Sobre equidistancia y periodismo

Galde 19 (verano/2017). Pascual Serrano.
En las últimas semanas, con motivo de los debates en torno al referéndum catalán y los atentados en Barcelona, ha surgido una discusión en torno a lo que algunos han denominado equidistancia periodística. Comenzó con un tuit de la organización Súmate,  una plataforma a favor del sí en el referéndum del 1 de octubre, en que aparecía una foto de Jordi Évole señalándole como una persona equidistante en torno a Cataluña. Como reacción, el periodista catalán Carles Francino pretendía defender la equidistancia en un texto donde se exponía elementos a favor y en contra de las opciones independentistas y de las no independentistas. Por su parte el también escritor catalán Víctor del Árbol llegó a afirmar que “ el insulto de moda es llamarte equidistante”. Quienes utilizan la acusación de equidistante para desautorizar consideran que los periodistas cuestionados no se atreven por cobardía a tomar una posición clara en el debate independentistas. Quienes defienden la equidistancia consideran que los hechos y los argumentos son plurales y con matices y no creen que los posicionamientos deban alinearse al cien por cien con una determinada tesis.

Mi opinión es de defensa de esta última interpretación, pero en contra de la equidistancia porque creo que la equidistancia, en el periodismo, en otra cosa diferente que después expondré.

En la cuestión catalana, como en tantas otras, los medios y los hooligans derivan hacia una fuerte voluntad de simplificación de interpretaciones que lleva a apreciar los asuntos solo en dos términos: el bien y el mal, lo blanco y lo negro. Intentan expulsarnos de las consideraciones, los matices… Se razona digitalmente: ceros y unos. Sucede en muchas cuestiones de geopolítica, véase el caso de Corea del Norte donde si dices que el país también está sometido amenazas te acusan de defender al loco de Kim Jung.

Pero incorporar al análisis periodístico o del columnista los diferentes elementos del debate, no todos a favor ni en contra del mismo grupo de poder o de discusión, no es equidistancia periodística, sino ofrecer una visión amplia y detallada de los conflictos. Por eso alguien puede pensar que los catalanes deberían tener derecho a un referéndum y, al mismo tiempo, que lo sucedido el 1 de octubre fue una performance ilegal; se puede decir que el Govern catalán azuza el debate sobre la independencia para tapar su corrupción y que el Gobierno español utilizó una violencia desmedida el día del referéndum; se puede acusar a policía nacional, guardia civil y mossos de esquadra de reprimir todos ellos con violencia las manifestaciones que no son del gusto de la administración que les paga sin defender a un cuerpo de seguridad cuando no te gustaba la causa de los reprimidos. Pero eso no es equidistancia, eso es contemplar múltiples variables de un conflicto.

La hipócrita y cobarde equidistancia del periodismo se produce cuando el periodista, tratándose de hechos, en lugar de investigar la verdad o aplicar criterios éticos y humanos, se limita a exponer dos versiones enfrentadas para evitar enemistarse con nadie. Cuando aplican la equidistancia, confunden veracidad y rigor con quedarse a mitad de distancia de dos versiones. Pero a lo que nos debemos los periodistas es a la verdad, en ningún lugar está escrito que la verdad esté en el medio de dos versiones contradictorias cuando de hechos informativos se trata. Si la OTAN dice que mató a milicianos talibanes y los afganos responden que se bombardeó a los civiles que asistían a una boda, exponer las dos versiones no ayuda ni al periodismo ni a la audiencia a la que no le hemos ofrecido la verdad, porque una de las dos versiones es falsa. Si unos opositores venezolanos dicen que la policía mató a diez manifestantes y el gobierno afirma que los muertos no eran opositores, el periodismo no puede limitarse a contar las dos versiones sin indagar la verdad para contárnosla. Si unos ecologistas denuncian que hay un derrame de una sustancia contaminante en un río y la administración dice que no afecta al medio ambiente el periodista no puede citar las dos versiones sin moverse de su redacción y creer que está informando.

La obsesión por aparentar equilibrio puede llevar a iniciativas absurdas como la del senado rumano en 2008 que aprobó por unanimidad que en la prensa debe haber obligatoriamente un equilibrio entre positivo y negativo en sus noticias (RAI. 26-6-2008).

En otras ocasiones se da una imagen de equidistancia al presentar las noticias sin elementos de contexto necesarios, lo que puede suponer la impunidad para una de las partes. Cuando una televisión presenta “una historia de violencia entre fuerzas indonesias y guerrillas timoresas” está situándose en una equidistancia que obvia que una población se enfrentaba a una ejército invasor que ya había masacrado a 200.000 timoreses. ¿Presentaríamos en un libro de historia a la Francia de 1942 como una crónica de violencia entre fuerzas alemanas y guerrillas francesas, o diría que Francia estaba invadida por el ejército nazi contra el cual se enfrentaba la resistencia francesa que quería liberar a su país?

La equidistancia condenable es la del periodista que cuando un fascista atropella con su coche una manifestación pacífica que denuncia el auge de la extrema derecha titula “Varios heridos por un atropello en los choques entre grupos radicales en Virginia” (tuit de El País, 13-8-2017) o “La violenta jornada entre grupos radicales en Charlotteville acaba con tres muertos, igualando -situándose- a la misma distancia de neonazis violentos que de manifestantes antifascistas.

En conclusión, debemos exigir una información que incorpore los matices y las complejidades, que no consista en una militancia que divida los conflictos entre buenos y malos; pero la alternativa no es una equidistancia que se sitúa por falta de valentía en el medio de los grupos de poder y renuncia a informar porque no quiere mancharse las manos con la verdad y los valores.

12 de octubre 2017 en Público

Categorized | Dossier, Política

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