Después de Can Vies y La Traba, la okupación

Irene Moreno Bibiloni. (Galde 07, uda-verano/2014). A finales del mes de mayo se produjeron distintos altercados relacionados con el desalojo del C.S.O (Centro Social Okupado) Can Vies en el barrio de Sants (Barcelona). La resistencia de sus usuarios frente al desalojo, así como el apoyo de los vecinos del barrio, me llevaron a reflexionar sobre la imagen que, en general, se tiene de los okupas. No pocas veces he escuchado términos como perroflautas, sucios y demás barbaridades desde el prejuicio, fomentado en ocasiones por los medios de comunicación.

ACTIVISTAS INCÍAN TRABAJOS DE RECONSTRUCIÓN

En agosto las escenas se han repetido de nuevo en Madrid, donde se ha desalojado, y derribado por sorpresa, el C.S.O La Traba, a petición de la constructora propietaria de las naves abandonadas. Los vecinos habían conseguido en el mes de julio parar el desalojo gracias a la movilización vecinal, pero de nuevo el ayuntamiento ha ordenado su derribo custodiado por un fuerte cordón policial. Poca gente se pregunta qué interés puede tener un grupo de amigos, gente joven en general, en dedicar su tiempo libre a reconstruir un edificio que no es suyo (aquí entra en juego el quid de la cuestión: el concepto de propiedad privada), y del que lo más probable es que les echen. Okupar no es un pasatiempo, aunque lo pueda ser para algunos, se trata de una lucha por un modelo de propiedad y colectividad infrecuente en nuestra sociedad. Podríamos decir que se trata de un camino hacia una utopía, y en ese camino pueden darse elementos que repercutan positivamente en la vida diaria del barrio. Esto parece haberse dado en Can Vies, de ahí la respuesta de apoyo, o en La Traba. En otros casos el apoyo no se consigue, o no es suficiente.

Un caso más curioso se ha producido con las manifestaciones promovidas por distintos C.S.O a finales de agosto contra un edificio ocupado en el barrio madrileño de Tetúan. Lo que pudiera parecer incongruente no lo es, cuando se trata de una manifestación contra un centro que según sus usuarios se dedica a “dar cobijo a españoles necesitados”. Este C.S.O denominado Hogar Social Ramiro Ledesma y ocupado por miembros del partido ultraderechista MSR pierde su sentido social, intrínseco al movimiento okupa, al limitar su uso a españoles y fomentar actitudes racistas. Por ello no sólo otros colectivos okupas se han manifestado en contra, sino los propios vecinos de Tetúan han salido a la calle bajo el lema “Fuera racistas de nuestro barrio, Tetúan obrero y multicultural”.

El movimiento social que surge en torno a la ocupación de viviendas privadas y edificios estatales en España nace a partir de los ’80, y se desarrolla en dos modalidades, la ocupación de viviendas para uso personal o familiar; y la ocupación de edificios para un uso social y vecinal. La primera se había desarrollado principalmente de forma particular o familiar por gente que entraba a vivir en una vivienda que no era de su propiedad (coloquialmente “dar la patada”) por falta de vivienda, recursos económicos o también por problemas de inclusión social. Este fenómeno también ha dado un vuelco tras la crisis, dando lugar a grupos organizados de familias desahuciadas que juntos han decidido ocupar edificios enteros para tener un lugar donde vivir y resistir de forma comunitaria. Es el caso de la “Corrala La Utopía” en Sevilla, ocupada por iniciativa de distintas mujeres sin recursos, generalmente con hijos a su cargo. En este caso se liga el uso social de un edificio, con el del derecho al techo reconocido en la Constitución. Por ello en su web las usuarias de La Corrala apelan al artículo 47, y afirman no querer convertirse en propietarias del inmueble, sino tener un techo en el que dormir 1

La segunda modalidad es la que afecta a los C.S.O.A. (Centro Social Okupado Autogestionado) como Can Vies y La Traba. Es aquella en la que a pesar de los riesgos que conlleva para el okupa, no supone ningún beneficio de tipo material para el mismo sino que se busca un bien social. La esencia de la okupación se encuentra en el deseo de rescatar del olvido un elemento del espacio urbano, que en general se encuentra abandonado desde hace años, y que se aparece como un elemento muerto en la vida del barrio o la ciudad. La okupación pretende una recuperación de este espacio para darle un uso social y comunitario, en una sociedad que se vuelve cada vez más individualista, con lo que entra en contradicción con la cultura dominante impuesta, y por ello se entiende y observa como un “movimiento contracultural”. Es por su compromiso contra el individualismo (que es más extremo en las grandes urbes), que los C.S.O.A. han proliferado en general, de forma más recurrente, en las ciudades, y por el contrario no son comunes en pueblos o pequeñas ciudades. Se trata a su vez de una lucha contra la propiedad privada, frente al uso público, pero contra la propiedad privada en tanto que espacio de especulación, en el que prima el beneficio económico frente al beneficio de la comunidad.

Frente a la poca o baja aceptación de los C.S.O en el conjunto del Estado Español, en Euskadi la cultura de la okupación está generalmente mejor aceptada, y varios de estos centros, llamados aquí gaztetxes cuentan con más de 20 años y se sitúan en lugares privilegiados de la ciudad, como es el caso del gaztetxe de Vitoria en pleno casco medieval. Pese a las dificultades que éste se ha encontrado en sus 25 años, también han contado con el apoyo del barrio que ha secundado iniciativas como el gaztetxe eguna para demostrar su respaldo a los jóvenes vitorianos. En Bilbao el desalojo de la histórica Kukutza en 2011 también generó un fuerte rechazo social en el barrio de Rekalde, tras 13 años en la fábrica de maquinaria Cerezo. Es frecuente en el País Vasco, a diferencia de otras comunidades, encontrar C.S.O en los pueblos, quizás ligado a los modelos cooperativistas que también predominan en esta zona con respecto a otros lugares de España, o a los propios modelos de socialización ligados a la cuadrilla que se reúne generalmente en las denominadas bajeras.

Sí existen en cambio, en otros lugares de España, pueblos enteros ocupados, que van más allá del hecho de dar un uso social a un espacio privado. Se trata de proyectos comunitarios en los que se busca alejarse de las grandes urbes para poder volver a la esencia de vivir de forma comunitaria y en contacto con la naturaleza, alejados de los problemas como el individualismo, el consumismo, el estrés, etc.. Algunos ejemplos son Aineto, en Huesca, o Lakabe en Navarra.

Pero, ¿cómo se transforma la propiedad privada en un espacio público y social? Transformando el propio uso del edificio y otorgándole una función de sociabilidad para todos aquellos que lo deseen, especialmente para aquellos colectivos o personas que no encuentran ese mismo espacio a través de los mecanismos estatales, especialmente colectivos minoritarios. Precisamente en Can Vies, al igual que en otros C.S.O del país, se realizaban actividades de distinto tipo, y tenían su sede colectivos como La Trama feminista, y otros. Por ello los autodenominados C.S.O, como el de Ramiro Ledesma en Tetúan, no tienen sentido dentro del movimiento okupa.

Desde los años ’80, los a veces poco comprendidos y apoyados okupas, han conseguido transformar y redefinir el uso de edificios, incluso pueblos, en distintos lugares de España, y han conseguido darle un uso social de forma real y cercana. Ha sido el éxito de esta transformación, que en otras ocasiones no se consigue, una transformación que de verdad ha sido útil para colectivos y personas que se veían marginadas, lo que ha hecho que veamos en estos últimos años un importante apoyo a los C.S.O, por parte de asociaciones de vecinos y también de asambleas de barrio. Recientemente imágenes de plazas como Sol, con la que los medios nos bombardearon durante el 15-M, han ayudado a que muchos ciudadanos ajenos a formas de hacer propias del movimiento okupa, como la autogestión y el asamblearismo, puedan ver cómo los ciudadanos somos capaces de organizarnos, debatir y limar diferencias por un interés común.

Categorized | Política, Sociedad

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