Reseña: Melancolía y cine

Una travesía poética y reflexiva

(Galde 23, 2019/invierno). Fernando Golvano.-

En su larga travesía crítica, investigadora y docente en torno a la creación cinematográfica, Santos Zunzunegui se ha ocupado de modo intermitente del estudio de la dimensión melancólica de algunos filmes y autores. De esas tentativas semióticas ha partido para escribir un libro con el título Bajo el signo de la melancolía. Cine, desencanto y aflición, publicado en 2017 y que, recientemente, ha merecido el Premio Euskadi en la modalidad de ensayo. Se trata de un ensayo extraordinario que indaga en una serie de filmes cuyas elecciones formales anudan significaciones e historias de signo melancólico. Parte de dos obras muy conocidas en la historia de las artes visuales, (Melancolia I, Alberto Durero, 1514, y New York Movie, de Edward Hopper, 1939), para trazar una teoría de la melancolía y con el apoyo también de análisis de Walter Benjamin, Freud, Agambem y Clair, entre otros, referidos a la literatura y las artes.

Uno de los cuatro humores definidos por la teoría de la medicina en la antigua Grecia, el relativo a la bilis negra se asociaba a la melancolía. Los atributos de ese específico temperamento o afección del alma humana han sido diversos y cambiantes; no obstante, algunos rasgos han persistido como más genuinos: una insatisfecha búsqueda de conocimiento que entrelaza de modo indiscernible el hacer racional y el pasional, un impulso nostálgico de lo que aconteció o de lo por venir que nunca llega, y un malestar por la cultura y el mundo heredados. Ya en un texto atribuido a Aristóteles se preguntaba por qué razón las figuras que sobresalían en la filosofía, la poesía, las artes o la política eran de temperamento melancólico. La melancolía está presente tanto en los autores y autoras como en las obras que suscitan sentimientos sublimes, a saber: una ambigua experiencia de placer y dolor. El ángel de Durero, el Quijote y Hamlet, serían así figuras emblemáticas de signo melancólico.

La tristeza y la nostalgia no equivalen a melancolía aunque a veces participen de su ánimo. Quien padece melancolía siente una exacerbada tentación por el abismo existencial que toma una incesante forma reflexiva. Zunzunegui propone una serie de casos de estudio mediante diversas figuras de la melancolía. Así, el temperamento melancólico de Orson Welles está en sus filmes y en su talento creador; Jean-Luc Godard también enlaza una melancolía del yo, y un abordaje fílmico en su melancólica Histoire (s) du cinéma (1998). La melancolía asociada al mal de amor subyace en las obras de J. L. Guerin, Unas fotos en la ciudad de Sylvia y En la ciudad de Sylvia (2005-2007), y de Mizoguchi, La emperatriz Yang (1955). La postración es otra significación melancólica que reconoce en Jalsaghar (1959), de Satyajit Ray, y Last Days (2005), de Gus Van Sant. Las ruinas serán otro motivo presente en la formas reflexivas de filmes melancólicos y con buen criterio analiza Bassae (1964), de Jean-Daniel Pollet; la célebre Germania annozero (1948), de Roberto Rossellini; Dal Polo all’Equatore (1986) y Oh! Uomo (2004), de Yervant Gianikian y Angela Ricci Luchi. La figura de la descomposición es abordada en los filmes de Luchino Visconti: Senso (1954) y El gatopardo (1963). Completa su revisión de filmes que enuncian pensamientos fúnebres de significación melancólica y entre los que cabe destacar: Dublineses (1987), de John Huston; y La chambre verte (1978), de François Truffaut.

La lectura del ensayo de Santos Zunzunegui, que viene a ser un magnífico alarde crítico, un destilado de saber y memoria propio de su madurez interpretativa, nos permite confrontar nuestra propia experiencia en relación al cine y a la melancolía que, al fin y al cabo, sería un modo de interrogar nuestra propia constelación de afectos y memorias de signo saturnal. Sabido es que, como escribe Alberto Savinio en su Nueva Enciclopedia (1941-1048), «la melancolía llega en las treguas de la esperanza (…). El verdadero arte es con frecuencia melancólico, pero nunca triste. En el fondo, la diferencia entre la tristeza y la melancolía es precisamente que la tristeza aleja de sí el pensamiento, mientras la melancolía se alimenta de él». Diríase que esa percepción extraemos de las minuciosas disecciones de secuencias o planos que Zunzunegui describe en su cabal y poético ensayo.

Santos Zunzunegui
Bajo el signo de la melancolía. Cine, desencanto y aflición”
Ediciones Cátedra, Madrid, 2017.

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