El Periscopio: Los hombres que no amaban los libros

 

(Galde 21 primavera/2018). Jasón & Argonautas.
Decía Gómez de la Serna que el libro es un pájaro con más de 100 alas para volar. Es una de las tantas frases más o menos afortunadas que ensalzan el valor de la letra impresa y que se fundan en la no probada idea de que la lectura hace mejores a las personas. Libros, caminos y días dan al hombre sabiduría, dice un proverbio árabe. Lamentablemente no todo el mundo lo ve así.

I. Los que no leen. El Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros ha puesto en evidencia que el 40% de la población española sigue siendo inmune a las campañas de fomento, a las ferias del libro, e incluso, a los proverbios árabes. No lee nada nunca. Otros, dicen que lo hacen.

Son las mujeres de 35 a 54 años con estudios universitarios las que más leen, como era de suponer. La cosa es preocupante. No porque lean las mujeres, sino porque los no lectores son mayoritariamente hombres de entre 25 y 34 años. Da cierto miedo el número de machos iletrados y ágrafos sueltos por las calles.

Podría pensarse que la falta de libros se compensa con otros saludables hábitos culturales, pero no está claro. Otro estudio, en este caso del Observatorio Social de La Caixa, muestra que también hay un 40% de personas que nunca van al cine, asisten a espectáculos en directo o visitan centros de arte. Mucho nos tememos que se trate del mismo grupo de “impermeables a las políticas culturales”.

Las razones de este desapego son también inquietantes. Solo el 0,7% de los sondeados menciona el coste de los libros como inconveniente. Tampoco la clave está en la jornada laboral o el cuidado de los niños o el socorrido argumento de problemas de vista. No se lee o no se participa por “falta de interés”. Aquí sí que se estrellan las buenas intenciones del apoyo público a la cultura, caso de que lo haya. Ni bonos cultura, ni beneficios fiscales ni subvenciones que valgan. La objeción cultural es un derecho constitucional y obligar a alguien a leer, pongamos por caso, Cincuenta sombras de Grey, sería un doble delito: de violencia y de mal gusto.

Ambos estudios recomiendan, para mejorar la cosa, armonizar las políticas culturales con las educativas. Empezar por los más pequeños, queson un público cautivo, tampoco asegura el éxito. Tal vez funcionase si Messi comentara en rueda de prensa, por ejemplo, las obras de Kierkegaard. Podría hacerlo también Ronaldo, perosería menos creíble.

II. Los que no dejan leer.Hace cincuenta años, en plena euforia sesentayochista, María Teresa Castells e Ignacio Latierro, con el apoyo de sus parejas y amigos, abrieron en plena Parte Vieja donostiarra un amplio ventanal desde el que divisar un mundo más luminoso que la circundante oscuridad franquista. Nacía la librería Lagun cuando leer en libertad era un acto íntimo de gozosa rebeldía. Esta provocación no pasó desapercibida a la policía del pensamiento. Durante la Transición, Lagun pagó su precio en bombas y cristales rotos. Guerrilleros de Cristo Rey se hacían llamar aquellos vándalos. Luego llegó la democracia y con ella, nuevos bárbaros. A unas bombas siguieron otras. Un pensamiento único pretendió suceder al anterior.

Los cincuenta años de dignidad de Lagun han sido recordados por un grupo de escritores y lectores fieles que en los días más tristes pasaban por la librería para testificar su solidaridad comprando algún libro, elegido incluso de entre los chamuscados supervivientes.

Lagun, crónica de nuestra vergüenza. ¿Qué leerían aquellos indignados incendiarios? Tal vez nada, como los camisas pardas que quemaban libros la noche de los cristales rotos. O tal vez alimentaban su odio de literatura infame. No seamos ingenuos, también la hay.

Es necesario que todo esto se recuerde. Hasta la saciedad. Mirándonos frente al espejo para hacer memoria honrada de lo que hicimos o dejamos de hacer en aquellos días. Para acabar definitivamente con el fanatismo. Para no negar las verdades desagradables, incómodas o indignantes. Que no nos ocurra como en Polonia, donde la inocencia nacional se ha decretado por ley. Allí otro sondeo, éste entre estudiantes de bachillerato, mostraba que la mitad creía que Jedwabne, -un pueblo donde sus habitantes polacos encerraron a sus vecinos judíos en un establo y los quemaron vivos-, era el sitio donde los nazis habían matado a los polacos que ayudaban a los judíos.

Decía Ray Bradbury, el de Fahrenheit 451, que no hacía falta quemar libros, bastaba con no leerlos.

Categorized | Cultura, Libros

Txema García
Txema García
Irene Singer, Argentina
“LIKE”. Eduardo Nave
“JAZZ for TWO”, José Horna
“JAZZ for TWO”, José Horna
Sebastião Salgado
“LIKE”. Eduardo Nave
Fotografía de José Horna
"Homenaje a Federico García Lorca" Marisa Gutierrez Cabriada
"El mal del país" José Blanco
Inmigrantes rescatados por salvamento marítimo
Sebastião Salgado
Sebastião Salgado
Eugenia Nobati, Argentina
"El instante decisivo" Iñaki Andrés
"Homenage a Marcel Proust" Marisa Gutierrez Cabriada
"Lemoniz", Mikel Alonso
"Mujeres del Karakorum", Mikel Alonso
"El instante decisivo" Iñaki Andrés
"El origen del mundo" José Blanco
Bonill, Ecuador
Porteadoras
Sebastião Salgado
Fotografía de José Horna
Txema García
Txema García
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Alfredo Sabat, Argentina
"Mujeres del Karakorum", Mikel Alonso
Refugiados sirios: Mujer cocinando

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