Pasión por Cuba

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Algunas impresiones tras veinte días en el caimán del Caribe

  • Casi sesenta años de hostigamiento por parte del mayor imperio económico, militar y cultural-mediático de la historia, han hecho que se multipliquen las simpatías hacia Cuba en parte de la población mundial
  • Un estado de funcionarios ha demostrado que no funciona. Se impone la burocratización y la ineficiencia. Y, paralelamente, la economía sumergida
  • En Cuba, con los paladares (restaurantes pequeños de iniciativa privada) y otras formulaciones, como los alquileres de viviendas, se abren paso los negocios
  • Los hombres y mujeres de la isla, muy críticos, muestran su disconformidad con el Gobierno pero apenas nombran a la casi inexistente oposición y si lo hacen es para cuestionarla

(Galde 11, verano 2015). Enrique Bethencourt. Cuba despierta intensas pasiones. Fuera de la isla y, también, dentro. En casas habaneras viví en el pasado mes de septiembre intensas discusiones políticas sobre el socialismo y sus logros y fracasos; sobre el imperialismo, el poder, los liderazgos omnipresentes, los aciertos y errores, las más o menos auténticas rectificaciones; y la conveniencia o no del pluralismo y de la alternancia en los gobiernos.

Un debate que ha estado presente en la izquierda mundial en las últimas décadas. Y que en la propia América Latina se ha traducido en importantes cambios estratégicos en el período reciente. La izquierda ha llegado a numerosos gobiernos por las urnas, no por procesos revolucionarios armados. Y se somete al veredicto de la decisión ciudadana para continuar o no dirigiendo los distintos países.

También se han modificado las verdades inamovibles sobre una economía completamente estatalizada, en la que no hay espacio alguno para la iniciativa privada. Como señala el artista plástico cubano Nicolás Alayo, “llegamos al extremo de estatalizar hasta el que repara los zapatos o el que vende papas fritas”.

Lo privado y lo público conviven en Ecuador, Bolivia o Venezuela. Y en la propia Cuba, tímidamente, con los paladares (restaurantes pequeños de iniciativa privada) y otras formulaciones, como los alquileres de viviendas, se abre paso el negocio privado.

Algo que la mayoría de ciudadanos y ciudadanas agradece al actual presidente, Raúl Castro, impulsor de reformas que todos (favorables o contrarios al sistema) consideran que debieron ponerse en marcha mucho antes.

Pero hay que señalar que el debate político sobre futuras transformaciones democráticas o transiciones hacia otros modelos parece en Cuba cuestión de minorías. En la mayoría social, en la calle, las preocupaciones están volcadas en la economía y en sus cambios.

Los hombres y mujeres de la isla, muy críticos, muestran su disconformidad con el Gobierno pero apenas nombran a la casi inexistente oposición y si lo hacen es para cuestionarla. Mi impresión es que se avecinan, a corto y medio plazo, más cambios en el ámbito económico, pero que las transformaciones políticas están muy lejanas y que el Partido Comunista Cubano seguirá ejerciendo su dirección política y su status de partido único.

La distensión con Estados Unidos genera posiciones contradictorias en el caimán del Caribe. Se aplaude su efecto económico y la posibilidad de que se ponga fin al brutal e injusto bloqueo.

Pero, al mismo tiempo, se recela del vecino y de sus intenciones. Nicolás Alayo recuerda que “las palabras pronunciadas por John Kerry en el hotel Nacional en su visita a La Habana del pasado mes de julio solo confirman la continuidad de su modelo imperialista, sin el menor respeto a otros pueblos”.

En el mismo sentido se manifiesta el presidente de la Casa Canaria en Cuba, Carmelo González.“Obama fue muy claro reconociendo el fracaso de la política que hasta ahora han practicado (el bloqueo, el hostigamiento y el aislamiento de Cuba); pero asegura, asimismo, que suavizando aquellos modales, seguirán con los mismos objetivos fuera y dentro de Cuba. Esto significa que vamos a tener una lucha continua para evitar hechos desagradables. No podemos fiarnos ni bajar la guardia en ningún momento”, asegura.

Ineficiencia 

Cuba es, prácticamente, un estado de funcionarios, en el que desde los años 60 del pasado siglo fueron estatalizados por la triunfante revolución prácticamente todos los sectores productivos.Una fórmula que ha demostrado que no funciona, que presenta muchos déficit, que genera falsos empleos y escasa productividad.

Vivimos varios ejemplos. Desde las tres personas para limpiar unas cristaleras (uno con el spray, otro con el paño y el tercero vigilando) a las dos que tras pagar nuestra compra en un supermercado comprueban nuestros tickets y los productos adquiridos. Hasta la señoras sentadas en las puertas de los baños de restaurantes y cafeterías.

Igual sucede en el conjunto del sector turístico, que precisa una profunda renovación de las infraestructuras y una mejor formación del personal, máxime ahora que pretenden duplicar sus actuales cifras de visitantes, unos tres millones al año en estos momentos.

En el país se impone la burocratización y la ineficiencia. La gente no tiene estímulos y sabe que ganará igual (muy poco) haga bien o haga mal su trabajo.

Que las posibilidades de progresar son casi nulas.

Que no hay abismos, más bien todo lo contrario, entre trabajar o no hacerlo y mantenerse con la Libreta y trapichear un poco.

Que tras medio siglo de revolución continúan las carencias.

Que el acceso a una vivienda digna y la movilidad siguen siendo problemas a resolver.

Que los salarios son muy bajos, aunque la Libreta garantice la supervivencia.

Ya las promesas de una transformación de la sociedad hacia mayores niveles de abundancia resultan poco creíbles.

A ningún pueblo se le puede exigir que el heroísmo sea su modo habitual de vida.

Y la situación económica y el cansancio llevan al escaqueo, la falta de entrega y el ‘búscate la vida’. A la economía sumergida y a los negocios ilegales. O, así mismo, a hacer planes para abandonar el país y empezar una nueva vida lejos, con casa, carro y una llena despensa.

Estrecheces

Algo que quiere hacer mucha gente joven, pero también cincuentones que afrontan el último tramo de su vida laboral sin garantías para afrontar la vejez y con las mismas estrecheces con las que comenzaron a trabajar hace treinta años.

Como señalauna estrofa del viejo tema de Silvio Rodríguez Canción en Harapos(“Qué fácil es protestar por la bomba que cayó / a mil kilómetros del ropero y del refrigerador / Qué fácil es escribir algo que invite a la acción / contra tiranos, contra asesinos / contra la cruz o el poder divino / siempre al alcance de la vidriera y el comedor)” es muy ‘fácil’ situarse ante lo que sucede en Cuba.

Aplaudiendo su resistencia, justificando sus errores o criticando sus incompetencias. Desde las distintas atalayas siempre es sencillo dar lecciones a los otros.

La izquierda y la épica

Junto a su discurso liberador y la defensa de los valores de equidad y de combate contra cualquier tipo de discriminación, la izquierda está cargada, también, de una pesada mochila de mitos y tópicos. Tiene sus símbolos y sus rituales, a veces cuasi religiosos.

Y un peso importante de la épica. Eso, sin duda, nos atrajo del singular y desigual combate de Cuba frente a Estados Unidos.

Casi sesenta años de hostigamiento a una pequeña isla por parte del mayor imperio económico, militar y cultural-mediático de la historia, han hecho que se multipliquen las simpatías en parte de la población mundial hacia Cuba, sus dirigentes y su pueblo.

De manera especial en América Latina y, si cabe, aún más después de la derrota de Salvador Allende y de la democrática y pacífica vía chilena al socialismo tras el cruento golpe de estado del 73, dirigido por Pinochet con el apoyo de Estados Unidos.

A ello se suman sus reconocidos notables esfuerzos por mejorar los niveles educativos y culturales de su gente. O la universalización de la atención sanitaria, algo poco común en los países de su entorno geográfico y socioeconómico.

Una universalización que las derechas cuestionan abiertamente en España y en Europa, con repagos y un descarado programa para tratar de hacer crecer el sector privado recortando y desprestigiando el público, en el caso español uno de los mejores sistemas del mundo.

Hablar con cubanos de todas las edades, de diferentes ámbitos profesionales y distintos niveles educativos, confirma que se han alcanzado éxitos en cuanto a tener un pueblo culto, conocedor de su historia y con una sensibilidad literaria y artística que sorprende. La televisión también se vuelca en las tareas educativas y formativas, así como en la difusión del rico patrimonio cultural cubano.

Formación 

El alto nivel formativo de sus jóvenes constituye un problema y una envidiable solución. Y hoy pesa más el problema, sus ansias y aspiraciones. Las precarias condiciones de vida están impulsando a muchos a tratar de buscarse la vida fuera.

Y no sólo a los jóvenes.

Esas situaciones, graves en cualquier sector de la sociedad, alcanzan tintes dramáticos en el caso de la Sanidad cubana, uno de sus mayores emblemas, uno de sus mayores orgullos nacionales.

El exilio médico hacia distintos estados americanos y especialmente a Ecuador, supone un problema a corto y medio plazo para la sanidad cubana, uno de los orgullos del país, que se puede empezar a deteriorar de forma progresiva.

Profesionales de nivel, conscientes y muy trabajadores, que buscan unas mejores condiciones salariales que el exiguo sueldo que les ofrece la sanidad cubana,unos 80 euros al mes.

Esta situación se extiende a amplias capas de la población, no necesariamente viscerales anti socialistas, que hacen cola ante la Embajada de Estados Unidos o tratan de desplazarse a otras naciones americanas o europeas. Lo que no es fácil por las actuales restricciones en los países receptores.“Antes no nos dejaban salir del país y ahora no nos dejan entrar en otras naciones”, se quejan muchos ciudadanos y ciudadanas de la isla caribeña.

De no revertirse la presente situación, con una mejora del nivel adquisitivo y un mayor acceso de la población a bienes de consumo, la descapitalización humana puede resultar imparable. Y sus consecuencias para la nación, terribles.

Economía sumergida 

Y a esas circunstancias no pueden cerrar los ojos las izquierdas. Y, especialmente, las que admiran el tesón y la épica del pueblo cubano. La economía estatalizada, emula del socialismo real, ha fracasado y su ineficiencia lleva al desabastecimiento y, como respuesta, a la economía sumergida y a la corrupción.

Reconocerlo no lleva necesariamente  al suicidio. No hacerlo es un acto irresponsable que a nada bueno conduce. Cuba debe aprender de sus errores más relevantes y rectificar en beneficio de una economía productiva y sostenible (en la isla son graves los problemas medioambientales y ni siquiera se clasifica la basura) que satisfaga las necesidades básicas de la gente.

Y ya que el Papa Francisco acaba de visitar Cuba el pasado mes de septiembre, despido este artículo con un poema, con una alta dosis de ironía, del gran poeta cubano Nicolás Guillén:

“Virgen de la Caridad,
que desde un peñón de cobre
esperanza das al pobre
y al rico seguridad.
En tu criolla bondad,
¡oh, madre!, siempre creí,
por eso pido de ti
que si esa bondad me alcanza,
des al rico la esperanza,
la seguridad a mí.”

 

Categorized | Dossier, Internacional, Política

Txema García
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