Fairbnb: una alternativa responsable en busca de una economía colaborativa real.

 

(Galde 23, 2019/invierno). Sito Veracruz.- 

Hace ahora 4 años escribía un post en el blog de Paisaje Transversal con un título bastante claro: ‘Por qué Airbnb es más una oportunidad que una amenaza’. Como urbanista, siempre tuve presente la idea de la optimización de los espacios privados en la ciudad, y los alojamientos turísticos supuestamente iban a detener el crecimiento de construcción hotelera (luego hemos visto que no, pero eso es otra historia). Además, en ese momento me mostraba especialmente optimista respecto a una de las mayores ventajas que la ‘economía colaborativa’ podía traer al sector turístico: la extensión de los beneficios a nuevos actores más allá de los tradicionales. Casi de un día para otro, los particulares pasaron de ser meros usuarios de servicios turísticas a ser una parte importante en la oferta de cualquier ciudad o región del mundo.

En ese mismo artículo, sin embargo, ya avisaba de que la falta de límites claros a esta actividad podría hacer que se volviera en contra del interés general. 4 años después, la inmensa mayoría de nuestras ciudades sigue sin tener una regulación y/o herramientas de control adecuadas y sabemos que la mayor parte de las reservas que se realizan a través de estas plataformas no son a particulares sino alquileres realizados a través de intermediarios, detrás de los cuales hay sociedades de inversión, grandes empresas, multipropietarios…

A la realidad de los grandes propietarios se le suma otro aspecto que la Profesora de Sociología de la Universidad de Boston Juliet Schor y su equipo han sabido exponer de forma brillante a través de varios artículos: debido al gran capital necesario para ser huésped en una plataforma de alojamiento turístico (la gran mayoría son propietarios), el efecto de este tipo de plataformas no disminuye la brecha entre las élites y la mayoría, sino que acentúa las diferencias entre los que se pueden permitir una casa en propiedad y los que no.

Paradójicamente (o no), lo que parecía nacer como una herramienta contra la desigualdad se convierte justo en lo contrario. Y además, se basa en una actividad como es el alquiler de alojamientos turístico que no va a desaparecer, que no sólo es conveniente en muchas situaciones, sino que ya se ha convertido en el tipo preferido de alojamiento para muchos viajeros.

Tomando esta realidad como punto de partida, hace más de dos años que empezamos a pensar, ¿cómo sería una plataforma de alquiler de alojamientos turísticos que tuviera en cuenta sus externalidades negativas y que intentara fomentar el efecto positivo del turismo en un lugar determinado?

Esta reflexión, por supuesto, la estábamos haciendo varias personas a la vez en sitios diferentes, así como también éramos (y somos) varios los que estamos trabajando en modelos alternativos.

En mi caso, esta pregunta surgió por primera vez en una reunión de ‘Faircity’, una plataforma de asociaciones de vecinos de Amsterdam, donde resido desde 2012. Uno de sus grupos de trabajo era sobre los problemas que el alquiler vacacional estaba provocando en la ciudad. Al principio nos centramos únicamente en cómo el Ayuntamiento podría mejorar su regulación sobre este tipo de alquileres de forma que fuera más restrictiva y más fácilmente aplicable. Sin embargo, en un momento dado nos dimos cuenta que no queríamos depender únicamente del Ayuntamiento, sino que queríamos trabajar en la idea de una plataforma alternativa. ¿Por qué no?

Hicimos varios ‘meetups’ abiertos donde nos preguntamos qué significaría ser “fair” (justo) para una plataforma así. Nuestras conclusiones iniciales eran básicamente tres. Una plataforma ‘fair’ debería pagar impuestos localmente, cumplir con la legalidad vigente a toda costa y tener forma de sociedad cooperativa, de forma que los salarios y beneficios estuvieran controlados y limitados.

Por suerte, una periodista del diario The Guardian pensó que nuestra propuesta era interesante y publicó una entrevista que me hizo sobre nuestra iniciativa. Al día siguiente, varios grupos que estaban trabajando en ideas similares contactaron con nosotros y aportaron enfoques y propuestas que no habíamos tenido en cuenta. En Venecia, por ejemplo, un grupo de activistas estaba trabajando en una plataforma que involucrase a los vecinos en la toma de decisiones de los requisitos para ser huésped en cada ciudad -por ejemplo, limitar la autorización a ser huésped a residentes, evitando la especulación por parte de inversores extranjeros.

En Barcelona también estaban trabajando en un proyecto similar, pero con otro enfoque diferente. Su idea era que la nueva plataforma fuera propiedad de los propios ‘host’, agrupados a través de una cooperativa. En Bolonia, la idea se llamaba Solbnb y su punto característico era también algo nuevo para nosotros: la donación de parte de los beneficios a proyectos sociales en la zona donde se realiza la reserva como forma de expandir los beneficios del turismo.

Pasamos unos cuantos meses trabajando para trazar un plan conjunto. Sabíamos que un proyecto así requería una masa importante y un lanzamiento a nivel multinacional. Y en eso estamos. El proyecto en cuestión es Fairbnb.coop, una plataforma de alquiler vacacional que esperamos lanzar antes de final de año y que cuenta con tres diferencias fundamentales respecto al resto:

1) Transparencia y legalidad. Nuestra plataforma nace con una vocación absoluta de transparencia y con una colaboración con las autoridades que incluye nuestra disposición a ayudar en la creación y seguimiento de políticas de control. Además, tenemos una limitación de una casa por usuario a nivel global y los nodos locales pueden solicitar unos requisitos de acceso especiales en sus ciudades.

2) Financiación de proyectos locales. El 50% de la comisión de servicio se destinará a financiar proyectos comunitarios elegidos por los vecinos a través de nodos locales, aunque serán los propios viajeros los encargados finales de decidir a qué proyectos quieren donar esa parte de su dinero.

3) Un modelo cooperativo respaldado por un modelo de nodos locales. La plataforma será propiedad de una cooperativa, que a su vez estará en parte formada por nodos locales con capacidad para constituirse como una nueva entidad legal y ofrecer servicios a huéspedes (limpieza, intercambio de llaves, etc.) y viajeros (experiencias, traslados, etc.). Todo esto sucederá dentro de una cooperativa que permitirá realizar estas actividades de forma legal y regulada.

Este último punto es de especial relevancia, ya que vuelve al inicio de este artículo y la incapacidad de las plataformas hasta el momento para distribuir los beneficios del turismo.

Nos gusta decir que no hay mayor economía colaborativa que la economía cooperativa, y por ello estamos trabajando en uno de los proyectos pioneros del movimiento ‘Platform Cooperativism’, término acuñado por el profesor Trebor Scholtz en 2015 y que desarrolla año tras año en la conferencia del mismo nombre en Nueva York, a la que hemos sido invitados en dos ocasiones.

Aunque hace años que el modelo cooperativo ha demostrado ser un ejemplo de cómo competir en multitud de sectores perdiendo menos empleos que sus competidores y sin renunciar a su vocación social y sus principios, son muy pocos los ejemplos de cooperativas innovadoras vinculadas a productos digitales.

A día de hoy, Fairbnb es una cooperativa de trabajadores con sede en Bolonia, Italia (una de las capitales cooperativas del mundo). Sin embargo, nuestra idea es ir más allá de la configuración tradicional de cooperativa y desarrollar un nuevo concepto ya establecido en Canadá, y de alguna manera en las legislaciones de otros países como Francia, España e Italia: las cooperativas ‘multi-stakeholder’ o de múltiples partes interesadas.

En las cooperativas tradicionales varias personas o entidades que desarrollan una misma actividad se unen por una necesidad común: los consumidores se unen para comprar a mejor precio; los productores para distribuir sus productos conjuntamente; los profesionales para ejercer su labor bajo un mismo paraguas; etc. Sin embargo, en las cooperativas ‘multi-stakeholder’ la cooperación no se produce por una necesidad común, sino por una visión compartida, por un objetivo común a largo plazo que tiene un carácter transicional y no únicamente transaccional.

En el caso del turismo, el objetivo común es un turismo socialmente sostenible que tenga en cuenta el impacto negativo de este, y que a la vez permita que sean varios los actores a nivel local que puedan decidir sobre sus límites y que se puedan beneficiar de esta actividad económica.

Varios expertos a nivel europeo nos están ayudando a perfilar la configuración de esta cooperativa, que permitirá que usuarios con intereses a priori distintos puedan participar en la toma de decisiones y la gestión de una plataforma cooperativa que trabaje para lograr un turismo más justo. Cuantos más seamos, más fuertes seremos. ¿Quién se apunta?

La plataforma Fairbnb se lanzará en versión alfa en las próximas semanas, comenzando en cuatro ciudades piloto: Amsterdam, Barcelona, Bolonia y Venecia. Puedes encontrar más información sobre el proyecto en nuestra página web (www.faibnb.coop), Facebook (Facebook.com/fairbnbcoop) o en Twitter (@fairbnb_es).

Categorized | Dossier, Economía

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