Un pacto de vergüenza

Un alambre apretones de afeitar migrantes en una puerta en la frontera entre Grecia y Macedonia, cerca de la localidad griega de Idomeni, el 1 de marzo de 2016, donde se encuentran varados a miles de personas

(Galde 13, negua/invierno 2016). Agustín Unzurrunzaga. El pacto sobre las personas potenciales solicitantes de asilo, suscrito por la Unión Europea con Turquía el 17-18 de marzo, es una vergüenza. La U.E ha buscado este pacto por, al menos, las siguientes razones:

  • Porque la Unión Europea, a lo largo de su andadura, que comenzó con la Comunidad del Carbón y del Acero, no ha sido capaz de construir un sistema común de asilo que pudiese hacer frente a las necesidades realmente existentes de protección internacional. Por primera vez desde la segunda guerra mundial, en el año 2014, el número de personas desplazadas por causa de diferentes conflictos, parte de las cuales son potenciales solicitantes de protección internacional, alcanzaba la cifra de 60 millones en el mundo.
  • Ese sistema común de asilo no se ha podido construir, aunque en diferentes épocas se hayan hecho esfuerzos en esa dirección, porque los Estados que componían la Unión, en un ejercicio sistemático de mayor o menor grado de egoismo nacional, lo han impedido de facto.
  • Porque cada Estado adherido a la Unión, en un ejercicio suicida de insolidaridad interna, lo ha impedido por activa o por pasiva. En los años 2013 y 1014 se dejo sola a Italia frente al flujo creciente de migrantes y solicitantes de asilo que arribaban a sus costas. Durante 2015 y el primer trimestre de 2016 se ha hecho lo mismo con Grecia, a la que incluso se le amenazó con sacarla del espacio Schengen por un período de dos años. Además, otros Estados, durante los últimos meses de 2015 y primeros de 2016, han ido tomando decisiones por su cuenta, sin preocuparse por los efectos perversos que tenían en otros Estados.
  • Porque desde hace tiempo se alzaban voces de políticos relevantes de la Unión que decían que era más barato, menos conflictivo internamente, subcontratar un gendarme que acoger a las personas, a las que había que reconocer derechos.
  • El flujo de migrantes y solicitantes de asilo que han arribado a las puertas de la Unión y entrado en algunos Estados durante el año 2015, y que continúa, han puesto en evidencia que existen grandes fallas en la propia contrucción de la Unión. Los egoismos nacionales son inmensos. Se busca estar para recibir, al tiempo que se rechaza estar para aportar al conjunto. El ir a Bruselas “a por lo mío”, a por lo de “mi país”o “mi comunidad”, es forma corriente de actuación, al tiempo que escasean la visión global de los problemas, la perspectiva de conjunto, la construcción solidaria del conjunto.

La Unión Europea es un espacio de 510 millones de habitantes, que cuenta con la mayor renta media del mundo. No es de recibo que los dirigentes de la Comisión y del Consejo nos digan que esa entidad no puede hacer frente a las solicitudes de asilo de las personas que ya están dentro de un país de la Unión y de las que todavía se agolpan a su puerta. La Unión Europea tiene deberes humanitarios que cumplir, así como deberes legales derivados de los compromisos adquiridos por la totalidad de sus Estados, al ser firmantes de la Convención de Ginebra de 1951 y del Protocolo de Nueva York de 1967.

No es de recibo que nos digan que a lo que no puede hacer frente la Unión Europea, sí puede hacer frente Turquía, un país de 78 millones de habitantes, en el que hay unos 2,5 millones de refugiados; o Líbano, un pequeño país fronterizo con Siria, de 4.200.000 habitantes, que acoge en su seno a 1.200.000 refugiados; o Jordania, que acoge a unos 700.000 refugiados.

En la Unión Europea, más los cuatro Estados del denominado Espacio Económico Europeo (Noruega, Suiza, Liechtenstein e Islandia), en el año 2015 se formalizaron 1.322.145 solicitudes de asilo, de las 29% correspondían a personas de nacionalidad siria, 14% afganas, 10% iraquíes, 5%  Kosovares, 5% albanesas, 4% pakistaníes, 3% eritreas, 2% nigerianas, 2% iraníes y 26% de otras nacionalidades. La Unión Europea, si se propone y organiza como es debido, tiene capacidad para acoger dignamente a muchas más.

Por ello es vergonzoso que se haya buscado la subcontratación de un gendarme, Turquía, a quien, a cambio de dinero y otros beneficios, se le encarga que haga el trabajo de retención de las personas, para que no lleguen a las fronteras de la Unión.

Para ello han tenido que forzar todas las costuras del derecho internacional, declarando a Turquía  país seguro, a un Estado que es parte activa en el conflicto sirio, de donde procede el mayor flujo de refugiados. Un Estado que reprime de forma brutal a una parte de su propia población, y donde derechos elementales como la libertad de prensa y manifestación se encuentran constantemente en entredicho.

vergUEnza

Al mismo tiempo, en un ejercicio de cinismo jurídico, nos dicen que no habrá devoluciones o expulsiones colectivas a Turquía. ¿Pero si esas expulsiones se vienen practicando en España, Francia y otros Estados de la Unión desde hace más de veinte años? Se practican utilizando el mismo truco jurídico: se hacen expedientes individuales de expulsión, y luego se les junta en un mismo punto, el mismo día y a la misma hora para ser expulsados colectivamente, en aviones, en autobuses u otros medios. Así fueron expulsados a África los 103, el 22 de junio de 1996, durante el primer gobierno de Aznar, drogados con haloperidol y atados a los asientos de los aviones con cinta de embalar. Así expulsan en Francia a los roms, a Rumanía y Bulgaria, utilizando la misma triquiñuela jurídica. ¿Y a eso le llaman respeto por los derechos humanos y las normas internacionales sobre asilo? Y un carajo.

¿Hay que negociar con Turquía? Sí, evidentemente, así como con Líbano y Jordania. Pero no como ahora se ha hecho, partiendo de la idea de que la Unión no puede (mejor, no quiere) hacer frente a sus responsabilidades humanitarias y legales. La Unión Europea debería haber puesto en primer plano toda su capacidad de acogimiento, que es mucha, y mayor de la que hasta ahora ha hecho. Varios de los Estados que conforman la Unión tienen experiencia contrastada en reinstalación de refugiados. Lo hicieron al final de la guerra de Vietnam, y durante la guerra que destruyó la antigua Yugoslavia. Y se podía haber hecho ahora, si los Estados de la Unión hubiesen arrimado el hombro. Si no se ha hecho es porque no lo han querido, y los organismos de la Unión han certificado su fracaso.

Donostia, 21-3-2016

Agustín Unzurrunzaga

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Txema García
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Sebastião Salgado
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“JAZZ for TWO”, José Horna
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Fotografía de José Horna
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