Recaída de la democracia en Turquía

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(Galde 15 – verano/2016). Özgür Günes Öztürk. El fallido golpe de Estado en Turquía del 15 de julio de 2016 no tiene mucho en común con los golpes de Estado anteriores que interrumpieron el ejercicio de democracia representativa en Turquía. Tampoco es un autogolpe de Recep Tayyip Erdoğan para aumentar su poder, como han opinado varios analistas y periodistas. Este intento del golpe de Estado representa una batalla mayúscula entre dos facciones de la misma ideología que hasta poco estaban compartiendo el poder estatal: el islam político. Por un lado El Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) de Erdoğan que durante mucho tiempo fue representado como un islamismo “moderado” y por otro lado el Movimiento Hizmet (‘servicio’ en turco) que lidera Fethullah Gülen, el cual Erdoğan declaró que era un error considerar a éste igual de patriota que su partido. De hecho, él mismo confesó que este movimiento se había instalado dentro del Estado como “una estructura paralela” y prometió al pueblo turco que “limpiaría el ejército” gracias a “este regalo de Dios”. En cambio, se observa que “la limpieza” no se limita al ejército turco, sino que las detenciones están llegando a jueces, profesores, fiscales, policías, gobernadores provinciales, empleados públicos y empresarios civiles. Entre ellos hay el ex gobernador de Estambul, Hüseyin Avni Mutlu y el exjefe de policía de Estambul, Hüseyin Capkin.

Contrariamente a lo que se piensa, se sabe muy poco sobre este intento de golpe de Estado. La misma noche se mencionó un “consejo de paz en patria” con una lista de nombres de 2.839 militares detenidos inmediatamente, todos seguidores del Fethullah Gülen, considerado el instigador del golpe por parte del gobierno del AKP. Es muy difícil saber qué proyecto político hubiera instaurado este consejo si hubieran podido realizar el golpe, que seguramente seria una catástrofe para el país. En cambio, se puede opinar con mucha más certeza sobre las presentes y futuras acciones del gobierno del AKP tras la derrota del golpe.

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Ante todo hay que tener presente el significado de la invitación del presidente Erdoğan a los líderes de los principales partidos con representación parlamentaria excepto el partido prokurdo HDP (El Partido Democrático del Pueblo) para considerar la situación del país tras el fallido golpe. Los líderes de los partidos políticos del MHP (El partido de Acción Nacionalista), del CHP (El Partido Republicano del Pueblo) y del AKP terminaron este reunión en el palacio del presidente con un pacto que construyó “el frente nacional” para luchar conjuntamente a favor de la democracia. El HDP que principalmente representa la lucha política del pueblo kurdo no fue invitado a la reunión por “sus vínculos con el PKK”. Hay que añadir que el presidente Erdoğan pocos días después del fallido golpe empezó a hacer declaraciones relacionando FETÖ (La organización terrorista de Fethullah Gülen) con las milicias kurdas YPG (Unidades de Protección Popular) y el PKK, para justificar el rechazo a tratar “cuestiones nacionales” con el HDP. Por otra parte la purga iniciada justo después de la derrota no solamente afecta a los militares por luchar contra el movimiento Gülenista sino que se extiende a los medios de comunicación kurdos y a los militantes de izquierda, especialmente kurdos.

Justo un mes después, la policía irrumpió en la sede del diario kurdo Özgur Gündem con un orden de cierre temporal al periodico y deteniendo 17 periodistas del mismo. Diez días después, esta vez en Diyarbakır, la policía detiene 27 trabajadores del único periodico en lengua kurda y impide la emisión del canal de televisión prokurdo de noticias Özgür Gün como había hecho anteriormente con el otro canal de televisión prokurdo IMC TV.  Las organizaciones kurdas, entre ellas el DTK (El Congreso de la Sociedad Democrática), el HDK (El Congreso Democrático de los pueblos), el DBP (El Partido Democrático de las Regiones) el KJA (El Congreso de Mujeres Libres) y del HDP el día 31 de agosto declararon que empezarán una huelga de hambre hasta que se puedan comunicar con el Abdullah Öcalan, líder del PKK. Un día más tarde, la policía turca hizo una operación a la sede del DTK. Por otro lado, el gobierno del AKP se está preparando para emitir un decreto de ley que permita el control de los fideicomisarios en los ayuntamientos que gobierna el partido prokurdo porque puede gobernar mediante decretos de ley durante el estado de emergencia.Aunque el régimen del AKP, después de la derrota del golpe, no aumentó de forma inmediata su opresión contra el pueblo kurdo, las últimas semanas ha empezado a dirigirse claramente contra el movimiento kurdo en Turquía y también contra el avance de las milicias kurdas en Siria. La política del Estado turco contra el pueblo kurdo nunca tiene que ser valorada sin tener en cuenta su política exterior, especialmente su política en Oriente Medio y viceversa. Teniendo en cuenta la operación recién iniciada del ejército turco en Siria, se puede afirmar que el Estado turco tiene el objetivo de derrotar el proyecto político de Rojava, esta vez con su intervención directa. Turquía, al inicio del conflicto de Siria, primero apoyó el Ejército Libre de Siria (ELS) como hizo Arabia Saudí. El objetivo era derrotar al régimen del Basar el Asad y consecuentemente controlar con más eficiencia el Oriente Medio. Después de practicar esta política, cuando se evidenció que ELS no era capaz de derrotar al régimen, Turquía empezó a negociar con otros grupos yihadistas salafistas, quienes atacan también a las milicias kurdas que controlan los pueblos kurdos en el norte de Siria. En pocas palabras, el régimen del AKP incrementa la opresión política y la violencia contra el pueblo kurdo dentro del país y ataca los kurdos de Siria con su política intervencionista. La Unión Europea con su postura indiferente a cerca del reinicio del conflicto entre el Estado turco y el pueblo kurdo, de alguna manera, permite al Estado aumentar su opresión contra toda la oposición resistente. Este posicionamiento “neutro”, en primer lugar se puede considerar que se basa en el acuerdo que hizo la UE con el Estado turco que permite a Europa retornar a Turquía a todos los refugiados, incluidos los que vienen de Siria. Pero aún más, existe este silencio por parte de la UE porque el Estado turco es un socio estratégico, económico y militar de Turquía. Así que la postura de la UE no solamente puede considerar el acuerdo a cerca de la cuestión de los refugiados. En todo caso hay que tener en cuenta dos hechos actuales. Primero es que la mayor parte de los estados europeos guardan silencio delante de la destrucción masiva de siete ciudades kurdas y la matanza de cientos de civiles que vivían en estas ciudades. De la misma forma, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos no ha considerado ninguna denuncia que ha recibido como “apropiada” sobre los hechos en estas siete ciudades. Segundo es que este silencio de la UE también es presente en los hechos del gobierno del AKP desde que empezó el estado de emergencia en el país. Debido a la suspensión del convenio Europeo de Derechos Humanos se cometen diversas injusticias que destruyen la vida de miles de persones.

Turquía, después de este intento de golpe de Estado, se convirtió en un país donde se enfrentaron las dos fuerzas del movimiento del islam político con mucha más visibilidad. El movimiento del Hizmet del Fethullah Gülen y el AKP que durante muchos años compartieron el mismo espacio de poder de forma muy estratégica. Parecía que cada grupo sabia los limites de su espacio de maniobra, pero en realidad, como se puso en evidencia en los últimos dos años, cada fracción tenia la finalidad de derrotar a la otra. El conflicto entre ellos se hizo mucho más visible a partir de diciembre 2013 mediante las investigaciones de corrupción.

El movimiento de Gülen no fue solamente apoyado por parte del AKP sino también por parte de los gobiernos anteriores. Hay pruebas que ponen en evidencia que este movimiento fue favorecido por parte del Estado turco en la lucha contra el movimiento de la izquierda revolucionaria durante los años 60 y 70, y también ha sido un aparato para llevar a cabo el proyecto de islamización del país. El mandato del AKP, a diferencia de otros, está aplicando las medidas necesarias para perfeccionar su articulación del poder estatal. A pesar de que el régimen del AKP salió “no derrotado” de esta batalla, en realidad las dos fracciones del Islam político están perdiendo su poder en Turquía. Por un lado, tanto Erdoğan como los otros nombres importantes del AKP, reconocen que había un Estado dentro del mismo Estado. No solamente señalan que había una «estructura paralela» sino que explican que estaban preparando operaciones contra ésta. En efecto, aceptan la pérdida de una parte del control del aparato estatal. Por otro lado, la representación del régimen de Erdogan como un modelo de islamismo moderado se está difuminando en la mayoría de discursos importantes a nivel político. Tanto el aumento de la opresión después de la revuelta de Gezi contra los movimientos de izquierda en el conjunto de país, como el reinicio de la guerra en Kurdistan, esta vez también en las ciudades, empezó a desestabilizar Turquía. Esta situación empeoró con el inicio de la caída económica del país. A continuación, si añadimos la postura intervencionista y agitadora del régimen en cuanto a su política exterior, se puede afirmar que Erdoğan dejó de ser un “buen aliado” de la burguesía occidental. Finalmente, si se aprueba que esta tesis es apropiada, la pregunta relevante seria ¿qué sector y con qué ideología intentará restablecer el statu quo en el país?.

Özgür Günes Öztürk. Investigadora en ciencias sociales, doctorante en Sociología (Universidad de Lleida, Catalunya).

Categorized | Internacional, Política

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