Jonas Mekas y sus filmaciones

Jonas Mekas y sus “Diaries, notes & sketches, also known as Walden”, filmados en 1969

(Galde 22, otoño/2018/udazkena). Óliver Mínguez Arín.-

¿Puede el ser humano ser libre e independiente? Con la intención de responder afirmativamente a esta compleja cuestión, Henry David Thoreau construye su propia cabaña en el bosque, cerca del lago Walden en Concord (Massachusetts) para “vivir deliberadamente, para enfrentar solo los hechos esenciales de la vida”. El 4 de julio de 1845, dos meses después de construir su pequeño nuevo hogar, Thoreau se instala allí. Durante los próximos dos años, dos meses y dos días, vivirá una experiencia de autosuficiencia recogida y documentada en las páginas de Walden (1854), obra de la que, inspirado libremente, Jonas Mekas tomará prestado el título para denominar a su serie de diarios Diaries Notes & Sketches (1969) filmados más de un siglo después. Si bien poco tienen que ver en lo concreto las obras de estos dos autores excepto por el título, una idea persistente recorre el pensamiento de ambos: vivir lo que la vida es.

La vida de Jonas Mekas, lituano de nacimiento, comienza ligada a la lectura y a la escritura. Trabaja como editor técnico de un semanario semiliterario nacional, como redactor de un semanario provincial y publica sus primeros poemas. Pero el inicio de la Segunda Guerra Mundial trunca sus planes. Desde entonces su destino va a estar marcado por la huida. Huida como consecuencia de lo que ocurre durante los años de ocupación alemana de Lituania (1943-1944), cuando participa en grupos “anti-alemanes”. Un acontecimiento fortuito, el robo de su máquina de escribir, le obliga a escapar de su país natal por miedo a que los nazis descubran la herramienta con que se habían realizado acciones en su contra y el ladrón confiese, incriminando así a Mekas, de dónde la sacó: el altillo de la casa de su tío. Dada la situación, comienza un exilio junto con su hermano Adolfas. Viaje involuntario en el que recorrerán diferentes lugares de Alemania como refugiados y en el que pasarán por diferentes campos de trabajo forzados y campos para desplazados alemanes. Otro poblamiento, otra Europa.

El 29 de octubre de 1949 llegan a Nueva York. El plan inicial era ir a Chicago a trabajar en una panadería pero la ciudad fascina tanto a los dos hermanos que deciden quedarse. Sin embargo, pronto se dan cuenta de que la metrópoli de las atractivas luces de neón poco o nada va a regalar a unos desplazados. Los primeros años allí van a ser difíciles, dada la escasez de recursos a que tienen que enfrentarse. Hay poco trabajo y demasiados candidatos a los puestos. Aún así, con el jornal de un día, seis o siete dólares, se puede sobrevivir. La difícil situación económica fuerza a Jonas Mekas a encadenar con mayor o menor fortuna trabajos precarios. Pero para él, a pesar de todo, “experimentar las penurias de ese gran sueño llamado capitalismo, vale la pena para un poeta”.

El trabajo, la falta de dinero, observar Nueva York, Brooklyn y la gente que lo habita será clave en sus diarios escritos. Pero poco a poco el cine será la actividad que ocupará la mayor parte del tiempo de Mekas. Tras sus primeras filmaciones a modo de prueba y con pocas pretensiones, el gran cambio ocurre unos años después. En 1958 se ofrece para trabajar como columnista con una sección de cine hasta ese momento inexistente en el Village Voice. En esa sección publicará regularmente sobre cine independiente y cine expandido. Cronista de lo que va a denominarse como nuevo cine americano o cine underground, sus primeras reflexiones en torno a la imagen van a ser cruciales para el desarrollo de su estilo. Defensor del cine no-narrativo, se autodesigna ministro de defensa y propaganda del nuevo cine. Aboga por films menos perfectos y más directos y sostiene que el cine oficial ha muerto. Durante los años sesenta compagina su actividad en el Village Voice con sus filmaciones. Va a ser una década muy prolífica en la que va a fundar la Film-Makers’ Cooperative y la Film Makers Cinematheque, años de gran efervescencia artística en Nueva York donde va a estar en contacto con artistas como Judith Malina y Julian Beck de The Living Theater, Andy Warhol, The Velvet Underground, Yoko Ono, John Lenon, Stan Brackhage, George Maciunas, Salvador Dalí, Gregory Markopoulos, Ken Jacobs…

Presentada en el Elgin Theater, el día 20 y 24 de diciembre de 1969, Diaries, Notes and Sketches, also known as Walden, recoge algo más de tres horas de diarios filmados entre 1964 y 1969. Dividida en seis rollos, la película funciona a modo de notas en las que Jonas Mekas trata temas de la vida cotidiana de lo más variados. Aprovechando la ligereza de su equipo de filmación, una cámara Bolex de 16mm, explora las posibilidades técnicas que le ofrece, forzando tanto la entrada de luz como la velocidad, además del movimiento propio del uso sin trípode y el montaje en cámara, rompiendo cualquier tipo de narrativa normativa. Una aparente sencillez en la que se suceden rápidamente series de planos rápidos, temblorosos, en los que destaca la gestualidad, el propio movimiento de Mekas cámara en mano, instrumento de escritura no sujeto a unas leyes de la narración o a convencionalismos visuales sino utilizada como un apéndice del cuerpo del que filma, donde la expresión y la operatividad construyen fragmentos de instantes vividos, de memoria. Breves momentos fugaces de movimiento, luz, color. Imágenes mostradas para ser vistas por lo que son: imágenes y solo imágenes. Y es que lo que se ve, es lo que se ve. Nada más. Retazos que inundan nuestra vista que es incapaz de procesar la totalidad de lo representado. Postura filosófica de Mekas que entronca con sus reflexiones respecto al sentido de la vista y el ojo como órgano capaz de ser entrenado y de ser llevado a nuevos terrenos.

Walden muestra escenas cotidianas. Normalmente no repararíamos en ellas por su intrascendencia pero no hay duda de que están dotadas de una particular belleza. Mekas trabaja con detalles o descartes que quedarían fuera de cualquier película convencional. De este modo da sentido a un diario que construye sin jerarquizar los contenidos. El invierno en Nueva York, la primavera en Central Park, la boda de unos amigos… Nada es más o menos importante. No pretende establecer una dramaturgia, tampoco entra dentro de sus intereses conducir al espectador a través de un hilo argumental. Las secuencias funcionan a modo de poemas libres. Las imágenes se suceden vertiginosamente. Apenas hay descanso. Prescinde en la medida de sus posibilidades de la sala de montaje y de la elipsis. Utiliza el encabalgamiento que adecua con los intertítulos que van separando y uniendo las secuencias. Introduce el factor tiempo, como en la secuencia del faro de Cassis, rodado a cámara lenta en una sola toma de 24 horas.

Para concluir, si dividiésemos en dos grandes corrientes —si se permite la simplificación— el desarrollo de la historia del cine, siendo una la de los hermanos Lumière y otra la de David Wark Griffith, queda claro que Mekas se decanta por la de los inventores del cinematógrafo, a los que les dedica esta película, toda una declaración de intenciones. En el fondo, cada diario, nota y sketch es una celebración. Walden celebra la vida de la manera más directa y sencilla, buscando la realidad entendida en sentido jungiano como “lo que produce una acción”. Es la muestra de cómo volverse más real en una era de irrealidad, en aceptar la realidad tal cual es, presentada como un regalo. Llegar a lo que la realidad es sin quedarse a las puertas o en el “casi”, como Mekas dice: “casi saltar una valla significa haber derribado la barrera. Casi nadar a través de un río significa haberse ahogado”. También celebración que señala que el cambio de uno mismo es posible, al igual que pensaba Thoreau: “no hay otro camino, decimos, cuando en verdad hay tantos como radios cabe trazar desde un centro. Todo cambio se nos antoja un milagro a la vista, y este prodigio se sucede ininterrumpidamente a cada instante.” Reflexiones y obras tan pertinentes hoy y en el contexto del Mayo del 68 del que ahora se cumplen 50 años.

Categorized | Cultura

Sebastião Salgado
Fotografía de José Horna
Txema García
Sebastião Salgado
"Mujeres del Karakorum", Mikel Alonso
"El mal del país" José Blanco
"Mujeres del Karakorum", Mikel Alonso
Txema García
"El instante decisivo" Iñaki Andrés
"Homenaje a Federico García Lorca" Marisa Gutierrez Cabriada
"El origen del mundo" José Blanco
“LIKE”. Eduardo Nave
Sebastião Salgado
“JAZZ for TWO”, José Horna
Refugiados sirios: Mujer cocinando
"Homenage a Marcel Proust" Marisa Gutierrez Cabriada
Txema García
“JAZZ for TWO”, José Horna
Porteadoras
Eugenia Nobati, Argentina
Irene Singer, Argentina
Bonill, Ecuador
“LIKE”. Eduardo Nave
"El instante decisivo" Iñaki Andrés
Txema García
"Lemoniz", Mikel Alonso
Txema García
Fotografía de José Horna
Inmigrantes rescatados por salvamento marítimo
Alfredo Sabat, Argentina
Sebastião Salgado

Autores