Entrevista. Iñaki Gabilondo

Iñaki Gabilondo, periodista.

 «El periodismo tiene un gran futuro si combina solvencia, decencia y tiempo.»

Galde 19 (verano/2017). Entrevista realizda por Alberto Surio.
Iñaki Gabilondo (San Sebastián, 1942), periodista y maestro de periodistas, se muestra optimista ante el futuro de los medios de comunicación a los que ha dedicado toda su carrera profesional. Pero admite que el cambio de época en el que vivimos, con transformaciones tecnológicas aceleradas, ha acentuado las luces y las sombras, las grandezas y las miserias, de este viejo oficio de contar las cosas. Gabilondo es consciente de que el contexto de todo esto es un cambio por completo el modelo de negocio de los medios de comunicación y ha dejado a muchos profesionales en la estacada, sobre todo a los más jóvenes. Pese a ese desplome, que reconoce que le duele profundamente, vivimos tiempos convulsos que necesitan luces largas. Y es en ese contexto en el que, a pesar de todo, vislumbra un gran porvenir para el periodismo. Eso sí, apuesta por una terapia muy clásica para el ‘viejo oficio’ , que se base “en la decencia” y que apueste por tener tiempo para afrontar la velocidad de una sociedad emergente que ha cambiado muchos paradigmas. El gran desafío de los periodistas, a su juicio, pasa por distinguir “la información creíble y potable de la que no lo es”.

“El desafío del periodismo del futuro es distinguir la información creíble, y será como encontrar agua potable en una inundación”

“El periodismo tiene un futuro esplenderoso sin necesidad de rendir genuflexión a las redes sociales”

¿Qué le diría a un joven que quiere ser periodista y que se siente incomprendido? Nadie le entiende y muchos le dicen… no tendrás futuro. ¿Cómo le animaría?
Iñaki Gabilondo.- Primero le diría que no es difícil lo que le pase en el periodismo que lo que pueda pasar en cualquier otro oficio. Porque mucha gente le puede decir, ¿te vas a casar ahora? Ni se te ocurra. Y eso con muchos proyectos. Estamos en un momento de gran pesimismo institucionalizado de manera que cualquier persona para llevar adelante sus sueños tiene que atravesar una enorme barrera de escepticismo. Y muchas veces no es fácil superar esa muralla. A un joven que quiere ser periodista yo le diría que el periodismo va a tener una larguísima y esplenderosa  vida, aunque el periodismo que hemos conocido esté en una crisis honda y profunda. El periodismo es un oficio precioso, con una enorme riqueza vital, que te da una gran posibilidad. Es el mejor momento para hacer periodismo y el peor momento para vivir del periodismo, se da esa tremenda contradicción, pero le diría: mira chaval, no te ciegues con la mirada del plano corto del ahora mismo, de lo efímero del momento, está profesión puede darte momentos extraordinarios. El oficio es extraordinario a pesar de las cosas que te cuenten.

El viejo oficio de contar las cosas, ¿sigue teniendo sentido?
I. G.- El viejo oficio de contar las cosas tiene todo su sentido. De eso no tengo ninguna duda.  Lo que ha sufrido un cambio muy grande es el de las estructuras empresariales que sostenían todo este tinglado. Se ha producido un gigantesco cambio en el modelo de negocio, con todos los condicionantes que eso supone. Como el periodismo en papel prácticamente no puede competir con nada, los periódicos están en una crisis extraordinaria. Y como todo, el periodismo que se sustentaba en todo en torno a la vieja estructura industrial ha entrado en una crisis formidable que se manifiesta con un sector en el que ha habido mucho paro, mucha precariedad, muchos salarios de miseria, muchos profesionales que se han quedado en la estacada, fuera del circuito laboral… Es la estructura empresarial la que ha sostenido el negocio la que se ha venido abajo. Mientras tanto, están surgiendo mulltitud de nuevas iniciativas periodísticas alrededor de las nuevas tecnologías. Pero claro, vemos más claramente el mundo que se cae que el mundo que emerge. Hace más ruido un árbol que se cae que un bosque que crece. Vemos y oímos el estrépito del desmoronamiento, y no nos damos cuenta de la cantidad de nuevas plantas que están surgiendo a nuestro alrededor.

El periodismo digital

El periodismo tradicional se ve atenazado por nuevos soportes. Por un lado, las redes sociales, que muchas veces suponen un verdadero vertedero gracias al anonimato. pero luego está el periodismo digital…
I. G.- La observación de que la red es como un vertedero es quizá una mirada un tanto parcial que no abarca todo lo que suponen las redes sociales. Porque hay muchas iniciativas de periodismo digital de mucho calado que no son un vertedero. Ahí está en New Yorker, con artículos de 30 páginas. Está habiendo de todo en la red, también cosas de mucho peso y de mucho valor que también hay que saber reconocer. Respecto al periodismo de papel,  basta montarse en el Ave para darse cuenta de que la crisis de la lectura en papel, más aguda entre los menores de 40 años. Ves muy pocos periódicos en papel entre los viajeros. El periodismo en papel tendrá un sentido, pero no el sentido que tuvo, aunque tampoco tengo una varita mágica para vaticinar cómo va a ser el futuro y qué papel, y nunca mejor dicho, va a tener el papel en ese porvenir tan incierto ahora. Eso sí, ya no se venderán nunca los ejemplares que se vendían antes. Aquel modelo se corresponde con un pasado en el que o había otras alternativas, ni redes sociales ni nuevas tecnologías.

¿Pero qué función tendrá entonces el periodismo clásico?
I. G.- Ese periodismo clásico, mejor dicho, el periodismo a través del soporte tradicional de la prensa de papel, terminará teniendo una función más interpretativa, más valorativa, más analítica, con más reportajes… no tan informativo… y no sé si con la actual periodicidad diaria o serán productos semanales.

¿El papel sobrevivirá?
I. G.- El papel sobrevivirá pero para una actividad informativa que ya no será el eje de la actividad periodística. Se tratará de que busque la influencia. El Times de Londres tenía una influencia extraordinaria con 300.000 ejemplares cuando había periódicos que tenían tiradas millonarias.

Las voces y los ecos

¿Internet va a matar el periodista?
I. G.- En absoluto  Internet va a matar al periodista. Muy al contrario, le va a ofrecer una cantidad de posibilidades que no se lo pueden ni creer. Yo suelo decir a los jóvenes, cuando yo terminé periodismo,  yo quería dedicarme a la radio y solo podía trabajar en Radio Nacional, en la SER, en la COPE o en la Voz de Gipuzkoa, había una única televisión… ahora hay un millón de puertas. Claro, que eso no va a tener que ver con el contrato tradicional de toda la vida sino con múltiples iniciativas creativas que son las que ahora se están dando en el ámbito profesional. El periodismo está creciendo muchísimo, solo que de la red no vemos más que esa especie de gran botellón, que es donde se recogen los comentarios que son una vergüenza, que son muy degradantes, una espuma que nos indigna. Esas redes tiene una primera lectura que, al estar sostenida por el anonimato, son una primera gamberrada iniciamente, y que después se han convertido en fenómenos altamente degenerativos. Eso hay que saber detectarlo para hacer una criba inmediata. Pero todo ese periodismo digital nos emplaza también a distinguir aquello que decía Antonio Machado, las voces de los ecos, y ver que lo otro puede ser tremedamente válido y que no debemos descalificarlo de entrada. En realidad, no hay ninguna puerta que sirve solo para abrirse. ni para cerrarse. Una puerta sirve para las dos cosas siempre. Ni ninguna cuesta sirve solo para subir. Lo que pasa es que vivimos n un mundo tradicional que se está desplomando ante nosotros. Y luego hay un gran complejo de inferioridad inexplicable en el periodismo adulto.

Complejo de inferioridad

¿Cuál es ese complejo de inferioridad?
I. G.- De repente, ese mundo adulto ha tenido la sensación de que como no se homologue como joven no tiene nada que hacer. Y se disfraza de joven, y tiene que hacer permanentemente haciendo la genuflexión a las redes sociales. El periodismo tiene un futuro esplendoroso sin rendirse a esa genuflexión. A las redes sociales hay que prestar lógicamente atención, pero tampoco es el nuevo totem al que hay que inclinarse y adorar. No hay que regalar a las nuevas redes sociales el timón  y la bandera.

Muchas veces se escucha ahora que a más imputs de información, y corremos el riesgo de una cierta saturación, menos libertad…
I. G.- No soy yo el autor de la frase, pero la suelo utiizar bastante a menudo, pero lo primero que escasea en las inundaciones es el agua potable. Y lo primero que escasea en esta innumerable avalancha de infromación es la información potable. El gran desafío del periodismo en este próximo tiempo es identificar las vías de información potable y creíble de las que no lo son.

¿Y cómo logramos encontrar ese agua potable? ¿Dónde está el manantial?

I. G.- La solvencia se va a convertir en un elemento central y la ética, que era casi un asunto ornamental, se va a transformar en un elemento clave. Esa multitud de señales en la que está mezclado lo serio, lo no serio, lo falso y lo real, la frivolidad y la gilipollez, el asunto de fondo… todo eso tendrá que irse depurando. Y valdrá  tanto el New York Times si se adapta, como nosotros si hacemos un artículo sobre San Sebastián. Si la gente nos cree esa será una bandera de solvencia que nos dará credibilidad en el futuro.

Pues vaya desafío…
I. G.- Es un desafío enorme. La gran batalla del periodismo es acreditarse como una realidad solvente en esa muchedumbre en la que se corre el riesgo de que todo se confunda, poque todo parece igual y hay que fjarse un poco va saber que no todo es igual. Y la solvencia hace mucho tiempo que se consigue con una fórmula muy sencilla.

¿Cuál es la fórmula Iñaki?
I. G.- Es muy sencilla, insisto: hay que combinar solvencia, decencia y tiempo. Solo que ahora mucho tiempo no hay y hay que saber manejarlo. Hay que dedicarle un poco de tiempo y la velocidad de la vida es vertiginosa. Cuando ves los confidenciales te das cuenta de todo eso. Se empezó diciendo que eran todos una basura, pues no todos son una basura ni todos son tóxicos. En el barullo de las nuevas ofertas se van acreditando las que son agua potable de las que no lo son. Hasta ahora el ciudadano iba a por la información, ahora es la información la que va buscando al ciudadano, que se encuentra en el centro de una inmensa oferta en la que no identificas a la primera que és lo cierto y qué no lo es.

A mí, que ahora participo en muchos encuentros con jóvenes, me suelen decir que las nuevas redes e iniciativas permiten escapar del control del control de las manipulaciones empresariales.
En el momento en el que la sociedad actual le pide la trazabilidad a todo, desde lo que consumes, la chuleta que te vas a comer por ejemplo, a la información que recoibes en cada minuto no le pides ni su origen ni su procedencia, sino que la aplaudes si viene de un territorio desconocido. la solvencia la tiene que acreditar la procedencia. A los jóvenes hay que decirles que Internet no es el reino de la libertad simplemente porque entra cualquiera, sino que va a ser necesario un ejercicio diario y permnente de acreditación para asegurar la solvencia y ese viejo valor que nunca jamás va a desaparecer, que es la honestidad.

¿Y cómo están abordando los medios de comunicación, en un mundo tan cambiante, fenómenos como la posverdad?

I. G.- La posteridad no es más que la mentira de toda la vida multiplicada por cien millones alrededor de las redes sociales. Toda la vida hemos estado rodeados de intoxicaciones y medias verdades, lo que pasa es que ahora están multiplicados por cien millones por las redes sociales. Y eso produce un estrago de muy difícil control.

¿El ‘cuarto poder’?

Woodward y Bernstein, con la investigación del Watergate, fueron todo un mito para muchos periodistas. ¿Ese tipo de periodismo ha muerto?
I. G.- Aquel periodismo no tiene para nada de pasado, tiene un presente absoluto. El problema va a ser en qué canales va a difundirse esa información. La duda es esa. Hasta ahora hemos tenido la prensa, la radio, la televisión, y ahora se abren nuevos horizontes por donde la gente puede encontrar todo el material. Naturalmente que el periodismo de investigación, como contrapeso clásico del poder, seguirá existiendo, naturalmente qué esa será un  trabajo central del periodismo. De hecho, ahora se elaboran grandes reportajes de investigación y de denuncia por contrato. Se están ingeniando nuevas vías de financiación de este tipo de actividades, que son la acción central del periodismo, que es la más cara. Los medios clásicos que han sufrido el cañonazo de la crisis son los que han reducido ese periodismo de investigación, que es caro. La opinión es más barata que el reporterismo, enviar enviados especiales te sale caro, como tener corresponsables en el extranjero. Ver las cosas en el ordenador es más fácil que ir a la calle. Hace unos años, unos enormes camiones circulaban por las carreteras europeas con grandes bovinas, que llegaban a unas naves industriales, que albergaban grandes rotativas, que por la noche imprimían periódicos… que diez horas despues llegaban a manos de su destinatario después de volver a viajar en camionetas para ser distribuídos por una red de quioscos. Y ahora llegamos a la información apretando simplemente un click. Esa actividad, la del periodismo de investigación, no está condenada a muerte, pero lógicamente necesita nuevos formatos de comercialización. Las novedades aparecen aunque cuando tienes una cierta edad parece que no van a aparecer nunca. Cuando vemos que de las cincuenta empresas más importantes del mundo, hace pocos años 25 no existían…

En el fondo le veo a usted con una mirada positiva y optimista… 
I. G.- No es una mirada positiva ni optimista sobre nada, simplemente miro hacia el futuro y veo que los que estamos contando el presente lo hacemos desde el interior del edificio que se está desplomando, sobre todo si tenemos una cierta edad y es el edificio en el que hemos vivido toda la vida. Si sacamos un poco la cabeza hacia el exterior veremos que es un mundo el que se desploma, no todos los mundos se caen también es cierto que se está alterando mucho el papel del periodismo como referente ético, político, social, antropológico…

¿Será que ya no hay ‘cuarto poder’?

I. G.- Pues a lo mejor sigue existiendo lo que se llama ‘el cuarto poder’, pero está subdividido en multitud de señales. Ningún periódico tiene el papel hegemónico que tenía antes, pero claro, todo el que tiene influencia, tiene poder, lo que pasa es que ahora ya no solo son dos los que tienen influencia. Ahora la competencia se ha hecho muy diversa.

¿Cómo crees que están actuando los medios de comunicación an el conflicto abierto en Cataluña?
I. G.- Respecto a este tema reivindico aquella frase de Albert Einstein: Hace mucho tiempo que es más dificil disolver un prejuicio que disolver un átomo. Los prejuicios están muy fuertes ante sacudidas formidables. Por eso yo me pregunto si la política y los medios no se corresponden más a los antiguos actores cuando por debajo hay una nueva sociedad. No sé hasta qué punto los partidos y los medios estan representando bien a la nueva sociedad. Los medios de comunicación están viviendo con una extraordinaria pasión y mucha radicalidad el asunto. Yo siempre digo que el problema va a ser cómo se reconstruyan las cosas a partir del 1 de octubre, más allá de la batalla feroz en torno al 1 de octubre. Y es que hace mucho tiempo que he llegado a una conclusión: si hay un proyecto las cosas se pueden ahormar. Si no, es muy difícil. Salvo Euskadi, en donde después del drama vivido sí parece que ha emergido un proyecto, España no tiene un proyecto, tiene un Gobierno que lleva la contabilidad, pero no un proyecto. Aquí ha habido un proyecto de la democracia, de modernización, ahora hay un rompan filas, un sálvese quien pueda y, eso sí, la oficina de la contabilidad está abierta. Los medios de comunicación están participando ahora en la parte más aguda del conflicto catalán, que es el de un órdago a la grande, absolutamente descarnado, pero respecto a la búsqueda de proyectos comunes no hay nada. Mientras tanto, las sociedades viven sus aventuras vitales y se hacen mayores.

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