Configuración y crisis del mito del trabajo

(Galde 18, primavera/2017). José Manuel Naredo.

Hace justo veinte años que publiqué en Donostia un texto con el mismo título que retomo ahora para abrir esta reflexión. Fue como consecuencia de mi participación en unas jornadas sobre los “Retos y transformaciones de la sociedad del trabajo”, promovidas por el sindicato ESK-CUIS y plasmadas en un libro colectivo1 al que aporté el texto mencionado.

Las perspectivas que ofrece la encrucijada actual -decía entonces (p. 72)- han de oscilar entre los dos extremos siguientes. El de una situación en la que se sigan dando nuevas vueltas de tuerca al aumento conjunto del paro y el trabajo compulsivo, de la competitividad, la insolidaridad y la segmentación social. Situación consustancial a una sociedad que permanecería prisionera de la mitología del trabajo y de las ideas que la envuelven, siendo incapaz de reaccionar para poner coto a la precarización de las condiciones laborales, y de un movimiento sindical limitado a discutir las retribuciones de los asalariados y a pedir las peras del pleno empleo asalariado al olmo de la presente sociedad capitalista. O bien, el de una situación en la que se practique una reducción consciente del dominio de la actividad mercantil orientada por la exclusiva brújula del lucro y del trabajo dependiente, en favor de actividades (útiles e incluso placenteras) más libres, creativas y cooperativas. A la vez que se reorganice el propio campo del trabajo asalariado, a fin de evitar la actual dicotomía entre el paro y el trabajo compulsivo y de corregir la acusada asimetría que hoy se observa entre la retribución y la penosidad del trabajo [formalizada por la Regla del Notario a la que luego me referiré]. Todo ello unido a la necesidad de revisar críticamente la propia noción de “tiempo libre”, para defenderla de las servidumbres del “trabajo sombra” [shadow work: término inventado por Iván Illich para referirse a las servidumbres (de transporte, gestiones, etc.) que recaen cada vez más sobre las personas durante su “tiempo libre”]. Situación que sería consustancial con una sociedad que escape a la fe beata en un progreso apoyado en la metáfora encubridora de la producción, con todas sus derivaciones, y con un movimiento sindical que sepa ver más allá de la noción de trabajo, para abrir su reflexión y su reivindicación en los sentidos antes mencionados”.

¿Cómo ha evolucionado la situación? Se han producido tendencias que operan en las dos direcciones indicadas, con el predominio de la primera. Pues en el terreno de la contratación laboral han cambiado las cosas a peor, al irse recortando los derechos de los trabajadores y al proliferar el “trabajo precario” o al sustituir empleo asalariado por “trabajadores autónomos” e incentivar el paso a la clandestinidad de muchos de ellos hipotecando sus pensiones, a la vez quehay directivos con retribuciones y retiros millonarios. Dada la limitación del espacio con que cuento no voy a desarrollar estos temas, para detenerme más en aquellos que apuntan hacia el segundo de los horizontes enunciados.

Al calor de la crisis han renacido preocupaciones y publicaciones2 orientadas a priorizar lo público frente a lo privado, la cooperación y la solidaridad frente al enfrentamiento competitivo, la “buena vida” austera frente a la acumulación pecuniaria y consumista,…a la vez que se reeditan obras descatalogadas de autores críticos de la actual civilización y de la sociedad de consumo hasta hace poco olvidados, como Ivan Illich,…o Lewis Mumford, y se aprecian también con más interés los trabajos de personas que habíamos mantenido la llama crítica en épocas de bonanza conformista.También cabe percibir que la crisis ha incentivado formas de organización y de actividad que transcienden las canónicas relaciones capitalistas. Como también quehan emergido ideas y publicaciones que apuntan, por una parte, a exigir que se revitalice el llamado “estado de bienestar” víctima de los recortes, y, por otra, a idear y construir por la ciudadanía redes que promuevan la solidaridad y la actividad al margen del Estado. En el primer sentido encaja, por ejemplo, la propuesta de implantar la “renta básica ciudadana”, recogida en el libro titulado con ese mismo nombre3. En el segundo encaja un amplio abanico de literatura y de experiencias. Por ejemplo, el libro de Holloway (2011) Agrietar el capitalismo, cuyo subtítulo reza El hacer contra el trabajo4. O también el de Gisbert (2010) Vivir sin empleo. Trueque, bancos de tiempo, monedas sociales y otras alternativas5, en el que se da cuenta de experiencias en actividades, redes e instrumentos de conexión e intercambio alternativos al statu quo capitalista. Estas experiencias tratan de canalizar la actividad y suplir las necesidades de la gente ideando instrumentos que permitan utilizar el tiempo, la cualificación, la creatividad y la relación de tantas personas que el empresariado reinante ha ninguneado y dejado sin empleo.

Ambas corrientes responden al gran problema del momento, a saber: que cuando se generalizó más que nunca la necesidad de dinero para vivir y cuando el trabajo asalariado aparece como la única fuente de ingresos para la mayoría de las personas, el sistema limita cada vez más las posibilidades de empleo asalariado. Lo cual refuerza la posición negociadora de las empresas y la precarización de las condiciones de trabajo. Con el agravante de que esto ocurre cuando el empobrecimiento del tejido social es tan acusado que dificulta las posibles salidas solidarias o cooperativas a esta situación de emergencia. Y cuando se han ido reduciendo las posibilidades de la gente para hacer cosas útiles y resolver sus propios problemas, como denuncia Illich en su libro El derecho al desempleo útil6. Hoy sorprende que alguien, sin estar movido por el mero afán de lucro, trate de hacer o producir algo útil y nos damos cuenta de que la sociedad no ofrece un marco propicio para ello. Invertir esta situación exige utilizar los recursos públicos para ayudar a las personas a valerse por sí mismas mediante formas de actividad (individuales, familiares, cooperativas o en red) que escapen a la lógica empresarial capitalista, desenganchándose lo más posible de ese trabajo asalariado que el propio capitalismo les escatima.

Subrayemos una paradoja digna de mención. Mientras la contratación laboral se ha derrumbado junto a las cotizaciones, que no llegan a sufragar los gastos de la seguridad social, y nuestro país alcanza récords en tasas de paro y recorta retribuciones y derechos de los trabajadores dependientes, el marco ideológico, institucional y estadístico que orienta oficialmente el modo de percibir y aceptar todo lo tocante al trabajo permanece anclado en el pasado. Pero además las corrientes críticas mencionadas tampoco enarbolan con la unanimidad y el vigor que sería deseable críticas que atenten contra la ideología económica dominante que sigue gozando, así, de buena salud. Ello se debe a que parte deesas corrientes siguen siendo tributarias de la mitología de la producción (de mercancías) y el trabajo (fabril) en un contexto en el que pierden peso a marchas agigantadas. Este aparato conceptual no permite apreciar que el grueso de la “creación de valor” que realizan las principales empresas tiene más que ver con la emisión de activos financieros y la compraventa de bienes patrimoniales, que con el trabajo destinado a la producción de mercancías y que incluso el beneficio de las empresas asociado a esa producción se ha ido desvinculando del trabajo por varias razones. Por una parte está la creciente automatización de los procesos que, no sólo ahorra trabajo, sino que cambia la naturaleza del mismo y la función de los trabajadores: convierte a los antiguos obreros de las fábricas en meros vigilantes de máquinas mantenidas y reparadas por especialistas, que suelen depender de otras empresas que venden esos servicios. A este fraccionamiento se añade el ocasionado por la deslocalización de los procesos desde las antiguas metrópolis industriales hacia el resto del mundo, recurriendo luego a la logística para unir las piezas a ensamblar y distribuir los productos a embalar y vender. Con lo que las empresas transnacionales han organizado la mismísima creación de valor derivada de la producción y venta de mercancías en redes que alcanzan dimensiones planetarias y que se sirven además de los paraísos fiscales para domiciliar empresas, camuflar ingresos y evitar impuestos. Este nuevo contexto hace imposible calcular la contribución de los distintos trabajadores, ya sean obreros, empleados o directivos, en la “creación” de valor de los conglomerados empresariales. Contexto en el que las actividades de gestión comercialización y venta se llevan la parte la parte del león del “valor añadido” siguiendo la que hemos denominado Regla del Notario7,como refleja el creciente peso de los servicios en el PIB de los países ricos8.

¿Sirven las ideas usuales de producción, trabajo y empleo, constitutivas de la noción usual de sistema económico, para diagnosticar bien el presente y para vislumbrar alternativas de futuro en este nuevo contexto? No, para ello hay que relativizar y trascender esos conceptos sobre los que descansa la ideología económica dominante, que sirve de apologética del statu quo y oculta posibles alternativas. El problema estriba en que hoy se sigue aceptando con generalidad la noción usual de trabajo, junto con aquellas de producción, de crecimiento y de sistema económico, como sise tratara de realidades objetivas y universales, cuando son creaciones de la mente humana orientadas a delimitar y subrayar ciertos aspectos de la realidad y a soslayar otros, a valorar ciertos comportamientos y a despreciar otros. Este breve texto difícilmente podrá subvertir modos de pensar tan asentados; sirva al menos para sembrar algunas dudas sobre la pertinencia de estas categorías y reenviar a algunas de mis publicaciones en las que toco estos temas. En el capítulo de Raíces económicas del deterioro ecológico y social9 destinado a La mitología de la producción y del trabajo, argumento que la noción actual de trabajo no es una categoría antropológica, ni menos aún un invariante de la naturaleza humana, sino que se trata de una categoría histórica. Pues la idea actual de trabajo, como categoría homogénea que engloba y mide en unidades de tiempo y de dinero un conjunto de actividades a las que se atribuye alguna producción, se afianzó allá por el siglo XVIII, junto con el arsenal de conceptos que dieron vida a la noción usual de sistema económico. Si estos conceptos antes no existían, tampoco tienen por qué seguir monopolizando la reflexión en el futuro. Como expuse largo y tendido en La economía en evolución10 antes no existía una noción unificada de riqueza, ni de producción, ni de trabajo, siendo la idea usual de sistema económico la que marca las fronteras de estos conceptos que si no se quedan desdibujados. La Contabilidad Nacional o la Encuesta de Población Activa, marcan con claridad los límites de estos conceptos. El aire que respiramos ni se produce ni se consume ni, por supuesto, respirar es trabajo. Como tampoco lo es escribir este artículo, correr, conducir, mover o clasificar objetos, dar patadas a un balón, bricolar, cocinar, limpiar, cuidar personas, animales o plantas o cualesquiera otras actividades, a no ser que exista una contrapartida monetaria o monetizable. Sólo si esta contrapartida existe las actividades pasan a convertirse en trabajos que producen “bienes y servicios”.

Al igual que la noción de producción deja un “medio ambiente” físico inestudiado, la noción de trabajo deja un medio ambiente social inestudiado. Mi propuesta es relativizar y abrir las nociones de producción y de trabajo, para analizar las cosas heterogéneas que incluyen y también las que excluyen, adoptando para ello otros enfoques capaces de abarcarlas. He venido proponiendo como marco general de análisis el tiempo que dedican las personas a las distintas actividades a lo largo de las veinticuatro horas del día, para clasificarlo atendiendo a varios criterios. Uno de ellos puntuaría el carácter más o menos gratificante o penoso de las actividades realizadas, otro su carácter más o menos libre o dependiente, otro atendería a su finalidad o utilidad social… y otro a que estén más o menos remuneradas (siendo este último el que delimita el conjunto de actividades que responde a lo que normalmente se llama trabajo). El cruce de estas variables permitiría separar el grano de la paja, visibilizando tareas que, aun siendo imprescindibles para el mantenimiento de la vida y la sociedad, no se consideran trabajo, así como otras parasitarias o socialmente degradantes que sí se consideran. También se vería que el “tiempo libre” está plagado de servidumbres que las empresas, administraciones o familias han venido cargando sobre determinadas personas, dando lugar a eso que Illich llamó “trabajo sombra” o que está sometido por los media y la sociedad de consumo. Esta sería la manera de visibilizar los aspectos y dimensiones que ocultan los enfoques económicos dominantes de la producción y del trabajo. En resumidas cuentas, que para pensar una sociedad verdaderamente alternativa o corregir la actual, el pensamiento tiene que escapar del corsé de la ideología económica dominante.


1VVAA (1997) ¿Qué crisis? Retos y transformaciones de la sociedad del trabajo, Donostia, Tercera Prensa-Hirugarren Prentsa SL, Gakoa Liburuak

2Véase, por ejemplo, Felber, C. (2012) La economía del bien común, Barcelona, Eds. Deusto; Holloway, J. (2011) Agrietar el capitalismo, Barcelona, El Viejo topo; Skidelsky, R. y E. (2012) ¿Cuánto es suficiente?. Qué se necesita para la” buena vida”, Barcelona, Crítica.

3 VVAA (2013) La renta básica ciudadana SP, Sin Permiso, accesible en: http://ppccs.org/RBUSP.pdf

4Holloway, J. (2011) Agrietar el capitalismo. El hacer contra el trabajo, Buenos Aires y Barcelona, Eds. Herramienta y El viejo topo.Este libro completa el anterior y más conocido del autor, titulado Cambiar el mundo sin tomar el poder (2002), editado también por El viejo topo, cuyo mensaje es “dejemos de hacer el capitalismo”, apuntando la posibilidad de articular formas de actividad y de organización, unidas a metas individuales, que escapen a la lógica de aquel.

5 Gisbert Quero, J. (2010) Vivir sin empleo. Trueque, bancos de tiempo, monedas sociales y otras alternativas, Barcelona, Los libros del lince, Col. El rojo y el negro. En la misma línea va el bloque de experiencias recogidas en el Ecologista (nº. 75, invierno 2012-2013) con el título Alternativas en tiempos difíciles.

6 Véase mi prólogo a la reciente edición en castellano: Illich, I. (2014) El derecho al desempleo útil, Madrid, Díaz &Pons.

7Para más detalle de las mutaciones descritas, la noción de trabajo y la Regla del Notario véase Naredo, J.M. (2017) Diálogos sobre el oikos. Entre las ruinas de la economía y la política, Madrid, Clave Intelectual, así como mis libros referenciados en las notas 9 y 10.

8En España los servicios han llegado a explicar el 70 % del PIB y en EEUU más del 80 %.

9Naredo, J.M., Raíces económicas del deterioro ecológico y social, Siglo XXI, Madrid, 2a ed. actualizada 2015.

10Naredo, J.M.,La economía en evolución. Historia y perspectivas de las categorías básicas del pensamiento económico, Siglo XXI, Madrid, 4ª ed. actualizada 2015.

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