Ekai. Sexismo, binarismo y heteronormatividad

 

(Galde 21 primavera/2018). Lala Mujika.
El pasado 15 de febrero Ekai, adolescente trans, se quitó la vida. El suceso, como a tantas personas, me ha conmocionado considerablemente y desde entonces no dejan de revolotearme por la cabeza una serie de reflexiones que quisiera compartir.

El suicidio no es explicable ni comprensible para quienes deseamos vivir, por eso es tan difícil contestar a una de las preguntas más recurrentes estos días, ¿por qué se ha suicidado Ekai?, la asociación Chrysallis juntando la tardanza de Cruces en dar hormonas a los adolescentes, la obsolescencia de la ley vasca de transexualidad y los fallos de un sistema educativo con el suicidio de Ekai, tampoco ayuda a comprender mejor por qué Ekai se ha suicidado. Un suicidio es muy complejo, y no es tan simple y matemático; puede que el tema hormonas haya influido en el suicidio, puede también que no, … Es seguro que la familia en su privacidad y el equipo de salud mental que asistía a Ekai tendrán más respuestas que puede no vayan solo por el tema de su transexualidad. ¿Qué es lo que ha llevado a Ekai a quitarse la vida? Es algo que Ekai no nos puede contar ya, y algo que su entorno familiar, devastado por el dolor, se preguntará durante décadas, incluso cuando la sociedad le hayamos olvidado.

Desearía, como ocurrió con el suicidio de Jokin y el bullying escolar, que el suicidio de Ekai sea un antes y un después y sirviera para reforzar o crear programas de detección y prevención para adolescentes con conductas suicidas donde se aborden las vulnerabilidades específicas por las que atraviesan. Se lo debemos a Ekai.

Hay muchos adolescentes que están esperando las ansiadas hormonas y no optan por el suicidio. Hay muchos adolescentes que están molestos por los procesos de su cuerpo, que no quieren tetas, reglas, eyaculaciones, barbas, etc. Y no se suicidan. La mayoría no se suicidan, incluso algunes 1, más de los que creemos, no están descontentes con su cuerpo y sus procesos.

La realidad que conozco y conocemos en ALDARTE con adolescentes trans es una realidad rica y compleja, una realidad llena de personas que quieren vivir a pesar de que muchas no se soporten del todo y no quieran ni mirarse en el espejo. Es una realidad de adolescentes que saben que van a conseguir aquello que quieren, a pesar de que el proceso para eso que quieren no va a ser tan rápido como quisieran. Son jóvenes y adolescentes que pasean y arrastran sus cuerpos por aquí y por allá, que los visten, maquillan y peinan a su gusto y que incluso llegan a pasarlo medianamente bien con otres adolescentes no necesariamente trans.

Yo juro que les veo reírse, disfrutar con cada logro que consiguen: “hoy lo he dicho en clase y me llaman como quiero”, “hoy se lo he dicho a mi madre y me ha dicho que me quiere”, “ayer hable con la tutora y me ha dicho que no hay problema, que qué quiero que haga”, etc. Por eso creo que me resisto a entrar en ese discurso de estos días que une las palabras adolescente, trans y suicidio como si fuera la cosa más natural y algo consustancial al hecho de ser adolescente y trans. Ese discurso que une suicidio a la falta de hormonas o bloqueadores hormonales. Ese discurso que une el inevitable odio por el cuerpo y la palabra trans. Ese discurso que une la idea de que “si eres trans y te desarrollas en la pubertad es el horror de los horrores y acabas con facilidad teniendo el deseo de matarte porque es muy tarde”.

Ekai, como muchas otras personas, es víctima directa de una ideología hegemónica en nuestra sociedad que une un cuerpo determinado a un género determinado. Y los une de manera esencial y biológica. Se nace mujer con cuerpo de mujer, se nace hombre con cuerpo de hombre. Y cualquier otra cosa es una anomalía por mucho que digamos que hay hombres con vagina y mujeres con pene. Ekai, como otras tantes adolescentes, ha aprendido a odiar su cuerpo porque no respondía a sus sentimientos de género. Y digo que ha aprendido a odiar su cuerpo, porque esto de odiar el cuerpo es un aprendizaje, ya que la única respuesta que espera una sociedad transbofoba es que odies tu cuerpo cuando supuestamente tu género va en la otra dirección 2. Es algo similar lo que les ocurre a muchas adolescentes que odian su cuerpo porque no responde a los cánones de belleza que maneja una sociedad machista y sexista.

A Ekai le gustaría un pene y no lo tiene. Tiene tetas y no las quiere, menos una regla cada mes. La única respuesta de Ekai, la que ha aprendido socialmente, es el rechazo de su cuerpo. La única respuesta de la sociedad al conflicto de Ekai y de otras personas en su situación son las hormonas y la operación, el cambio del cuerpo, que le permita quitarse las tetas, quitarse el útero y los ovarios, no producir estrógenos, no tener regla, y tener testosterona que le permita el crecimiento de la barba, una voz más grave, otra distribución de grasa, etc.

Yo con esto no tengo problemas, no me gustan ni las hormonas ni las operaciones, pero a pesar de eso acompaño a muchas trans en sus procesos de transición, y lo hago con gusto, no me cabe otra como profesional del ramo de la salud mental. Lo que me molesta, y mucho, es que sea la única respuesta que socialmente damos porque hemos naturalizado tanto el proceso de la transición en las personas transexuales que nos creemos que el deseo de hormonas y operación emana de forma natural de su interior, que estos deseos son consustanciales a su constitución trans y no tienen nada que ver con las necesidades de una sociedad heteronormativa y binaria hasta sus tuétanos.

Y todo esto que comento me duele especialmente en las personas adolescentes, porque solamente se les muestra un camino, la salida de las hormonas y las operaciones, existiendo, como las hay, otras salidas menos sanitarias y menos determinantes para sus vidas de personas adultas. Crhysallis pide de forma velada estos días que se suministren bloqueadores y hormonas antes del desarrollo de la pubertad en las personas que ellas llaman menores transexuales. Su argumento, el de siempre (reforzado por el suicidio de Ekai), es el gran sufrimiento que genera en estos menores el verse con un cuerpo que perciben como no suyo. Y como es así no hay vuelta de hoja, la medida a adoptar tiene que ser farmacológica porque no hay otra forma de abordar este sufrimiento.

Hemos aprendido a cuestionar la ideología machista y sexista, que impone sus cánones de belleza a las mujeres, adolescentes incluidas, adoptando otros criterios más diversos de cuerpos y bellezas. Se les enseña a niñas, adolescentes y jóvenes que tienen que aprender a amar y cuidar su cuerpo y que este es bonito de la forma que sea. Yo no sé por qué no se aborda de la misma forma a niñes, adolescentes y jóvenes trans y sus conflictos y complejos con sus cuerpos. Nos parecería una locura reclamar operaciones de estética para que menores chicas adaptasen su cuerpo a cánones de belleza de una sociedad sexista y machista, pero no nos lo parece que se reclamen bloqueadores y hormonas para menores trans para adaptarles a las exigencias de una sociedad binaria y heteronormativa. En las primeras ¿es solo ideología sexista y sus exigencias? En el tema de menores trans ¿es solo la naturaleza y sus exigencias?

El debate de los bloqueadores y hormonas para menores trans se tiene que dar (y posiblemente dárselos a algunes) pero a mí me gustaría que este debate no estuviera solo guiado por criterios naturalizadores y sanitarios, ya que forma parte de un contexto social más amplio y de cómo entendemos y organizamos de forma colectiva los géneros que habitamos. Es hora de creernos de verdad que hay hombres con vagina y mujeres con pene. Y empezar a pensar como esto sería una realidad más allá de hormonas y operaciones.

Lala Mujika
ALDARTE (Centro de atención LGTBI)

Notes:

  1. A lo largo de este artículos, utilizamos la finalización de “es” para referirnos al género no binario.
  2. Un discurso que promueven y han promovido estos últimos años, de forma incesante, los medios de comunicación y las redes sociales.

Categorized | Miradas, Política

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