¿Hacia el fin del crecimiento?

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El impacto del encarecimiento de los recursos naturales en el PIB

Roberto Bermejo. (Galde 01, invierno/2013)La cuestión del crecimiento ha vuelto a recobrar actualidad como consecuencia de la crisis por la que atraviesan buena parte de las economías occidentales, planteándose por parte de algunos sectores como la única esperanza en la que basar la creación de empleo y recuperar los niveles de renta perdidos. Sin pretender abordar toda la complejidad del debate suscitado a este respecto, este artículo pretende mostrar las debilidades de cualquier planteamiento que pretenda analizar la crisis sin considera la problemática de los recursos naturales o plantear el crecimiento como alternativa sin tener en cuenta el encarecimiento de los mismos. Para ello, se aborda en primer lugar del debate sobre el impacto del encarecimiento del petróleo en el inicio de la crisis económica actual, pasando después a analizar el impacto actual del petróleo a medida que se encarece y del conjunto de las materias primas principales en el PIB. Por último, trata de los previsibles impactos futuros.  Todo ello se plantea partiendo del hecho de que, con el cambio de siglo, se rompe la tendencia histórica de abaratamiento de los recursos naturales en el mundo. Entre todos los recursos naturales, el encarecimiento de los combustibles fósiles (y especialmente el petróleo) polariza la atención de los economistas de la energía. Y ello es debido a su dinámica de fuerte encarecimiento y a la dificultad de encontrarle un sustituto en dos áreas económicas fundamentales: el transporte y la petroquímica. El 70% del petróleo se utiliza en el transporte y éste combustible aporta el 96% de la energía consumida por ese sector.

Panorama histórico hasta el momento actual

Los centros de poder la catalogan la crisis actual como financiera (motivada por una burbuja especulativa financiera que fue reforzada por una burbuja especulativa inmobiliaria). Sin negar este factor, la escalada de precios del petróleo y la de gran cantidad de otras materias primas esenciales tuvieron una destacada influencia. La escalada provocó inflaciones elevadas y una fuerte reducción de capacidad de gasto y de inversión en los países OCDE. A finales de 2007 empezó a repuntar la inflación, llegando en países OCDE hasta cotas del 5-6% en la primera mitad de 2008. Los bancos centrales reaccionaron con la receta habitual: elevando el tipo de interés. Esto provocó el encarecimiento del crédito en el momento en que la burbuja inmobiliaria empezaba a colapsar. Ello aceleró su colapso y retroalimentó a su vez el colapso del sistema financiero, que había desarrollado su propia burbuja. Por último, en 2008 el coste del petróleo alcanzó la cota del 5% del PIB mundial que, como veremos, superó el umbral que provoca crisis económicas. Así que se puede concluir que la escalada de precios del petróleo fue un factor magnificador del efecto conjunto del estallido de las burbujas inmobiliaria y financiera. Por lo que la crisis iniciada en 2008 no fue sólo una del tipo indicado, sino que, como apunta Rubin “fue un síntoma de una crisis más grande, una crisis energética” 1

Se han desarrollado diversos enfoques para determinar el impacto del gasto en petróleo en el PIB y en la mayoría de los casos los países OCDE han sido el foco de análisis, aunque también en algún caso el ámbito del estudio es mundial. Resulta difícil  evaluar la magnitud del impacto (que siempre será discutible), pero este problema pierde relevancia ante el futuro que nos espera de fuerte encarecimiento de las materias primas.

Los economistas ortodoxos suelen utilizar el enfoque de evaluar el impacto en el PIB de un incremento del precio del petróleo importado de 10$/b. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) considera que en la OCDE tal aumento detrajo 0.2 puntos del PIB en 2012 2  Otros autores, definen el umbral de precios a partir del cual empieza a reducir significativamente el PIB. Y cuando más se rebase ese umbral mayor será el impacto, disminuyendo cada vez más el crecimiento y pudiendo llegar al estancamiento, que es la antesala del decrecimiento. Los autores que defienden este enfoque consideran que los países de la OCDE se ven impactados cuando el precio del barril supera los 90$ en periodos prolongados. Lo que indicaría que no pueden salir de la crisis mientras los precios se mantengan por encima de 100$/b. A diferencia de lo que ocurre en la OCDE, los analistas consideran probable que China e India pueden soportar precios de 100-110$/b. La razón que justificaría tal disparidad de umbrales es que el incremento de productividad marginal de un barril de petróleo es mayor en China e India, dado que sus consumos per cápita son muy inferiores a los de la OCDE 3

Está demostrado que los prolongados periodos de relativamente bajos precios del petróleo están asociados a elevado crecimiento económico (el precio medio histórico del petróleo fue 20$/b), como ocurrió en la onda expansiva posterior a la SGM, y que por el contrario los periodos de precios elevados han sido de crecimiento bajo, cuando no de crisis. J. J. Hamilton muestra que de 11 recesiones que se produjeron en EE UU después de la SGM 10 fueron precedidas de escaladas del precio del petróleo. Y “la correlación entre las fuertes escaladas de precios del petróleo son demasiado fuertes como para ser una coincidencia”, lo que no quiere decir que los altos precios del petróleo fuera la causa única de las recesiones, sino que fue “un factor contribuyente” 4. Por su parte, D. J. Murphy y C. Hall avanzan en este enfoque al evaluar la contribución media de los precios del petróleo a los periodos expansivos y contractivos al provocar variaciones en el consumo de petróleo: “Alrededor de la mitad de la variación del crecimiento económico, eso es, periodos de recesión versus periodos expansivos, puede ser explicado por la variación en el consumo de petróleo sólo” 5

Algunos autores profundizan en este estudio al determinar el umbral de gasto en petróleo en relación con el PIB que se correlaciona con crisis económicas y vamos a ver que existe un notable acuerdo en la definición de ese umbral entre ellos. En el trabajo ya citado, Murphy y C. Hall estiman que cuando el gasto en energía alcanza el 5.5% del PIB se producen recesiones. Pero en la recesión de 1973-1975 no se alcanzó el ratio de 5.5, lo que indica que también intervienen otras variables. En este caso los precios se cuadruplicaron entre octubre y diciembre de 1973, por lo que no hubo tiempo para amortiguar el impacto, y se habían debilitado los motores que impulsaron la expansión del periodo 1950-1973. S. Kopits llega a una conclusión semejante que los autores anteriores en un informe presentado a la Subcomisión de Energía del Congreso de EE UU en 2011. Establece un umbral de gasto de petróleo en relación al PIB que produce recesión al declarar que “históricamente cuando el gasto en petróleo alcanza el 4% del PIB, EEUU cae en recesión” 6 Ambos resultados son muy semejantes porque en el primer caso se contabiliza toda la energía importada (sobre todo, petróleo y gas), mientras el segundo sólo contempla el petróleo.

M. Li considera por su parte que cuando el consumo mundial de petróleo supera el nivel del 4% del PIB, la economía entra en recesión profunda, considerando como tal fenómeno el que el crecimiento del PIB mundial cae por debajo del 2% 7 . En el periodo 1974-1985 el consumo de petróleo supuso como media un 4% del PIB mundial y el resultado fue que la economía mundial sufrió tres profundas recesiones: en 1974-75, 1980 y 1982.   Después, en 2006 y 2007 el gasto volvió a tocar el umbral del 4% y en 2008 se elevó al 5%, provocando una nueva recesión mundial. En 2009 la economía mundial decreció por primera vez desde la SGM.

Por último, tenemos el enfoque que analiza el impacto económico de un índice integrado de precios de múltiples materias primas. Este es el enfoque que utiliza J. Grantham, director de la compañía GMO dedicada al comercio internacional que define un índice de precios de 33 materias primas (entre las que se encuentran los combustibles fósiles, el uranio, los metales principales, aparte de alimentos y fibras naturales). Al estudiar la evolución histórica de tal índice llega a una muy importante conclusión: Después de una  tendencia de reducción del peso en el PIB del gasto de materias primas en el periodo 1900-2000 (un 1.2% al año) y una cambio agudo de tendencia a partir de 2002, creciendo el gasto en el periodo 2000-2010 al ritmo anual de un 7%, por ello el autor define la nueva situación como un cambio de paradigma. Este crecimiento está motivado por el encarecimiento del petróleo, de los principales metales e incluso de los productos agrícolas, sobre todo debido a que el coste de los fertilizantes se multiplicó por un factor de 2-3. Al aplicar los ratios indicados a la economía de EE UU, el autor llega a las conclusiones que, por un lado, el descenso anual del 1,2% aportó al PIB un 0,2 puntos porcentuales al año y, por el contrario, el encarecimiento anual de los costes del 7% le ha detraído un 0,4 puntos. 8 (Grantham, 2012: 11, 12).

Gráfico: El impacto reductor del PIB de Estados Unidos del encarecimiento del petróleo

Fuente: J. Grantham: “On the road to Zero Growth”, GMO Quarterly Letter, November, 2012

Se considera que el repunte del crecimiento en 2010 fue espoleado por los bajos precios de los recursos naturales y un consiguiente aumento del consumo de petróleo. Por el contrario, en 2011 el precio del petróleo se disparó, lo que determinó, lo que determinó que el petróleo fuera el más caro de la historia y su costo supero el 5% del PIB mundial. Una idea de la magnitud del impacto del petróleo caro fue que el coste de su importación en la UE pasó de 280.000 millones de dólares en 2010 a 470.000 en 2011. En 2012 la factura siguió creciendo, aunque de forma más moderada, y se estima una factura superior a 500.000 millones y todo ello a pesar del desplome del consumo de petróleo como consecuencia de la fuerte crisis. Al aumento de la factura ha contribuido también la desvalorización del euro en relación con el dólar. En 2011, la factura china se elevó 50.000 millones de dólares, alcanzando los 250.000 millones (Pfeifer, 2011, FT Nov. 27; Li, 2011).

Una breve mirada al futuro

J. Grantham plantea dos escenarios de encarecimiento, admitiendo que el grado de incertidumbre es alto, con las premisas de que la economía mundial sólo crezca al ritmo del 3.5% y que se mantiene el ritmo aumento del productividad anual en el 3.25%. En un escenario se mantiene el ritmo de encarecimiento del 7%, lo que determina que el precio de los recursos se duplica cada 10 años, lo que provocaría que en menos de 20 años la economía estadounidense se estancara. Y si el índice crece al 9%, llega a la conclusión de que todo el potencial de crecimiento de la economía de EE UU se habrá agotado en 11 años. Así que habría llegado al estancamiento, para luego decrecer, si no se toman medidas. Pero si el incremento anual de la productividad aumenta del 3.25% al 5%, el crecimiento cero se retrasaría hasta 31 años. Estos escenarios son coherentes con la tendencia de EE UU a reducir su ritmo de crecimiento, que es común al resto de países OCDE. EE UU creció en los 100 años previos a 1980 al ritmo medio del 3.5% y no existe caso semejante. Pero a partir de 1980 el ritmo de crecimiento ha venido bajando y le ha costado cada vez más superar las recesiones habidas. Por todo ello el autor titula su artículo “On the Road to Zero Growth”.

Sin embargo, aunque la gran mayoría de las sociedades sufrirán un impacto muy alto, su intensidad dependerá de las características de cada una. Será menor cuanto más predominen los factores siguientes: administraciones con finanzas saneas; alta eficiencia energética; grandes recursos de petróleo y/o gas y/o de metales estratégicos; fuerte desarrollo de las tecnologías solares; alto nivel de reciclado de materiales, elevada capacidad de cambio tecnológico; baja apertura de la economía; alta diversidad de tejido económico; instituciones sólidas; alta cohesión social; baja población en relación con los recursos, etc. Por ello, los países exportadores de la OCDE (Noruega, Canadá y Australia) se encontrarán entre los menos impactados.  Indudablemente los países No-OCDE con fuerte capacidad exportadora, sobre todo de petróleo y gas y una cierta aproximación a las premisas anteriores sufrirán un impacto mucho menor que el resto.

Por último, las importaciones de petróleo y gas de España eran en 2010 del 70%, sólo superado en la UE por Irlanda e Italia (países que no tienen energía nuclear). Su coste alcanzó el récord en 2008 con 45.000 millones de euros. Después de la fuerte reducción de la factura en 2009, empezó a aumentar al ritmo de unos 5.500 millones al año. En 2010 la factura alcanzó 34.500 millones de euros, 40.000 en 2011 y 46.000 (estimación) en 2012 (www.cores.es). El precio del gas para hogares se ha casi duplicado en los últimos 4 años. Teniendo en cuenta que el PIB de 2012 se sitúa alrededor de 1, 05 billones de euros, las importaciones de petróleo y gas suponen el 4.4% del PIB, cifra que sube alguna décima, al tener en cuenta las importaciones de carbón y de combustible nuclear. Tal cifra coloca a la economía española cerca del umbral de recesión, según las estimaciones realizadas. Y todo ello ocurre en un país que tiene el mayor potencial de energía solar y eólica de la Unión Europea, pero que tiene un gobierno que ha decidido que no merece la pena ser impulsadas. No deben ser estratégicas, como lo son el resto de las infraestructuras.

El panorama esbozado en este artículo pone de manifiesto el creciente efecto limitador del PIB debido al proceso de encarecimiento de los recursos naturales, que es el lógico reflejo de su escasez, y la insostenibilidad del actual modelo económico. Ello cuestiona la estrechez del debate actual sobre qué política económica es más adecuada para superar la crisis y apunta a la necesidad de avanzar rápidamente (en especial en el campo energético) hacia un modelo económico que sea sostenible. El cual es incompatible con el crecimiento ilimitado.

Notes:

  1. J. Rubin: Why your world is about to get a whole lot smaller, Ney York, Random House, análisis respaldado por otra parte por muchos autores.
  2. AIE (Agencia Internacional de la Energía): Outlook 2012, AIE.
  3.  S. Kopits: “Oil, the Economy and Policy”, Our Finite World, March 2012. Por otra parte, como señala Yanagisawa, este enfoque es similar al que utilizan bancos como Deutsche Bank, Morgan Stanley, Goldman Sach, etc., que consideran que el precio de 120$/b constituye una seria amenaza para el crecimiento mundial. Ver  a este respecto Yanagisawa, A.: “Impact of Rising Oil Prices on the Macro Economy”, IEEJ, May 2012.
  4. Hamilton, J. D.: “Oil Prices, Exhaustible Resources, and Economic Growth”, prepared for Handbook of Energy and Climate Change. 2011.
  5. Murphy, D. J., y Hall, C.A.S.:  “Energy return on investment, peak oil, and the end of economic growth”, Annals of the New York Academy of Sciences 1219. 2011.
  6. http://ourfiniteworld.com/2011/03/03/steven-kopits-oil-the-economy-and-policy.
  7. Li, M.: “Has the Global Economy Become Less Vulnerable to Oil Price Shocks?, 2012 www.theoildrum.com/node/9008
  8. Grantham, J.: “On the road to Zero Growth”, GMO Quarterly Letter, November, 2012.

Categorized | Dossier, Economía

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