El entorno digital: lectura crítica desde la cultura

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(Galde 15 – verano/2016). Aintzane Larrabeiti, Xavier FinaSomos una sociedad hiperconectada con acceso inmediato a toda la información disponible en la red en cualquier momento y lugar. Utilizamos herramientas de comunicación de alcance formidable. El uso de prefijos superlativos refleja una escala difícil de describir y, más aun, de asimilar. Es el eco de un cambio de paradigma que va más allá del uso de las nuevas herramientas; es habitar un nuevo territorio, con unas nuevas reglas de juego y en el que son distintos el cómo y el qué.

El entorno digital se caracteriza por su naturaleza global. Es un medio que acerca y conecta, sin limitaciones espaciales, un territorio sin fronteras. Es el terreno de lo inter, lo trans y lo multi. Por su alcance beneficia a los agentes grandes y a las culturas dominantes.

Es un espacio virtual que favorece una comunicación viral, un flujo de comentarios, de reacciones y de contenidos no necesariamente profesionales, ligero, rápido, simultáneo y volátil. Fugaz. Dice Bauman que nuestras rutinas se sustituyen tan rápido que no da tiempo a que los hábitos se consoliden. Esto hace que valores como la permanencia o la perdurabilidad, tan íntimamente ligados a la obra de arte y a la cultura, hayan perdido valor. El contenido es un atisbo, una visión fugaz, una mirada de pasada. Todo fluye, nada permanece. Heráclito continúa vigente.

La fragmentación es otra de las características de las nuevas formas de creación y de apropiación de contenidos. Cambian los relatos y las formas de narrar; cambian la manera de captar y aprehender lo real. El gusto por la ficción de las series para televisión está generando nuevas formas de narrar caracterizadas por la fragmentación y la elipsis. Lo mismo cabe decir en el caso de la música, donde el álbum está perdiendo valor en favor de la canción, del tema. Son retazos, trozos, clips, fragmentos. Y son las generaciones más jóvenes quienes antes adoptan estos modos de consumo que luego se extienden al resto.

Frente al modelo predigital de cadena de valor secuencial y lineal de creación, producción, distribución, venta y consumo, el nuevo entorno abre la posibilidad de gestionar desde otra perspectiva, de un modo continuo, combinado y en tiempo real. Se rompen también los límites entre medios, soportes, formatos y expresiones dando lugar a derivados como los transmedia. La mezcla, la confluencia y la hibridación son rasgos de las nuevas producciones.

Las tecnologías proporcionan al público capacidad de intervenir en los contenidos. Las reglas del juego cambian radicalmente y obligan a incorporar al público como parte integrante del medio. Cada día disponemos de más elementos interactivos al alcance de la mano. Hemos integrado esos avances a nuestros hábitos de vida sin darnos cuenta.

La demanda de información y de contenidos culturales es creciente. Se consume más que nunca. Cuestión aparte es cómo se accede, cómo se consume, en qué soportes, cómo se valora y si se está dispuesto a pagar por esos contenidos. Ante la avalancha de contenidos, la manera de lidiar con la ignorancia radica en la credibilidad de las fuentes y la capacidad de selección. La mediación y la prescripción son indispensables. Y con criterio, porque a falta de filtros cualificados, la red se ocupa de hacerlo por nosotros. Como señala Valcárcel Medina, podemos contribuir a una ordenación de lo imprescindible… o de lo prescindible.

Se tiende a utilizar dicotomías para describir las características principales del entorno analógico y el digital, remarcando sus diferencias. Es socorrido pero peligroso, porque tienden a idealizar lo digital asociándolo a valores positivos en contraposición con lo analógico, que se describe como caduco y obsoleto. Así, se contraponen cuestiones como desfasado vs. inmediato; derechos de autor vs. libre acceso; dominio empresarial vs. democratización; fronteras vs. aldea global; cerrado vs. abierto. Como puede verse, ilustrativo pero discutible. Se vive, pues, una suerte de tensión estructural entre la continuidad de un modelo de negocio en crisis y la introducción de las soluciones mágicas derivadas del nuevo entorno. Y todo esto en un contexto general de crisis.

Una aproximación a las transformaciones digitales en las industrias culturales parte de la caracterización de dos lógicas distintas, producción en serie y cultura de flujo, en base a elementos como la durabilidad del producto, la reproducibilidad, la continuidad, la tecnología y la financiación.

La producción en serie incluye las industrias tradicionales del disco, el libro, la prensa escrita, el cine y el vídeo, cuyos productos se financian a través del pago del consumidor. Los soportes materiales aseguran la durabilidad y la reproductibilidad y la producción se rentabiliza a través de la venta de copias. Por su parte, en la cultura de flujo se incluyen los medios de comunicación como la radio y la televisión. Su financiación es indirecta, mediante la publicidad. El contenido es continuo, se difunde a través de un soporte propio en el que invierte el consumidor.

El cambio tecnológico ha dejado obsoleta esa dicotomía entre la lógica productiva y la de flujo. Así, en el nuevo contexto conviven multiplicidad de lógicas que se solapan entre sí. No están claros los modelos de negocio, no existen recetas infalibles. Las industrias culturales están obligadas a responder a lo digital. Están porque tienen que estar, pero viven del negocio de siempre, cada vez más menguante. Las claves pasan por entender el contexto y adaptarse según las posibilidades de cada uno. No hay estrategia, sino estrategias. Las dificultades estriban tanto en los propios sectores, como en la necesidad de revisar, regular y redefinir las reglas del juego en torno a los productores de contenidos, de soportes y de software, mediadores tecnológicos y usuarios. Mientras no se regule, las reglas las dictan los dueños de los soportes y los accesos, que son quienes verdaderamente sacan partido del crecimiento de la demanda de bienes simbólicos e información. De momento, no hay duda de quién gana.

Todo lo dicho, lejos de proporcionar una visión agónica de la cultura, saca a la luz las diferencias entre el consumo virtual y las prácticas en vivo y refuerza la importancia de estas últimas. Lo digital no impide o sustituye, sino que revaloriza las experiencias presenciales. Porque no deja de ser una simulación. Puede ser una extensión, una amplificación, una plataforma de relación y mediación, pero no es lo real. Cuanto más consumo virtual de cultura, más necesidad de su presencia real. Lo vemos en los estudios de hábitos culturales, en los que la población con prácticas más intensas de cultura en vivo es también la que más uso hace de los medios y contenidos digitales.

En una investigación que realizamos hace ya cinco años, describíamos las diferencias entre el consumo virtual y en vivo de la siguiente manera: somos omnívoros digitales y sibaritas presenciales. El consumo en la red tiende a ser indiscriminado, compulsivo, por lo que la capacidad de búsqueda, selección y filtrado de los contenidos que interesan cobran cada vez más importancia. En paralelo, se da el fenómeno de la necesidad creciente también de experiencias intensas en directo, en vivo, que vienen a suponer el contrapunto a lo virtual. La cultura en directo nos aporta esa presencia real, singular, irreproductible, única.

No hay duda de que los medios digitales han favorecido el acceso a la cultura. También las políticas culturales de los últimos años han trabajado en esa línea. Si bien se han dedicado muchos esfuerzos a la universalización del acceso, no se ha trabajado suficientemente para capacitar a las personas. Así, la esfera de la cultura, como la de la educación o la sanidad, dos ámbitos de acceso universal a pesar de la crisis, puede seguir reproduciendo desigualdades. No vale con abrir la puerta, sino que hace falta invitar a entrar. Es necesario generar interés, curiosidad, fomentar el gusto por saber. Porque nos concierne a todos. Y en este marco queda mucho por hacer.

Aintzane Larrabeiti, Xavier FinaConsultores en ICC Consultors, empresa especializada en la investigación, análisis y asesoramiento al sector cultural

Categorized | Cultura, Dossier

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