Entrevista a Iñigo Lamarca

Iñigo Lamarca 1

Manu Gonzalez entrevista a Iñigo Lamarca. (Galde 09, invierno 2015).

Iñigo Lamarca lleva once años al frente de la Oficina del Arateko (La Defensoría del Pueblo del País Vasco), un largo periodo de aparición pública en defensa de derechos sociales, de igualdad y justicia, de contacto directo con innumerables demandas ciudadanas e intermediación con las administraciones públicas. Pero Iñigo ya era conocido por su compromiso en la defensa de los derechos humanos y, como nos lo expresa en la entrevista, activista desde joven para contribuir a cambiar y mejorar la sociedad. En su momento, fue un destacado impulsor del movimiento en defensa de los derechos de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales. De formación jurídica, fue profesor en la UPV-EHU y letrado de las Juntas Generales de Gipuzkoa

Lamarca nos recibió en su despacho de la Oficina  del Ararteko ubicada en la Avenida de la Libertad de Donostia, preparando su vuelta laboral a la plaza de letrado. (Nota: Lamarca se despide de Ararteko, 15/04/2015).
Hemos conformado la entrevista tras una larga charla con una persona curtida en infinidad de cuestiones que han sido objeto de atención pública en el devenir político y social de la CAV, y en otras muchas, más invisibles, pero que afectan al sufrimiento, esperanzas y desesperanzas de muchas personas. 

¿Cuál es tu valoración del momento que estamos viviendo, y que  desde muy diferentes visiones se viene denominando de “crisis”?

IÑIGO LAMARCA.-  Para hablar de crisis, de la crisis que estamos atravesando, tenemos que hablar necesariamente del marco europeo y del marco mundial. Porque es una crisis que se manifiesta primero en EEUU con la quiebra de Lehman Brothers, y es una crisis del sistema financiero. El sistema financiero es un monstruo que camina solo y parece que el poder político no puede o no quiere controlarlo o regularlo. Este sistema mueve a nivel mundial 8 ó 9 veces más volumen de transacciones que la economía productiva, que el comercio. Un segundo marco, que es el que nos incide directamente, es el marco europeo, donde se ha implantado la ley de hierro de un control muy estricto de la deuda y del déficit. Más que control, lo que se impone es la exigencia de una disminución del déficit y de la deuda pública, de manera que en el horizonte temporal del 2020, las normas de la política presupuestaria europea demandan un déficit presupuestario cero y una deuda pública inferior al 60 %. En el actual contexto de débil crecimiento económico, estos objetivos no son factibles salvo que se produzca, como en Grecia, una drástica disminución del gasto público y del gasto social. Euskadi y sus políticas públicas se mueven dentro de este doble marco, pero a mi juicio, aquí es posible mantener e incluso reforzar las políticas públicas y las políticas sociales.

¿Podrías caracterizar los elementos principales de cómo está incidiendo en la sociedad vasca esta situación?

I. L. El Gobierno Vasco suele hacer periódicamente una encuesta de pobreza y desigualdad. La última se ha dado a conocer a comienzos de este año. Destacaría dos hechos. El primero: por vez primera se constata el predominio de la movilidad social descendente; el sector social que en 2004 se hallaba en posición de bienestar social casi completo era el 41,4%; ahora es el 30,2%. Por tanto, un sector social significativo se ha empobrecido. Segundo: entre 2008 y 2014, la mitad de la población vasca ha incrementado ligeramente sus ingresos corrientes medios, pero un 30% ha visto disminuirlos en un 4% y para el 10% más pobre la disminución ha sido del 13,4%.

La primera conclusión de estos datos es que se ha producido un incremento notable de la desigualdad socioeconómica. A este dato habría que sumarle un segundo elemento que no aparece explícitamente en la encuesta pero que en el Ararteko lo percibimos a través de las quejas, de los comentarios en las oficinas y de la información de las organizaciones sociales: el aumento de la incertidumbre, la precariedad y el miedo. Asociado al primero de los elementos señalados, cabe subrayar un tercero, según los datos de la encuesta referida: la disminución o pérdida de ingresos de mucha gente, porque han perdido el empleo, porque les han bajado los salarios o porque, en el caso de los autónomos, se ha producido un decremento de sus ingresos. Y a todo ello hay que sumarle el aumento de la precariedad, y la aparición del miedo, de la incertidumbre y de la desesperanza (sobre todo en los jóvenes).

Manu: ¿Este panorama  qué consecuencias puede tener socialmente?

I. L. Pues ya estamos viendo algunas consecuencias. Una primera es el aumento de la xenofobia y del racismo, un fenómeno, que creíamos que era ajeno al País Vasco. En algunos sectores se ha instalado la idea de que los servicios sociales, las prestaciones sociales, tienen que ser sólo para los autóctonos y que a los inmigrantes hay que reducírselos o quitárselos.

En segundo lugar, cabe constatar el aumento de la inequidad y de las necesidades indebidamente cubiertas. Hay una demanda de ayudas sociales por parte de sectores de población trabajadora, o de clases medias/bajas, que se han empobrecido y no pueden mantener la calidad de vida de antes y andan muy justas para llegar a fin de mes; en consecuencia, demandan ayudas pero no pueden acceder a ellas porque no están en situación de exclusión social.

Estamos cerca de la fractura social, del estallido del llamado contrato social y de la quiebra de la cohesión y la inclusión sociales.

Independientemente de la crisis, es evidente que la sociedad actual es enormemente compleja y conflictiva. ¿Estamos más o estamos menos protegidos por las administraciones?

I. L. La protección social, el Estado Social, es una seña de identidad de Europa occidental tras la segunda guerra mundial. Tiene tres fundamentos básicos: garantizar la dignidad de las personas (es decir, la vida digna), garantizar la igualdad de oportunidades o la igualdad real y efectiva y, como consecuencia de ello, proteger a las personas, sobre todo a las personas más necesitadas o más vulnerables. En la actualidad, el Estado social está experimentando recortes y restricciones en un contexto en el que las necesidades (sobre todo de las personas dependientes) están subiendo. Hay que decir bien claro que las reformas que necesita el Estado social no tienen por qué afectar negativamente a sus servicios y prestaciones. Bajo el discurso de que es inevitable una jibarización del Estado social se hallan camuflados la ideología neoliberal así como los intereses de determinadas empresas y corporaciones que lo quieren privatizar todo. En Euskadi, aunque ha habido también recortes, se están manteniendo, de momento, los elementos esenciales del Estado social. Ahora bien, tengo que señalar que los informes extraordinarios que hace el Ararteko referidos a políticas sociales ponen de manifiesto que las mismas son mejorables comparándolas con políticas de otros países. En todo caso, yo creo que uno de los grandes debates del futuro próximo va a ser el mantenimiento y la sostenibilidad del Estado social. Y con ello la protección de las personas, y sobre todo de aquellas personas más necesitadas. Insisto en que las necesidades están aumentando, sobre todo las asociadas a las personas mayores y a las personas dependientes en general, y van a seguir creciendo.

Por tanto, el Estado social va a ser más necesario que nunca en Europa, y sin embargo, tenemos una amenaza: el peligro de que se produzca un recorte sustancial de las prestaciones sociales y que las administraciones, como es el caso del actual Gobierno holandés, demanden a los ciudadanos que sean ellos mismos quienes atiendan las necesidades de las personas. Eso me parecería muy grave. Pero ese debate ya ha llegado.

Manu: ¿Y con respecto a la tutela de los derechos y el acceso a la Justicia.?

En esta situación de precariedad, tú demandas a la administración, y la administración a veces te contesta y a veces no.

I. L. Una de las conclusiones claras de la evolución social en mis diez años como ararteko es que la ciudadanía se ha empoderado. Yo veo con muchísima satisfacción e incluso con orgullo, como hay cada vez más grupos sociales, grupos vecinales, -por ejemplo en el ámbito del medio ambiente-, que cuentan con mucha información y también con formación, y que, en base a ello, pueden “tutear” a la administración y plantearle proyectos alternativos de obras públicas o cuestionar aquellas que no están debidamente fundamentadas. En cualquier caso, la administración tiene muchísimos privilegios. Muchas veces la respuesta de la administración cuando la ciudadanía no está de acuerdo con lo que hace, es: “Vaya usted a los tribunales”. Pero, la jurisdicción contencioso-administrativa no es suficientemente eficaz para proteger a la ciudadanía frente a la administración.

Manu ¿Eso lo afirmas, no?

I. L. Sí, lo afirmo claramente. La Administración de Justicia no es suficientemente eficaz en la citada jurisdicción porque, uno: tarda mucho; dos: porque, merced a los privilegios que tiene, la Administración puede alargar los procedimientos hasta llegar al Tribunal Supremo, dilatando mucho en el tiempo el asunto. Además, se ha producido una gran reforma impulsada por Gallardón, que ha ido en detrimento del derecho de los ciudadanos, y es la llamada Ley de Tasas. Eso ha traído consigo una disminución notable de las demandas (sobre todo de los recursos) en la jurisdicción contencioso-administrativa. Además, aquellas empresas o corporaciones que cuentan con medios sí pueden aguantar el pulso de la administración, pero un ciudadano corriente, no. Por lo tanto, yo creo que ha habido un retroceso en la garantía de derechos de la ciudadanía frente a la administración.

Manu Y ante el requerimiento vuestro, ¿las administraciones responden?

I. L. Las administraciones, en aquellos casos -que más o menos son la mitad de los expedientes de queja resueltos- en los cuales hemos detectado que no funcionó debidamente, o hubo una mala praxis administrativa o una irregularidad o un abuso del poder, han modificado sus decisiones o su comportamiento, aun cuando no estaban obligadas a hacerlo, en un casi 92%. Por lo tanto el Ararteko, y las defensorías en su conjunto, creo que hacen una  buena labor de defensa de los derechos de los ciudadanos frente a la administración, y creo que habría que reforzarlas porque son una garantía cada vez más importante de defensa del derecho de los ciudadanos frente a la administración.

Manu: ¿Y respecto a la participación pública?

I. L. El retraso y las carencias existentes son enormes. Hoy en día la participación es muy escasa y la mayor parte de los casos, se limita a la posibilidad de hacer alegaciones ante un proyecto, por ejemplo, de una obra pública, que ya está en una fase muy avanzada y que además ya está decidida. Por lo tanto, es un mero formalismo.

Lo que nosotros venimos demandado, por exigencias del Convenio de Aarhus y su normativa de desarrollo en el campo del medio ambiente, por citar un ámbito, es que la participación ciudadana tiene que darse en una fase temprana del procedimiento administrativo de toma de decisión. Es decir, si la administración quiere hacer una obra que puede tener afecciones al medio ambiente o va a producir un impacto en el tejido urbano o en el paisaje, o un gasto público significativo  debería hacer pública su intención cuanto antes. El proyecto, en su fase embrionaria, debería hacerse público y deberían habilitarse cauces de participación a los ciudadanos, y a los grupos sociales o vecinales, de manera que desde el principio se pueda contrastar ese proyecto con la ciudadanía sin esperar a que el procedimiento culmine. Entiendo que ya no es suficiente someter un proyecto ya maduro a información pública (a veces en agosto) para que puedan presentarse alegaciones que serán sistemáticamente rechazadas. Hay que ir mucho más allá en la participación, y permitir que la misma sea real y efectiva, para lo cual se ha de permitir que se sustancie en una fase temprana del proceso de toma de decisiones.

Manu: Y hablando de ciudadanía, ¿Ciudadanos o clientes?

I. L. Hay un concepto muy recurrente que a mí no me gusta (no sólo porque sea sexista): “Papá Estado”. El Estado social o de bienestar creo que ha tenido una formulación un tanto perniciosa: “las administraciones públicas proveen un montón de servicios y yo pido”.  Creo que para la sostenibilidad y el mantenimiento del Estado social hace falta construir un nuevo concepto de ciudadanía que implique participación y también conciencia comunitaria y conciencia social. Y asunción de responsabilidades.

La idea de partida es que somos como una gran comunidad de vecinos; cada cual defiende lo suyo, sí, pero tenemos que tener conciencia de comunidad y defender el bien o el interés común. Eso comporta asumir responsabilidades sociales o comunitarias. ¿Con qué consecuencias? Una de ellas es que frente a las administraciones seamos ciudadanos y no clientes. Seamos ciudadanos y ciudadanas exigentes con respecto al ejercicio de nuestros derechos, pero a su vez, seamos ciudadanos responsables. Para empezar, no abusando de los servicios y de las prestaciones, y, desde luego, asumiendo nuestras responsabilidades fiscales. Pero hemos de ir más allá, cultivando una conciencia social de comunidad para trabajar a favor del bien común. Conviene tener presente que, si bien la ciudadanía es un concepto abstracto, la sociedad está compuesta por hombres y mujeres muy diferentes entre sí: algunos de ellos están trabajando en el voluntariado social (en Euskadi son muchas las personas que lo hacen, llevando a cabo una labor magnífica) pero, en el otro extremo, nos encontramos con personas que intentan defraudar lo más posible al fisco, y a su vez, son muy exigentes en la demanda de ayudas, de servicios, etc… Por tanto, la casuística con respecto al compromiso social es muy amplia. Siendo eso así, hemos de  trabajar a favor de una nueva  ciudadanía con las características que he señalado.

Ararteko1

Manu: Una mirada a la Euskadi post ETA. La sociedad vasca vive un ambiente nuevo con una organización que no ha desaparecido, pero que no actúa militarmente, ¿Cómo lo valoras y qué retos quedan en este tránsito?

I. L. Fue una excelente noticia que ETA anunciase el cese definitivo e irrevocable de lo que ellos denominan acción armada, pero que desde el punto de vista de la ética y de los derechos humanos, ha constituido una gravísima vulneración de los derechos humanos básicos. Por lo tanto, ha sido una excelente noticia que un agente vulnerador de derechos humanos haya desaparecido. Aunque formalmente no se ha disuelto aún, lo cual hay que exigírselo sin duda. Además, creo que ello supone un error estratégico de bulto porque sigue dando cobertura a las políticas antiterroristas y limita el margen de maniobra de sus presos.

Hay, con todo, asuntos pendientes que tienen relevancia para los derechos humanos. El ejercicio y la garantía de los derechos de las víctimas de los grupos terroristas, obviamente. Pero también, el reconocimiento de que se ha torturado y que sus víctimas también tienen derechos. Un tercer ámbito es el relativo a una aplicación e interpretación de la política penitenciaria que permita el traslado de los presos condenados por delitos terroristas a cárceles del País Vasco o próximas, así como la eliminación de disposiciones legales especiales o excepcionales.

Ahora bien, creo que la gran mayoría de la ciudadanía vasca ha pasado página. Ve los temas referidos como algo del pasado y creo que no está dispuesta a implicarse o a reivindicar nada.  Es la percepción que tengo yo. En cualquier caso, por razones éticas y por una mejora de las garantías de los derechos humanos, entiendo que los temas mencionados son asignaturas pendientes que las debemos aprobar con el esfuerzo y el trabajo de todos. Creo que hay unos planteamientos correctos en esos temas, pero hace falta mucho trabajo para que se encaucen debidamente y lleguen a buen puerto. Pero me parece que el movimiento, mejor dicho, la masa social, para que empuje en alguna dirección en los temas que estamos comentando, es muy débil, más allá directamente de las personas concernidas.

Para terminar, después de tantos años en esta primera fila de la política, recogiendo las quejas de la ciudadanía ¿cómo te planteas tu futuro, si se puede saber?

I. L. Desde el punto de vista profesional o laboral, voy a volver a mi plaza de letrado de Juntas Generales en Gipuzkoa. Pero seguiré siendo activista. He sido activista, y lo digo con orgullo, desde los 15 años. Llevo muy dentro el compromiso para contribuir a la mejora de las cosas y de la sociedad, de luchar a favor de los derechos humanos, y de ayudar a los demás, sobre todo a las personas más necesitadas. ¿En qué se va a concretar ese compromiso en el futuro? No lo sé. Lo primero es acabar bien como ararteko; estoy en funciones y me quedan unas cuantas semanas para acabar. Luego voy a necesitar un cierto descanso mental porque me siento agotado. Los temas que más me preocupan están relacionados con los derechos sociales, la inclusión social y la convivencia social. Me preocupan la xenofobia y islamofobia que están germinando en Europa, y me preocupa también la propia construcción europea.

Manu: ¿Puedes apuntarnos algunas de las cuestiones que más huella te han dejado desde el punto de vista personal en tu paso por estos 10 años al frente del Ararteko?

I. L. Lo que más me ha impactado es el sufrimiento de las personas. No ha sido algo nuevo para mí, pero por mi trabajo me he topado con muchas situaciones límite y con ámbitos de sufrimiento que no conocía de cerca. Han sido durísimos los asesinatos de ETA y los testimonios de sus víctimas. También lo han sido los testimonios de torturas. Me han afectado mucho también las situaciones de exclusión social, de desarraigo social, las de muchas personas aquejadas de enfermedad o trastornos mentales, o de enfermedades raras, las situaciones de familiares de víctimas mortales de atropellos en carretera, las de personas que han sido vejadas o humilladas, las de víctimas de la injusticia, etc. El sufrimiento humano por muy diferentes causas es lo que señalaría que más me ha marcado; además, me han afectado anímicamente. Otro elemento que ha dejado mucha huella en mí ha sido la crisis económica. Una crisis que nos sitúa en otro escenario, y con muchísimos damnificados, y eso me ha preocupado y me sigue preocupando mucho.

Txema García
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Sebastião Salgado
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"El instante decisivo" Iñaki Andrés
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"Homenage a Marcel Proust" Marisa Gutierrez Cabriada
"Homenaje a Federico García Lorca" Marisa Gutierrez Cabriada
"Mujeres del Karakorum", Mikel Alonso
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“JAZZ for TWO”, José Horna
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Fotografía de José Horna
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