Entrevista a Esther Pascual

(Galde 04, otoño 2013). “Ayudando a pasar la página del odio”. Esther Pascual es doctora en Derecho y mediadora, con una amplia experiencia profesional a sus espaldas. En 2011, Txema Urkijo, desde la Dirección de Atención a las Víctimas del Terrorismo del Gobierno vasco, le llamó para proponerle coordinar una experiencia sin precedentes en nuestro ámbito. Se trataba de poner en marcha unos encuentros entre antiguos miembros de ETA presos y víctimas, una iniciativa que partía de las propias personas presas. 

04EstherPascual El resultado se ha recogido en un libro que se inscribe en una perspectiva esperanzadora de avance hacia una sociedad normalizada y en paz. El proyecto, aplaudido por unos, rechazado por otros, aunque limitado en su alcance cuantitativo, es de muy hondo calado y se puede relacionar con otras iniciativas animadas de un espíritu similar, como la iniciativa Glencree. Este poner en contacto a ex-terroristas y víctimas o a víctimas de distintos signo es una experiencia nueva y constituye un paso más en ese largo camino de verdad, reconocimiento y memoria que nos debe conducir a superar tantas décadas terribles.

Hemos tenido el placer de poder conversar con Esther Pascual sobre todo ello.

1. El conjunto de participantes en el libro tenéis una amplia experiencia en labores de mediación.No obstante, ¿cómo os decidís a participar en una iniciativa nueva, relacionada con el ámbito de la violencia política y el terrorismo? Se supone que implica unas coordenadas diferentes a las de otros delitos, por ejemplo en cuanto a la existencia de un importante sector social, al menos en la sociedad vasca, que ha podido justificar y legitimar, incluso aplaudir, las acciones de ETA. Tu misma eras, dices en el libro, relativamente desconocedora de la situación política en Euskadi y de la historia de ETA.

El bagaje lo tenemos en mediación penitenciaria, entre conflictos entre presos, en mediación penal, mediando entre víctimas e infractores y algunos de nosotros, en mediación familiar para la ruptura de pareja. La primera persona que comienza soy yo, y el resto del equipo se incorpora tras los cuatro primeros encuentros restaurativos, siendo dos personas del equipo vascas y por tanto muy implicadas en las vivencias que narras. El resto, efectivamente sin saber nada de esas vivencias, nos decidimos a hacerlo porque sí conocíamos a fondo el sistema penal y penitenciario y el proceso de mediación. Y tanto los ex-terroristas, como las víctimas, son personas igual que los otros presos e igual que las otras víctimas. Por tanto, no íbamos a dejar de mediar por el tipo de delito, puesto que siempre hemos defendido que la mediación sirve para todas las faltas y delitos. Lo que determina el participar o no nunca debe ser la tipología delictiva, sino la voluntariedad de las partes para participar. El hecho de desconocer todas esas vivencias que los vascos habéis vivido, nos permitió acercarnos sin miedos, sin prejuicios, sin impresiones, totalmente “limpios” de creencias, de pensamientos, de errores, etc. Para nosotros, se trata de personas igual que el resto de los mortales, que quieren participar en unos encuentros, acudiendo unos como victimarios, y otros como víctimas. Por tanto, ¿por qué íbamos a rechazar una propuesta de participación en algo tan potente y tan transformador para todos?

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2. Esta iniciativa se enmarca en la llamada “justicia restaurativa”, frente a la llamada justicia retributiva o punitiva, más centrada en la pena que debe cumplir quien ha perpetrado un delito, como supuesto pago a la sociedad (A.J. Olalde, cap. “Encuentros restaurativos en victimización generada por delitos de terrorismo: bases teóricas”). Se supone que esta otra concepción de la justicia da un nuevo protagonismo a las víctimas. Se habla, incluso, de un nuevo paradigma del derecho penal. ¿Qué implica, en concreto, esta nueva concepción de la justicia?

En el derecho penal actual, en nuestro sistema, la víctima se ha convertido en un mero testigo de la acusación sin más. Salvo que se constituya en acusación particular, no es debidamente informada, asesorada, ni acompañada. No está dentro de la sala cuando declara la persona acusada y, por tanto, nunca le podrá preguntar por qué a mí y cómo te sientes, dos cuestiones claves para las víctimas. Tampoco se tienen en cuenta las necesidades de las víctimas que, en muchas ocasiones, no son retributivas, ni económicas. De ahí la necesidad de dar protagonismo a las víctimas a través de otros mecanismos que conviven junto al sistema penal, como es la justicia restaurativa. No se trata de que las víctimas se erijan en plenipotenciarias detentadoras del control punitivo, y que ellas decidan cómo se administra la justicia. Eso sería ilógico e irracional. Pero sí se trata de que puedan participar (siempre que así lo deseen) si eso les puede ayudar a cerrar duelos, cerrar interrogantes, despejar dudas, aclarar cuestiones, obtener calma, o lo que en definitiva se llama obtener una reparación bien material, bien emocional, o ambas.

3. Maixabel Lasa, quien fuera la responsable de la Dirección de Víctimas del Terrorismo del Gobierno Vasco y participante en estos encuentros, dice en el “Prólogo” del libro que esta experiencia “sin lugar a dudas, servirá para sentar las bases de un futuro en paz y convivencia, sin posibilidades de retorno a lo vivido en los últimos años”. Por otra parte, uno de las capítulos del libro (X. Etxebarría Zarrabeitia, “La recuperación del victimario y el paradigma restaurativo”.) se inicia con la célebre frase de Sebastián Castellio “Matar a un ser humano no es defender una doctrina, es matar a un ser humano”, pronunciada en el siglo XVI ante la muerte de Miguel Servet a manos de Calvino. ¿Cómo alguien que ha matado, y lo ha justificado y se ha justificado a sí mismo, puede convertirse en “agente de paz”, en términos de Reyes Mate?

Pues porque hace falta mucho valor para reconocer el mal que has causado, querer asumirlo, mirar a la persona a la que has herido o arrebatado a su ser querido, mirarle a los ojos y decirle: aquí estoy, dispuesto a explicarte o aclararte lo que necesites, a escucharte y escuchar todos tus reproches,  a pedirte perdón. Alguien que hace eso, por supuesto que puede convertirse en un agente de paz, en el sentido de que puede “contagiar” a otras personas a que hagan lo mismo, de manera que se contribuya a una pacificación social. Para las víctimas es doloroso que salgan los etarras orgullosos de su pasado y de su lucha, mientras que les reconforta saber que también hay ex-terroristas que salen arrepentidos y con ganas de contribuir a la paz. Eso les convierte en agentes de paz. Y al decir arrepentido nunca me refiero a humillado. Son cosas distintas. Nelson Mandela es un gran ejemplo de todo esto.

4. Para participar en los encuentros los terroristas deben haberse desvinculado definitivamente de la organización o estar en un proceso avanzado de desvinculación. Pero la mayoría de los presos de ETA no están en esa posición y recientes declaraciones de algún importante dirigente de la izquierda abertzale se sitúan en las antípodas del reconocimiento del daño causado. De hecho, esas condiciones de partida limitan fuertemente el ámbito de aplicación de una iniciativa como esta, que parece por ahora circunscrita a ex-miembros de ETA acogidos a la llamada “vía Nanclares”. Por otra parte, se deduce del libro que ha resultado una iniciativa enormemente enriquecedora y provechosa y en el “Epílogo” Txema Urkijo y Mercedes Gallizo la ponen en relación con el esfuerzo por “pasar la página del odio”. ¿Cuál es realmente su valor, pese a esas limitaciones citadas?

Su valor es que es una iniciativa que no se circunscribe a ningún partido político, ni a ninguna iniciativa conjunta o general, no entiende de simpatías hacia unos u otros, no parte de ningún sector político, ni asociativo, ni de ningún poder público. Es una iniciativa que se hace a nivel PERSONAL, porque uno mismo decide hacerlo porque así lo siente. Eso tiene mucho valor en sí mismo. También tiene el valor de que verdaderamente se intenta VENCER LOS ODIOS y hacer algo desde la responsabilidad personal, que aunque no lo quieran reconocer es mucha. Cada persona es responsable de todo lo que hace o no hace.

5. Lamentablemente, la “vía Nanclares”, que desde una perspectiva democrática y de reparación de las víctimas, podríamos considerar el camino más apropiado para los presos de ETA, va a ser una opción minoritaria; por otra parte, el Gobierno Rajoy tampoco parece interesado en ella. Incluso asistimos en su momento a una cierta perversión de los “encuentros”, con el tratamiento mediático de un encuentro, fuera de vuestras coordenadas, entre la hermana de un conocido dirigente del PP asesinado y un victimario. ¿Estamos en vuestro caso ante una experiencia cerrada, conclusa, al menos a corto y medio plazo?

Con el gobierno actual, que es un gobierno tremendamente timorato, y que parece no querer desinstalarse del odio, los encuentros están cerrados temporalmente, mientras haya que hacerlos con personas que están presas. Ahora bien, en el momento en que algunos presos obtengan la libertad o permisos, se reanudarán, porque la voluntad de participar es tan fuerte en víctimas y victimarios (en algunos, claro) que continúan pendientes de poder llevar a cabo ese encuentro tan ansiado, y ahí sí que el gobierno no podrá cercenar la libertad de participación. El gobierno debería recapacitar y cejar en su empeño por no superar el odio y cerrar heridas, más cuando la sociedad vasca lo desea. Parece mentira que no escuchen a sus compañeros del PP vasco, que son buenos conocedores de las demandas de la sociedad y de las necesidades de Euskadi para alcanzar la paz.

6. A propósito de las estrategias de justicia restaurativa en el nivel macro se habla en el libro de las comisiones de la Verdad. Creo que la situación vasca ha tenido poco que ver con Sudáfrica, Guatemala u otros países y no sé hasta qué punto podría ser una alternativa válida para Euskadi. No obstante, y a un nivel más micro, y pensando sobre todo en los efectos beneficiosos que vuestra experiencia ha tenido en víctimas y victimarios, también en vuestro equipo, ¿cabría pensar en algún momento en una experiencia de este tipo, por ejemplo entre víctimas de la tortura y victimarios del Estado?

Por supuesto que sería muy beneficioso que también los torturadores fuesen capaces de dar explicaciones y pedir perdón a las víctimas, pero creo que lo no lo harán jamás. No creo que quieran convertirse en agentes de paz. El diálogo siempre es beneficioso a todos los niveles. Para las víctimas de la violencia estatal sería un paso muy importante y clave también en el proceso de paz.

7. La lectura del libro es emocionante, yo, al menos, así la he vivido. Se insiste una y otra vez en la emoción, la generosidad, la valentía, la sinceridad derrochadas por víctimas y victimarios, también en la emoción compartida por todo el equipo implicado de fuera y de dentro de la prisión, se presenta, en fin, como una experiencia humana maravillosa y reconfortante. Pareciera algo totalmente alejado de la política, cuando menos, de todo aquello que asociamos a la arena política actual (sectarismo, autoritarismo, clientelismo, opacidad, corrupción, etc.).

Por supuesto, nosotros no hacemos política, nosotros hacemos mediaciones. Y las personas que han participado lo mismo, de ahí que los encuentros hayan sido tan tremendamente humanos y libres de toda ideología, de todo sectarismo, de condiciones, etc.

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8. Derrotado el terrorismo de ETA, aunque no ha desaparecido la organización, los nuevos tiempos parecerían propicios para una política penitenciaria más orientada a la reinserción. Recientemente, la sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo ha rechazado la aplicación retroactiva de la “doctrina Parot”. Sin embargo, esta decisión ha provocado una importante reacción en el mundo de las víctimas, aunque tampoco unánime. Jurídicamente la decisión de Estrasburgo parece impecable y, por otra parte, parece difícil hablar de impunidad respecto a personas que han pasado más de veinte años en la cárcel. ¿Cómo conciliar elementos tan aparentemente irreconciliables, la aplicación de la justicia, el dolor de las víctimas, la excarcelación de personas que no reconocen en absoluto el daño causado?

Primero habría que explicar claramente en qué ha consistido la aplicación de la doctrina Parot, porque todo el mundo habla de ella pero muy pocos (salvo algunos juristas) saben exactamente qué es y qué ha supuesto. Habría que explicar qué suponía el código del 73, y luego las posteriores reformas (1995 y 2003). Una vez que se haya entendido habría que explicar lo que es la seguridad jurídica para todos los ciudadanos, es decir, trasladarles el supuesto a todos los ciudadanos para que entiendan que la inaplicación de la doctrina Parot ha venido a ofrecer garantías jurídicas, ha venido a asentar el estado de Derecho. Una vez que eso se entendiese, habría que ver de qué manera se pueden abordar las necesidades y los intereses de las víctimas, concediéndoles cierto protagonismo, pero no todo. Hay que hacer ver a las víctimas que no todas las personas tienen que salir arrepentidas de sus crímenes. Ojalá fuese así, pero no lo es, y ni el derecho penal, ni el derecho penitenciario están para eso, no está entre sus fines la asunción del hecho delictivo y el arrepentimiento, así que creo que el problema está en las EXPECTATIVAS QUE TIENEN ALGUNAS DE LAS VÍCTIMAS respecto al proceso penal y respecto a la pena. De ahí todo su dolor, se trata de una expectativa frustrada y que por ende las revictimiza aún más. ¿Y quién genera esas expectativas? Los gobiernos (no el sistema judicial) para generar votos. Por tanto, el sistema engaña a los ciudadanos y luego piden que el sistema judicial les de lo que los gobiernos les prometieron. Hay un error de base tremendo. Hay que dar información veraz, sin criterios utilitaristas de votos a las víctimas y buscar otros mecanismos FUERA DE LOS SISTEMAS DE JUSTICIA PENAL Y PENITENCIARIA que ayuden a satisfacer a las víctimas.

9. La lectura del libro me ha producido también una sensación extraña. En un mundo en el que parece imponerse definitivamente aquello de que “una imagen vale más que mil palabras”, un mundo de imágenes, pantallas, comunicaciones vertiginosas, de inmediatez y al mismo tiempo enorme distancia real, vuestra experiencia insiste en el valor de la palabra, del gesto, del diálogo, del encuentro físico, del mirar directamente a los ojos, de dar a las cosas su tiempo. Además se ha sabido, y podido, mantener al margen del ruido mediático. Podría parecer como una estrategia de otro época, no sé si anacrónica, pero casi, aunque para mi resulta reconfortante y ejemplar. ¿Que te parece a ti, cómo se ha vivido la experiencia desde dentro?

Desde dentro se ha vivido como con mucha intensidad y emotividad, con mucho respecto y con mucha admiración. No me cansaré de decirlo, ha sido un privilegio ser testigo de algo tan constructivo y tan humano y tan bello.

10. Para terminar, dada tu condición de abogada y tu experiencia penalista, tengo que preguntarte por la reforma del Código penal del ministro Gallardón que no parece caminar por la senda de la justicia restaurativa, precisamente. ¿Qué opinas del nuevo proyecto?

Creo que estamos retrocediendo en muchísimos aspectos, estamos avanzando hacia atrás. Estamos inmersos en una “auténtica diarrea legislativa”, no paran de modificarse leyes, no aprendemos de los errores, no se escucha a los expertos a la hora de elaborarlas. Vamos hacia una justicia que hace distinciones entre ricos y pobres, hacia una justicia que criminaliza cada vez más conductas, hacia una justicia que nadie o pocos quieren. Un Código penal elaborado sin escuchar a los que más saben de la aplicación de la justicia. En fin, son tiempos difíciles para lo restaurativo, porque lo retributivo y lo mercantilista lo invaden todo, no porque la sociedad lo demande, sino porque los políticos y muchos medios de comunicación hacen que parezca que la sociedad lo demande.

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