Mandar en la movilidad

movilidad1

Alicia a través del espejo
Lewis Carrol

(1871)
-Cuando yo uso una palabra – insistió Zanco Panco con un tono de voz más bien desdeñoso- quiere decir lo que yo quiero que  diga…, ni más ni menos.
-La cuestión – insistió Alicia- es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.
-La cuestión – zanjó Zanco Panco- es saber quién es el que manda…, eso es todo.

(Galde 11, verano 2015). Alfonso Sanz Alduán. La noticia destacada de la jornada fue el modo en que varios de los nuevos alcaldes de 2015 acudieron a su trabajo en el primer día de su gobierno. En Madrid, Manuela Carmena seguía su rutina cogiendo el metro, mientras que en Valencia, Joan Ribó, pedaleaba hasta el ayuntamiento, como todos los días antes de que fuera elegido.

El valor simbólico de esas actitudes se enmarca en las nuevas maneras de practicar las responsabilidades democráticas, pero se extiende también al ámbito de las políticas públicas de movilidad.

Hay en la actualidad un amplio reconocimiento de que, más allá de las infraestructuras o los servicios, lo que se requiere para afrontar los problemas de transporte urbano es una nueva cultura de la movilidad 1, es decir, nuevas actitudes y comportamientos sociales ante los desplazamientos, que construyan una nueva jerarquía de los medios de locomoción y que enlacen las decisiones individuales con sus consecuencias colectivas; con su impacto en la salud, las emisiones, el consumo de recursos o los costes del sistema.

Es evidente que esos gestos de los alcaldes son muy valiosos para impulsar el mencionado cambio cultural, pues prestigian y normalizan aquellas maneras de desplazarse que, durante décadas, han sido consideradas como propias del pasado, de la pobreza o de colectivos que, por edad o condición física, no estaban en condiciones de emplear autónomamente el objeto fetiche, el automóvil.

Pero tras esa declaración de intenciones, cabe preguntarse de qué márgenes de intervención disponen los nuevos consistorios para modificar el modelo de movilidad urbano, y cuál es la profundidad con la que quieren realmente cambiar el rumbo en esa materia. Saber mandar en movilidad consiste en conocer bien el punto de partida, establecer un destino atractivo y un plazo para alcanzarlo, aprovechar las fuerzas motrices y anticipar las dificultades del camino.

Disponer del conocimiento adecuado

La movilidad es un asunto propenso a la controversia, en primer lugar porque de una u otra manera todos podemos opinar y somos expertos; todos tenemos estrategias para desplazarnos, conocemos las ventajas y los inconvenientes de los medios que utilizamos cada día y, por extensión, tendemos a imaginar la solución que vendría bien a todo el conjunto social. Sin embargo, nuestra capacidad de abstraernos de nuestros propios intereses y ampliar la perspectiva desde la que observamos la movilidad es limitada.

Nos cuesta empatizar con las necesidades de desplazamiento que no percibimos en un círculo de relaciones próximo. Nos resulta difícil comprender las consecuencias dinámicas y complejas de fenómenos que, lejos de ser propios de la predictibilidad de la física, pertenecen sobre todo al campo del comportamiento. Y, qué decir, de la débil disposición a comprender las necesidades de los que vendrán en el futuro.

Es también un asunto controvertido porque está repleto de lugares comunes y zonas poco iluminadas. Por ejemplo, de los diez mitos de la movilidad desmontados por Màrius Navazo 2, dos están edificados sobre la interesada y falsa idea de que el derecho a desplazarse coincide con el derecho a circular y aparcar el coche sin limitaciones.

Es, por último, un asunto controvertido porque la información disponible suele ser altamente sesgada; es muy habitual que se conozcan los parámetros del tráfico, por ejemplo el número de automóviles que pasan por una calle, pero no los de la movilidad, es decir, los que atañen a todas las personas que se desplazan, con independencia de que vayan en vehículo o andando 3.

Marcar metas claras y transformadoras, pero también razonables

Conocido el punto de partida, no es menos compleja la elección del destino. En este proceso también operan diversas construcciones mitológicas, algunas de ellas cinceladas con buena voluntad, pero con falta de una visión global del modelo de movilidad vigente. Así ocurre con la pretensión de sustituir, de manera casi inmediata y de modo generalizado, desplazamientos en automóvil por desplazamientos en transporte colectivo, andando o en bicicleta.

Desafortunadamente, nuestras ciudades y aglomeraciones urbanas han adquirido una cierta dependencia del automóvil. Una parte de los destinos está fuera del radio de acción de nuestros pies o nuestros pedales; y presenta densidades incompatibles con servicios de transporte colectivo sensatos: sin ocupaciones suficientes los medios colectivos son poco eficientes ambiental y socialmente y nos cuestan muy caros 4, contrapesando su capacidad inclusiva.

Por ese motivo, una primera regla de oro para mandar en la movilidad es evitar que siga generándose espacio urbano dependiente del automóvil. No solo frenando los proyectos ajenos a la lógica de los medios no motorizados y del transporte colectivo, sino evitando favorecer con nuevas infraestructuras la circulación y el aparcamiento indiscriminado de los automóviles.

Esa primera regla se complementa, en términos de gestión de la movilidad, con una segunda: combinar medidas de estímulo de los medios alternativos con medidas disuasorias del automóvil. La experiencia nacional e internacional indica que, para tener resultados claros y positivos, hacen falta paquetes de medidas de estímulo (por ejemplo, infraestructuras ciclistas, mejoras peatonales y de los servicios de transporte colectivo), combinadas con otras que restrinjan la circulación y aparcamiento de automóviles, las cuales, desafortunadamente, suelen concitar el rechazo de determinados grupos de la población.

Si esas dos primeras reglas pueden desasosegar a algunos alcaldes, la tercera les puede generar cierto alivio: no se puede cambiar en cuatro años lo construido en cuatro décadas, pero sí marcar el rumbo elegido. Los enfoques tradicionales de la economía, el urbanismo y la ingeniería han moldeado las ciudades a mayor gloria del motor y, aún en el supuesto de contar con una mayoría social consistente, no es posible borrar esa herencia de la noche a la mañana.

Pero sí se pueden tomar medidas faro, medidas que iluminen y expliquen, por sí mismas, lo que se quiere hacer para cambiar la movilidad y el espacio público. A través de procesos de debate y participación ciudadana, podrán aflorar las voces de la población potencialmente aliada en el cambio del paisaje urbano y de la movilidad, amortiguando así la algarabía que habitualmente acompaña cualquier reconsideración del papel del automóvil en nuestro modo de vida.

Como decía Zanco Panco, el significado de las palabras lo establecen quienes mandan. Por eso, la forma más práctica de que los nuevos ayuntamientos expliquen su concepción de las palabras movilidad, barrio o ciudad, sea mostrar, con ejemplos contundentes, las hermosas posibilidades de transformar nuestras calles, en beneficio a corto plazo de la mayoría y a largo plazo de todos.

Alfonso Sanz Alduán. Geógrafo, matématico y técnico urbanista

Notes:

  1. “Libro Verde. Hacia una nueva cultura de la movilidad urbana”. Comisión Europea. Bruselas, 2007
  2. http://www.laciudadviva.org/blogs/?author=114
  3. Las diferencias del enfoque tradicional del tráfico sobre el nuevo de la movilidad pueden consultarse en el artículo “El viaje de las palabras”, publicado en el Informe Valladolid 2005 y disponible en la web: (http://www.gea21.com/_media/equipo/as/el_viaje_de_las_palabras-informe_valladolid-esp_e_ing.pdf)
  4. La pérdida de eficiencia ambiental y social del transporte colectivo, en la situación actual de uso, puede comprobarse a través de “Las cuentas ecológicas del transporte en España”. A. Sanz, P. Vega y M. Mateos. Ecologistas en Acción y Fundación Biodiversidad. 2014. Descargable en http://www.ecologistasenaccion.org/article27000.html

Categorized | Dossier, Política

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