Un ventennio de crisis política. Italia, laboratorio de populismos

(Galde 02, primavera/2013). Los resultados de las elecciones municipales italianas del pasado mayo dieron una muestra más de la dramática crisis política que vive el país transalpino. Jamás la abstención había sido tan alta. En Roma votó solo el 54,3% de los electores. En todo el territorio nacional la media fue del 62,4%. Datos impensables hace algunos años, en un país donde la participación electoral solía rondar el 80%. La alarma sonó ya hace algunos meses. En las elecciones legislativas del pasado mes de febrero la abstención se situó poco debajo del 25% y el Movimiento 5 Estrellas liderado por el excómico genovés Beppe Grillo consiguió el 25,5% de los votos. He aquí un dato que lo explica todo: más de la mitad de los italianos no votaron, votaron en blanco o apostaron por un partido recién formado que hace su estandarte de la crítica a la política y, sobre todo, a los políticos.

Dos pasos atrás, ningún paso adelante

Volvamos por un momento al 1992-1994. En aquel bienio la Primera República, nacida de la guerra partisana y del antifascismo, llegaba a su fin. Un fin indigno. No en los campos de batalla, sino en los banquillos de los tribunales. El sistema que había dado una imperfecta estabilidad a Italia durante casi medio siglo y que se fundaba en la repartición de cuotas de poder entre la Democracia Cristiana (DC), el Partido Socialista (PSI), el Partido Comunista (PCI) y algunos pequeños partidos laicos (PLI, PRI, PSDI) se desmoronaba por completo. Los casos de corrupción llenaban las páginas de los periódicos, los políticos se convirtieron en ladrones, los magistrados en héroes. Fueron los años de la que se llamó Tangentopoli o “Manos Limpias”. Fueron los años gloriosos de Antonio Di Pietro, la bestia negra de Craxi y luego de Berlusconi: Tonino, el fiscal de Milán que desató toda la investigación. Lo contó y lo cantó estupendamente el cantautor David Riondino en su inigualable La ballata del sì e del no, canción-crónica ganadora del Premio Tenco en 1994, que comenzaba declarando irónicamente el fin de un época: “Era lunedì, si sentì uno schianto / era la DC che stava crollando. / Poi un tonfo poco più lontano, / era Craxi a Milano.”

Fueron los años de la nueva ofensiva de la mafia con los atentados de Capaci y Palermo en mayo y julio de 1992, que se cargaron las vidas de los jueces Falcone y Borsellino, respectivamente, y las bombas de 1993 en Florencia, Milán y Roma. Cuando la mafia mata significa que el Estado le está haciendo daño. O que los equilibrios de poder conseguidos están peligrando. Todo se juntaba, se entrelazaba y se yuxtaponía: corrupción, fin del sistema político, mafia, atentados, crisis social y económica. No olvidemos que en 1992 Italia tuvo que abandonar el Sistema Monetario Europeo. Miren Il Divo, la película de Paolo Sorrentino. Ahí tienen una buena descripción de todo aquel meollo. Andreotti no consiguió ser elegido presidente de la República. Craxi se autoexilió en Túnez para evitar la prisión. Achille Occhetto cerró la experiencia del PCI y empezó la travesía del desierto de la izquierda italiana perdiendo las elecciones. Los italianos estaban hartos de los viejos políticos. Buscaban algo nuevo. Querían un salvador. Creyeron encontrarlo en Berlusconi.

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Populismos y problemas estructurales

Tangentopoli se percibió como una necesidad, la única manera de regenerar un sistema enfermo y dominado por la corrupción. En verdad, Tangentopoli no hizo otra cosa que declarar la muerte definitiva de los partidos políticos como organizaciones territoriales y como instrumentos de comunicación entre dirigentes y base. Y dar alas a los populismos. Es cierto que los partidos habían dejado paulatinamente de ejercer su función y que, por voluntad propia, habían escogido el camino del suicidio. La pérdida de equilibrios regionales entre elites locales y gobierno del Estado y el aumento del clientelismo lo explicó con agudeza antes de la tormenta Sidney Tarrow en su Tra centro e periferia, publicado en Italia en 1979. No nos olvidemos de otra cosa: Italia es una pieza de un puzzle que acabada la Guerra Fría ya no sirve para nada. ¿DC versus PCI en los noventa de la mitificada globalización/occidentalización? 1989 marca un antes y un después. El fin de las ideologías. La victoria del neoliberalismo. Reagan y Thatcher ganaron de goleada. Francis Fukuyama podía escribir El fin de la Historia y el último hombre. Pues en este nuevo escenario los partidos representaban lo viejo. Menos Estado y más mercado, citando a la difunta Dama de Hierro. El multimillonario Berlusconi lo entendió muy bien. La izquierda no se enteró y sigue sin enterarse. Las veces que parece enterarse, es todavía peor. Piénsese en Walter Veltroni. Los partidos desaparecieron. Mejor dicho, la denominación partido desapareció del mapa. El posfascista Movimento Sociale Italiano (MSI) se convirtió en Alleanza Nazionale (AN), la DC acabó en mil pedazos con las experiencias del Centro Cristiano Democrático (CDC) y la Margarita, nacieron la berlusconiana Forza Italia y la justicialista Italia dei Valori de Di Pietro, creció exponencialmente la Liga Norte. Con los partidos desaparecía también el enraizamiento en el territorio y el debate político en las bases. Brotaron catch-all party, carteles electorales cada vez más heterogéneos y movimientos cada vez más personalistas. O que, cuando mantenían la estructura de partido, eran igual de populistas y más peligrosos todavía, como la Liga Norte de Umberto Bossi, entre sus delirios de escisión de la Padania y su racismo contra los meridionales y los inmigrantes. La estéril lucha para la reforma de la ley electoral fue otra pieza del mosaico en que un sistema mayoritario imperfecto sustituía el sistema proporcional. Adios, partidos. Bienvenidas, alianzas sin sentido y sin rumbo. Entretanto no se resolvían ni se pensaban resolver los problemas estructurales de un país cuyo leitmotiv siempre ha sido quejarse, descargar responsabilidades y postergarlo todo. En una frase: Piove, governo ladro (llueve, gobierno ladrón). El protagonismo del Vaticano y la influencia en la política italiana de las jerarquías católicas, el déficit de desarrollo del Mezzogiorno, la ausencia de una clase dirigente preparada, la falta de proyectos políticos nacionales a largo plazo…, todo esto se postergaba. Tampoco se hablaba de ello. Silencio absoluto. Lo demás, que ocupaba las primeras páginas de los periódicos y que tenía sentido encarar, como una ley sobre el conflicto de intereses, el persistente problema de la corrupción, el poder fáctico de la criminalidad organizada, la posible introducción del federalismo, etcétera, jamás se encaró con seriedad. Palabras al viento.

Entre un magnate y un payaso

Veinte años de Segunda República con esas constantes. Con una crisis económica persistente, donde la relación deuda pública/PIB siempre ha estado por encima del 100% y donde el crecimiento del PIB difícilmente ha sobrepasado el 1,5%. A la crisis económica se añadió a partir de otoño de 2008 una crisis global de la cual, después de cinco años, no vemos aún el final. Italia está al borde del abismo, un paso por delante de Grecia y Portugal y en compañía de España. Malas compañías, diría Sabina. En Italia no hubo primavera árabe, ni 15-M. Hubo en 2007 el Vaffanculo Day organizado por Beppe Grillo y el fin de cualquier opción de izquierdas después del batacazo del gobierno Prodi. Ciao ciao, Rifondazione Comunista. Desde 2008 no se mueve nada. Muerte clínica acertada y confirmada para la izquierda transalpina. Para que se me entienda: Syriza es una utopía y hasta Izquierda Unida es un sueño, en comparación. En 2009 nació el Movimiento 5 Estrellas fundado por Grillo, quien jamás disimuló su odio por la “casta” política desde que le echaron de la televisión pública a finales de los ochenta, y por un desconocido empresario con pinta de hippie, un pasado de simpatizante de la derecha y buen conocedor de las potencialidades de la web: Gianroberto Casaleggio. Mientras tanto, Berlusconi organizaba bunga-bunga con la supuesta nieta de Mubarak y la troika imponía un gobierno tecnocrático que lo único que supo hacer bien fue subir los impuestos. Parece broma, pero no es nada más que la realidad. ¿Era tan difícil pensar que el hartazgo de los ciudadanos podía desembocar en algo? Grillo huele a fanfarrón y a cantamañanas, pero en algo no se equivoca cuando dice “Si no estuviéramos nosotros, habría violencia en las calles”. El desempleo juvenil está por encima del 35%. En febrero el hartazgo se convirtió en un voto de protesta. El M5S fue en el partido más votado, algo impensable hasta unos meses antes, cosechando también muchos votos, apoyos y simpatías de exvotantes, militantes y hasta intelectuales de izquierdas, como Franco Bifo Berardi, Toni Negri y Dario Fo. En mayo, después de tres meses de crisis institucional con la autodestrucción del Partido Demócrata, la relección de un Presidente de la República octogenario y la formación de un governissimo, el hartazgo se ha convertido en abstención, que ha pasado del 24,8% al 37,6%. El M5S ha perdido 63 de cada cien votos de febrero. No es poco. La responsabilidad la tiene el mismo Grillo, incapaz de hacer algo que vaya más allá del insulto, y también los 163 diputados del M5S que han demostrado estar absolutamente impreparados y sometidos a los diktat de su líder. Ahora bien, ¿cuál será el próximo escenario? ¿Un Amanecer Dorado italiano? ¿Una guerra civil sin bandos? ¿O la llegada de un nuevo Masaniello, el trágico embaucador napolitano del siglo XVII, que nos hará echar de menos a Berlusconi y a Grillo?

Para saber más:

– Sidney Tarrow, Tra centro e periferia. Il ruolo degli amministratori locali in Italia e in Francia, Bolonia, Il Mulino, 1979;

– Giuseppe Cantarano, L’antipolitica. Viaggio nell’Italia del disincanto, Roma, Donzelli, 2000;

– Carlo Carboni, La società cinica. Le classi dirigenti italiane nell’epoca dell’antipolitica, Roma, Laterza, 2008;

– Ilvo Diamanti, Mappe dell’Italia politica. Bianco, rosso, verde, azzurro e… tricolore, Bolonia, Il Mulino, 2009;

– Giuliano Santoro, Un Grillo qualunque. Il Movimento 5 Stelle e il populismo digitale nella crisi dei partiti italiani, Roma, Castelvecchi, 2012;

– Piergiorgio Corbetta, Elisabetta Gualmini, Il partito di Grillo, Bolonia, Il Mulino, 2012;

– Roberto Biorcio, Paolo Natale, Politica a 5 stelle. Idee, storia e strategie del movimento di Grillo, Milán, Feltrinelli, 2013;

 Wu Ming, “Perché “tifiamo rivolta” nel Movimento 5 Stelle”, 27 de febrero de 2013 [consultable en http://www.wumingfoundation.com/giap/?p=12038, donde se encuentra un debate muy interesante sobre el M5S desde posiciones de izquierdas].

Categorized | Dossier, Política

Txema García
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Sebastião Salgado
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Fotografía de José Horna
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