Astigarraga. Vivir bajo el puente. Balta Txuria, Balta Berdea. El rumor del Urumea

(Galde 04, otoño 2013). Ante un plan tan polémico como novedoso, SOS Racismo ha producido el documental Balta Txuria, Balta Berdea. El rumor del Urumea, para dar cuenta de él con el doble objetivo de sensibilizar a la opinión pública en general e interpelar a las instituciones concernidas, para que les sirva de propuesta concreta a la hora de trabajar en positivo sobre una cuestión muy concreta que incide en toda la sociedad.

En Astigarraga, una población de alrededor de 5.000 personas, el panorama en materia de inserción y de integración ha sufrido una considerable transformación en positivo en el último año y medio. Con un asentamiento de alrededor de 150 personas en situación de exclusión y marginalidad, las instituciones han decidido intervenir y poner en marcha un plan de inserción con ellas. Se trata del asentamiento de personas de etnia gitana venidas de Europa del Este, concretamente der Rumanía y que llevan en la ribera del Urumea ‘unos ocho años’ según Mikel Goenaga, párroco de la localidad que conoce muy bien a la mayoría de los moradores, sus idas y venidas, origen, situación familiar y otras cuestiones que ha ido registrando durante este tiempo y que ha permitido tener un panorama bastante completo a la hora de saber con cuántas personas y familias se trabajaría al poner en marcha el plan.

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Una comunidad triplemente estigmatizada y que sufre la discriminación y xenofobia de la sociedad mayoritaria  a raíz de: Por un lado, su identidad gitana con formas de construcción social que la sociedad mayoritaria percibe como marginal y  como un problema para la integración.  Por otro, ser extranjeros indeseados: estigmatizados por sus orígenes, con dificultades idiomáticas, usos y costumbres que difieren fuertemente de la cultura mayoritaria y sus problemas legales al ser ciudadanos comunitarios regulados por una ley de extranjería restrictiva. Además, una situación de pobreza: Como resultado de un proceso histórico de marginalización en su país de origen  y con estrategias de supervivencia distintas, como  es la recolección y trabajo con chatarra y  el aprovechamiento del reciclaje. A esto ha de añadirse su situación de analfabetismo.

En 2012, el ayuntamiento de Astigarraga reconoce el asentamiento como núcleo de población y empadrona a sus habitantes. Nace así el proyecto de inserción en   Balta* Txuria y Balta Berdea (*laguna en rumano), los dos barrios que componen el asentamiento en terrenos de Astigarraga y colindantes con Hernani. Físicamente, se trata de una gran explanada en las afueras del pueblo debajo del puente de la autovía y delimitado por el Urumea y la carretera que une Astigarraga con Hernani.

Un año antes el Ararteko emitía una recomendación interpelando a las instituciones para implementar políticas públicas con soluciones para los asentamientos. Recogía las quejas ‘promovidas principalmente por agentes sociales preocupados por las condiciones inadecuadas en las que vivían estas personas con sus familias y porque no tenían atención social’.

Desde ahí, la Viceconsejería de Asuntos Sociales del Gobierno Vasco recoge la llamada y ‘nos planteamos hacer una intervención’ cuenta Alfonso Gurpegui, entonces viceconsejero. Se realiza un diagnóstico para tener una fotografía ajustada de la situación y convoca a las instituciones concernidas de las localidades donde hay asentamientos. Únicamente asisten representantes del ayuntamiento de Astigarraga y Diputación Foral de Gipuzkoa. Según Andoni Gartzia, alcalde la localidad, tres eran las opciones. ‘Podíamos desalojar a estas personas como anteriormente ha hecho este ayuntamiento, podíamos ignorarlos o podíamos optar por buscar otra salida. Cuando nos llegó la propuesta del Gobierno Vasco aceptamos de inmediato puesto que teníamos bastante claro por dónde ir’.

Se pone así en marcha la intervención que irá de 2012 a 2017. En palabras de Jon Lasa, Director General De Protección a la Infancia E Inserción Social en ese momento, ‘el objetivo es que en 2017 no exista el asentamiento pero porque las personas que viven en él han podido salir de esa situación y han logrado una vivienda, un trabajo etc.. Para nosotros son unos guipuzcoanos más, sólo que viven en peores situaciones que el resto’.

La clave de esta intervención es el empadronamiento. Agustín Unzurrunzaga de SOS Racismo destaca la importancia fundamental de esta medida. ‘El empadronamiento es básico para poder acceder a una serie de derechos fundamentales. Y la legislación española y su    normativa del 97 declara que el empadronamiento es en definitiva reconocer que una persona vive en un lugar aunque sea una chabola, la calle o una furgoneta. Y lo menciona explícitamente. Otra cosa es cómo aplican los ayuntamientos esta normativa’.

La asociación encargada de ejecutar la intervención es Romi Bidean. Karen Gabino, educadora social de la misma explica que ‘el ayuntamiento concede el padrón y acepta en el programa a las personas que viven aquí siempre que ellas se comprometan a cumplir un reglamento que recoge unas normas básicas de convivencia. Si hay incumplimiento, existe un régimen sancionador’. Éste recoge una serie de medidas cuya sanción máxima es ‘el desalojo y derribo de la chabola en casos de incumplimiento grave’. Otro punto fundamental, junto con la obligatoriedad de escolarizar a los menores, es que no puede aumentar el censo. En mayo de 2012 se censó a quienes vivían y en el caso de las personas con niños ‘se les dio un plazo para reagruparlos. Pero había que poner un límite. Astigarraga es un pueblo pequeño y tenemos recursos limitados’ dice Gartzia.

Los habitantes del asentamiento han pasado a formar parte del programa y si bien algunas familias han sido desalojadas, la mayoría sigue en él. Maripiana Bartus, vecina de Balta Berdea afirma que para ella con este plan su vida ha mejorado. ‘Ya no vivo con miedo de que te echen. ¿Que me falta comida? ¡No pasa nada! Tengo tranquilidad. Ahora, con un trabajo, sería mucho mejor’. Esta mujer de apenas 40 años cuenta que en Rumanía vivía en una casa como la mayoría de la población. ‘Si a alguien le gusta vivir así, es su problema. A mí no me gusta. Yo quiero una vida normal’. En palabras de Karen Gabino de Romi Bidesan, ‘se trata de trabajar con cada familia y dentro de ella con cada persona, a fin de que sea más fácil que cada familia pueda salir del asentamiento, cada una en su momento. Por eso decimos que se hará una salida escalonada’.

Sobre las ideas preconcebidas y muy extendidas entre la población mayoritaria sobre las costumbres ligadas al carácter nómada de la población gitana Agustín Unzurrunzaga es categórico. ‘Las personas que vienen en este momento del Este son como cualquier otro inmigrante. No existe nomadismo en esa emigración. Tampoco es cierto que les guste vivir en estas condiciones. Lo que ocurre es que arrastran una situación de marginalidad que ya tienen en su país. Eso es una gran falacia. Y para salir de esa situación se necesita implementar planes de inserción, como cualquier colectivo marginalizado’. Viorel Aleman, de Balta Txuria lo deja claro. ‘Si hubiéramos tenido una buena vida en Rumanía no hubiéramos venido a vivir debajo del puente’.

Los rumores sobre la inmigración son numerosos en todas las capas sociales y lugares. En Astigarraga en este momento, el asentamiento es trending topic. Desde que se les dan ayudas especiales a que se les han concedido pisos de protección oficial. Maite Olaziregi, teniente alcalde de la localidad y maestra de la ikastola es rotunda. ‘No se les ha dado nada especial ni se les dará, como no se le da a nadie. Todos esos rumores que circulan son mentira’.  Algunos vecinos y vecinas muestran actitudes  ambivalentes. Desde la afirmación rotunda de que ‘a estas personas como al resto de inmigrantes se les dan ayudas a las que no accede el resto de la población autóctona’ hasta la reflexión de que sin saber muy bien cuál es la solución, no parece justo desalojarlos ‘porque también son personas’ según una vecina de la localidad. Queda la sensación de que si se hace un trabajo intensivo de información y pedagogía, parte de la opinión pública de la localidad podría variar su mirada hacia claves más positivas.

Mientras, la vida en Balta Txuria y Balta Berdea sigue un curso en espera a ver los resultados de una decisión que según Unzurrunzaga ‘no sabemos lo que dará, pero me parece que enfocar las cosas desde un punto de vista positivo es el camino. El resto de prácticas ya sabemos lo que da, aquí, en el estado y el resto de Europa’.

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‘Podíamos desalojar a estas personas como anteriormente ha hecho este ayuntamiento, podíamos ignorarlos o podíamos optar por buscar otra salida. Cuando nos llegó la propuesta del Gobierno Vasco aceptamos de inmediato puesto que teníamos bastante claro por dónde ir’. Andoni Gartzia. Alcalde

‘Si hubiéramos tenido una buena vida en Rumanía no hubiéramos venido a vivir debajo del puente’. Viorel Aleman. Balta Txuria

‘El empadronamiento es básico para poder acceder a una serie de derechos fundamentales’. Agustín Unzurrunzaga

Categorized | Derechos Humanos, Sociedad

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