La memoria de las migraciones vascas

(Galde 17. otoño 2016). Rocío García Abad. La movilidad de la población ha sido una constante a lo largo de la historia. Desde que el hombre habita en la tierra éste ha experimentado sucesivos desplazamientos geográficos, con mayor o menor intensidad, en la más larga o corta distancia, provocados por diferentes causas, con diferentes características: pequeños desplazamientos temporales generados por el mercado matrimonial, grandes corrientes trasatlánticas, abandonos del campo y traslados a la ciudad industrial, expulsiones, refugiados, etc. Desde hace décadas venimos asistiendo a una aceleración de los movimientos migratorios, impulsados e incluidos dentro del fenómeno de la globalización (World on the move). Pero en el mundo neoliberal del siglo XXI, en el que se acepta y se favorece la libertad de movimientos de capitales y mercancías, cada vez son mayores las trabas a la libre circulación de personas (restricciones y regularizaciones de los países receptores a la inmigración), y mayores las trágicas consecuencias que éstas generan (migraciones ilegales, tragedias humanas, crisis de refugiados…).

El País Vasco supone un buen laboratorio para el estudio de los fenómenos migratorios. El objetivo de estas páginas es rescatar la memoria de las migraciones vascas, con sus cambios de tendencia, sus idas y venidas, sus protagonistas, sus efectos, sus huellas. No puede, ni debe, entenderse la historia de este país, y su realidad actual, sin una buena memoria del fenómeno migratorio. Como todos los territorios costeros, fue durante siglos un país de emigración allende los mares. América fue, por diferentes motivos, el continente que absorbió un mayor número de vascos. Tuvieron un claro protagonismos los pastores y fue una vía de escape clásica para los segundones dentro del sistema hereditario troncal vasco. Pero también existió una importante emigración peninsular que se extendió por la geografía española a partir de la demanda de trabajadores cualificados y de la actividad comercial.

Sin embargo, a finales del siglo XIX, de la mano del vertiginoso proceso de industrialización pasó a configurarse como una clara cuenca inmigratoria, que mantuvo dicha tendencia a lo largo de todo el siglo industrial 1876-1975. Tras unas décadas de freno migratorio, sumido el país en una importante crisis de desmantelamiento industrial, de nuevo a partir del año 2000, un giro en las tendencias migratorias volvió a convertir a las tierras vascas en destino de emigrantes, esta vez de latinoamericanos, europeos del este y magrebíes. Y no fueron mal acogidos durante los años de bonanza, cubrían aquellos puestos que nosotros no queríamos ocupar.

La crisis económica a partir de 2008 marca un nuevo cambio en el ciclo económico, y el País Vasco comienza a perder población por la emigración, esta vez protagonizada mayoritariamente por salida de jóvenes altamente cualificados que emprenden una emigración económica con el claro objetivo de lograr mejores condiciones laborales y de vida en otros países, del centro y norte de Europa fundamentalmente. Algunos políticos se han atrevido a calificarles como “intrépidos aventureros”, pero las consecuencias de esta “fuga de cerebros” y de mano de obra cualificada marcará nuestro más inmediato futuro.

En este recorrido por las migraciones vascas tenemos que detenernos en las grandes corrientes inmigratorias de carácter laboral. Marcaron la impronta no sólo económica, sino social, cultural y política vasca. Remiten a esa época en que el País Vasco se convirtió en una potencia industrial. La Ría de Bilbao se configuró como metrópoli por la concentración fabril en un espacio reducido, y por la explosión demográfica que experimentaron sus municipios, a donde comenzaron a llegar miles de emigrantes atraídos por los nuevos puestos de trabajo. Allí más que en ningún otro sitio las migraciones constituyen uno de los aspectos históricos fundamentales, y explican su idiosincrasia. A partir de 1876 empiezan a llegar inmigrantes atraídos en primer lugar por el desarrollo y boom minero, y posteriormente por el desarrollo siderometalúrgico.

Las altas tasas de inmigración no tienen comparación ni con el resto del País Vasco ni con el conjunto español, y hay que explicarlas por el modelo de industrialización y de modernización adoptado. Una muy amplia oferta de puestos de trabajo, no sólo en la minería y en la industria, sino en obras de infraestructuras, servicios, etc., desencadenó un flujo masivo de inmigrantes. Más de la mitad de la población, y más de la mitad de los trabajadores que levantaron las nuevas industrias de la Ría de Bilbao a finales del siglo XIX fueron capital inmigrante. Junto al aporte directo hay que tener en cuenta el de las nuevas generaciones, nacidas ya en Bizkaia pero de padres inmigrantes. Es por eso, que podemos establecer en más de un 80% el peso demográfico del aporte inmigrante al total de la población de la Ría de Bilbao a lo largo de todo el siglo industrial (entre 1877 y 1975), en más de un 60% en el caso de Bizkaia y en un 53% para el conjunto del País Vasco. Para 1930 la mayoría de la población de la Ría de Bilbao procede de fuera del País Vasco y es de cultura castellana.

Las migraciones industriales se estructuran en dos grandes oleadas inmigratorias. La primera, 1876-1900, marca la puesta en marcha del proceso de industrialización. La segunda, 1950-1975, responde a la era de desarrollismo económico de la segunda revolución industrial. A lo largo de todo el siglo industrial se observan continuidades en los comportamientos migratorios. Para empezar, hablamos de una emigración laboral, y por tanto, de población joven en edad de incorporarse al mercado laboral. Emigrar es un asunto familiar. La decisión se toma en el seno de la familia, que elige emigrar y quién o quiénes deben hacerlo. La emigración al País Vasco se llevó a cabo mayoritariamente en familia. Las mujeres participaron activamente de los flujos migratorios, y no sólo acompañando a maridos y padres, sino formando parte del nuevo capital humano como trabajadoras, aunque al margen del mercado de trabajo oficial en la mayoría de los casos. Recordemos a las jóvenes solteras que acudían a trabajar como sirvientas de las familias burguesas.

Respecto a los lugares de procedencia, junto a la inmigración vasca pronto destacaron los castellano-leoneses, predominantes a lo largo de todo el siglo industrial. A mediados del siglo XX se unieron a ellos inmigrantes de procedencias más lejanas, como gallegos, andaluces y extremeños. Respecto a las percepciones, sin duda tuvieron que vivir décadas de contrastes y continuos cambios. Los que protagonizaron las primeras migraciones a finales del siglo XIX experimentaron las grandes transformaciones de una sociedad que marcaba las “distinciones” en relación al origen. Podemos entender que fueron bien acogidos por la necesidad de mano de obra, pero no faltaron opiniones, desde el tradicionalismo y el nacionalismo, contrarias no sólo a la llegada de miles de inmigrantes, sino también al progreso y la modernización, anhelantes de un pasado rural idealizado como mejor. La consideración sobre la identidad generó desde el primer momento una sociedad de contrastes, entre los llegados de fuera y los nativos, como queda claro en esta noticia en El Noticiero Bilbaíno por agosto de 1876: “En las últimas semanas habían ocurrido en las Encartaciones serios altercados entre los mineros cuya efervescencia tenía por causa o pretexto el uso de navaja que atribuyen a los maquetos los no maquetos (se da el nombre de maquetos a los que llevan un maco o morral a la espalda, que son generalmente de las riberas del Ebro)”. Esa distinción se marcó también en el mundo laboral, como denunciaba en marzo de 1896 un corresponsal en la zona minera del socialista La Lucha de Clases: “Los obreros gallegos en este zona, será por la miseria que están acostumbrados o por otras causas, es lo cierto que son una rémora para el mejoramiento del trabajo y para que se nos guarde a todos la consideración a que somos acreedores”. Contrasta con la influencia que tuvieron los inmigrantes en la irrupción de una nueva conflictividad y del movimiento obrero organizado.

Los que llegaron en la segunda gran oleada (1950-1975) llegaron a una sociedad ya moderna y estructurada y a un país “ya construido” que consideraron como de acogida, procedentes de entornos rurales y menos estructurados. Durante algún tiempo pudieron sentirse no integrados, “acogidos”, o “advenedizos”, una pertenencia un tanto difusa (mezcla de integración y de identificación con los lugares de procedencia, centros regionales, barrios inmigrantes, grupos culturales…), hasta que la situación se fue naturalizando en las siguientes generaciones. Un emigrante que llegó a las minas vizcaínas en 1953 guarda en su memoria una clara rivalidad según orígenes: “los andaluces eran muy malos”, “por la bebida, los asturianos también eran unos navajeros, los gallegos eran más majos, los zamoranos también era maja gente. Aquí trabajaron de todas las clases, de Burgos, de Murcia”.

No falta en la memoria de estos protagonistas sentimientos de sentirse despreciados o acomplejados por los nativos, a pesar de que no dejaban de ser, en su mayoría, generaciones nacidas de aquellos primeros inmigrantes. Si no guardan un sentimiento de “discriminación”, sí señalan que existieron “diferencias”, que empezaban en la escuela y en las posibilidades de promoción social y laboral: “Sí, veías a los chavales que en su casa vivían mejor, en vez de ir a la correa, les metían en la escuela de aprendices de La Naval, de la General, y nosotros siempre quietos. Siempre teníamos ese pequeño complejo (…). Los padres eran de aquí, estaban mejor relacionados, tenían contactos, cosas que nuestros padres al venir de un entorno fuera de aquí pues no tenían”.

El País Vasco es claramente un país afectado por las migraciones, que han dejado su impronta en múltiples aspectos (patrimonio material e inmaterial, tradiciones, deportes, folclore, lengua, política…). El país ha vivido variedad de experiencias migratorias, en un continuo cambio de dirección de los flujos migratorios, entre país de emigración y país de inmigración. Miremos a las migraciones actuales, las experimentadas por los vascos y en tierra vasca, pero también las experimentadas en el mundo, por ciudadanos del mundo, desde las perspectivas del conocimiento de la memoria de nuestras experiencias.

Categorized | Dossier, Economía, Política, Sociedad

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