Galde 09, invierno 2015).

El TTIP es criticable y rechazable por muchas razones. La falta de transparencia del proceso de negociación, donde el acceso a información sobre los términos de la negocia­ción y las propuestas de las partes se estaban ocultando, ha recibido múltiples críticas desde el principio. Como consecuen­cia de las quejas y presiones de organizaciones sociales y po­líticas, miembros del Parlamento Europeo y autoridades aca­démicas, la Unión Europea decidió en noviembre establecer medidas para incrementar el acceso a la información sobre el TTIP. Ha sido sin duda una victoria de la opinión pública.

La comisaria de Comercio, Cecilia Malmström, hizo el anuncio de los nuevos mecanismos de transparencia:

  • hacer públicos un número mayor de los textos de nego­ciación de la UE que la Comisión ya comparte con los Estados miembro y el Parlamento;
  • facilitar el acceso a los textos TTIP a todos los miem­bros del Parlamento Europeo (diputados), ampliando el uso de una «sala de lectura» a los diputados que no tenían hasta ahora el acceso a documentos restringidos;
  • clasificación de menos documentos de negociación TTIP como «restringido por la UE», haciéndolos más fácilmente accesibles a los diputados;
  • publicación y actualización de manera regular una lista pública de los documentos TTIP compartidos con el Parla­mento Europeo y el Consejo.

Las mejoras son mínimas para el público en general, hay textos de negociación funda­mentales que permanecen detrás de puertas cerradas. Sin embargo pueden servir para que el acceso a los documentos de los eurodiputa­dos en el Parlamento Europeo mejore. Hasta ese momento sólo 13 de los 751 diputados tenían pleno acceso a todos los textos de ne­gociación, que en sí es un hecho desalentador. Pero la medida no es de ninguna manera una respuesta al problema de la transparencia en torno al TTIP, y plantea cuatro grandes pre­guntas.

1. ¿Por qué no antes?

Está claro que la Comisión ha tenido ca­pacidad hacer mejor las cosas todo el tiem­po. La Unión ha optado por no usar esa ca­pacidad. En su lugar, ha decidido mantener a la mayoría de los europarlamentarios, así como a la opinión pública, en la oscuridad. El hecho de que pueda elegir fácilmente en­tre el secreto y la transparencia es preocupan­te, e indica que estas decisiones son vulnera­bles por los cambios en el clima político. En resumen, estas decisiones no se han tomado sobre la base de las necesidades institucionales o convicciones políticas, sino debido a la presión pública y política.

El TTIP es criticable y rechazable por muchas razones. La falta de transparencia del proceso de negociación, donde el acceso a información sobre los términos de la negocia­ción y las propuestas de las partes se estaban ocultando, ha recibido múltiples críticas desde el principio. Como consecuen­cia de las quejas y presiones de organizaciones sociales y po­líticas, miembros del Parlamento Europeo y autoridades aca­démicas, la Unión Europea decidió en noviembre establecer medidas para incrementar el acceso a la información sobre el TTIP. Ha sido sin duda una victoria de la opinión pública.

La comisaria de Comercio, Cecilia Malmström, hizo el anuncio de los nuevos mecanismos de transparencia:

  • hacer públicos un número mayor de los textos de nego­ciación de la UE que la Comisión ya comparte con los Estados miembro y el Parlamento;
  • facilitar el acceso a los textos TTIP a todos los miem­bros del Parlamento Europeo (diputados), ampliando el uso de una «sala de lectura» a los diputados que no tenían hasta ahora el acceso a documentos restringidos;
  • clasificación de menos documentos de negociación TTIP como «restringido por la UE», haciéndolos más fácilmente accesibles a los diputados;
  • publicación y actualización de manera regular una lista pública de los documentos TTIP compartidos con el Parla­mento Europeo y el Consejo.

2. ¿En la práctica que consecuencias tendrá?

Todos los eurodiputados tiene ahora acceso a la sala de “lectura segura”, donde se guardan los textos de negociación. Esto en sí mismo no es un triunfo para la transparencia. Un proceso de negociación tan vasto y complejo como el TTIP, que involucra a cien­tos de los negociadores de ambas partes, produce literalmente miles de páginas de texto, con termino­logía y lenguaje técnicos, del mundo del comercio, de difícil comprensión para la mayoría. Tampoco está claro qué textos de los Estados Unidos se harán ac­cesibles y si incluirán posiciones (textos de negocia­ción activos) y cual será la actitud de los EEUU. Por otra parte, la forma en que la Comisión tiene previsto albergar los 751 diputados en una pequeña sala de lectura, presenta problemas logísticos reales y así lo señala la Defensora del Pueblo comunitaria Emily O’Really en su informe del pasado enero.

Por otra parte, ¿de qué sirve el acceso si el con­tenido no se pueden debatir, discutir y revisar como parte del proceso parlamentario habitual? ¿Podrán los diputados interesados en temas como el medio ambiente, la agricultura y los servicios públicos examinar las propuestas, y compartir sus contenidos con sus colegas? Lo veo muy improbable.

Transparencia completa es, después de todo, no sólo sobre la apertura de una puerta, sino el ser capaz de dige­rir adecuadamente y comprender la información que se ha obtenido. De hecho, la Comisión quiere conservar la confiden­cialidad de estos documentos y ha sugerido un sistema de sanciones que se aplicaría a los diputados “pillados en fugas de información”, limitando las posibilidades de debate abierto.

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3. ¿El mecanismos puesto en marcha es una excepción?

Atendiendo a lo sucedido en la conferencia de presen­tación de estas medidas y a las declaraciones de la comi­saria Mamlström, parece que este mecanismo se aplicará solamente al TTIP y no a todos los tratados comerciales que la UE negocia.

Es bueno comprobar que la presión pública funciona pero, también se revela la naturaleza ad hoc para la toma de tal o cual decisión. Es esencial que se adopte una política de transpa­rencia correcta y sensata para las negociaciones de todos los acuer­dos comerciales internacionales de la UE. Ahora se está improvi­sando en función de la presión de la opinión pública.

4. ¿Qué pasa con la ciudadanía?

Para la ciudadanía muy poco han cambiado las cosas con estas me­didas. La ciudadanía todavía no tendrá acceso a los textos de ne­gociación activos, y ese es el quid de la cuestión.

La opinión del defensor del pueblo

Poco mas de un mes después de la proclamación de las intenciones de la Comisión, se hace público el resulta­do de la investigación de oficio del Defensor del Pueblo de la UE sobre la transparencia TTIP.

La oficina de Emily O’Reilly recibió 315 propuestas y más de 6.000 mensajes de correo electrónico sobre el tema. En consecuencia, O’Reilly señalaba que: «Las res­puestas a la consulta pública de la Defensoría del Pueblo confirman que los ciudadanos esperan y exigen el derecho a saber y a participar cuando se trata del TTIP» y continúa incidiendo en que la Comisión debe adoptar un enfoque pro-activo respecto a la transparencia y el acceso público a los documentos.

La investigación de la Defensora del Pueblo ofrece a la Comisión un nuevo plan de trabajo sobre la mejor manera de llegar más allá de las medidas anunciadas en noviembre. Esa propuesta podría ayudar a recuperar la confianza pública en la Comisión que ha quedado muy deteriorada por la manera de llevar el proceso de negociación hasta la fecha. La Defensora del Pueblo también expresa sus dudas sobre la efectividad de la “sala de lectura segura” para eurodi­putados y propone la creación de una herramienta informáti­ca segura que permitiese comentarios y modificaciones

Asuntos pendientes

La iniciativa de transparencia de la Comisión sigue sien­do incompleta, por una razón fundamental: falta el com­promiso de los EEUU. Tal como se plantea, la opinión públi­ca no puede ver el partido completo ya que muchas veces la pelota se encuentra en el lado de los EEUU. Por ejem­plo, no sabemos si los textos jurídicos de la UE publicados en enero fueron acordados con los EEUU. como base para las negociaciones, o qué relevancia tienen en este momento.

Muchas de las propuestas de la UE se remontan a marzo de 2014, y ha habido más rondas de nego­ciaciones desde entonces. Es inevi­table que las posiciones hayan cam­biado con el transcurso de las negociaciones, lo que significa que los textos de posición iniciales con­tinuarán disminuyendo en impor­tancia a medida que las conversa­ciones avancen. No sabemos si han realizado cambios, si se han añadido o retirado problemas, o cómo los te­mas han avanzado desde las prime­ras propuestas de la UE.

Sólo mediante la publicación del texto refundido, que muestra las posiciones que defienden tanto la UE como los Estados Unidos, va­mos a ser capaces de obtener una comprensión más clara del proceso de negociación. Hasta la fecha, la Comisión ha renun­ciado a conseguir que la contraparte estadounidense acepte hacer público el texto. Sin embargo, recordemos que en pasadas negociaciones comerciales lideradas por la ONU o incluso en la negociación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA)en la década de 1990 este tipo de textos eran fácilmente accesibles.

Sólamente en el caso de que el texto refundido fuese público tras cada ronda de negociación, conseguirían com­prender los líderes políticos, los expertos y la opinión pú­blica, realmente como se están desarrollando las conver­saciones del TTIP incluso tras la puerta cerrada.

La lucha en torno a la transparencia en el TTIP continúa.

Simon McKeagney es director de la campaña TTIP del grupo Verdes-ALE del Parlamento Europeo

Txema García
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Sebastião Salgado
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Fotografía de José Horna
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